Viernes #6
Está agotado, se lo noto. Ha tenido que absorber todas las emociones porque no estoy allí para hacerlo.
Si bien nos vamos cambiando para ayudar a Jack con su malestar, cuando nos metemos en la cama soy yo la que se queda con toda la preocupación.
Al principio, era algo que me cabreaba muchísimo, que no quisiera hablarlo una vez que Jack se iba a dormir, que no quisiera escuchar o intentar calmar mi ansiedad.
Al final, terminó explicándome que no podía con mis miedos por la noche, que lo aterraban y que lo único que necesitaba era dejar la mente en blanco y dormir.
Ahora noto que hace todo lo que puede por no volcármelo todo encima.
—¿Cómo está Yash?
Tenía pensado contárselo todo, desde el miedo que he sentido en el vestíbulo hasta que el médico me ha confundido con su mujer, pasando por el haberle cantado para ayudarlo a dormir.
¿Era porque quería compartir la experiencia con él o porque quería distanciarme del día al relatarlo como una historia?
En cualquier caso, estoy demasiado cansada como para saber por qué o para decir mucha cosa.
—Se ha puesto inquieto por la noche. Le ha entrado la ansiedad y le costaba respirar.
— Qué horrible.
—Pues sí, por eso he cambiado mi vuelo, para estar con él unas horas por la mañana.
Suelta un largo suspiro. Noto la distancia que me separa de lo mal que se pasa una de las malas noches de Jack.
—Todo irá bien, amor. Cuéntame cómo le ha ido a Harry.
—Se ha ido a dormir temprano. Mañana tiene su examen de Biología. Creo que ha pasado algo con Briar, pero vas a tener que sonsacárselo tú.
—¿Algo bueno?
—Eso creo.
—¿Qué te hace pensarlo?
—Estaba en el móvil con esa sonrisita que tiene a veces.
Sé a qué se refiere y es algo que me pone contenta. Lleva coladito por Briar desde hace mucho.
—Y se fue al puente a pescar con Murphy un rato. Para probar esa caña que encontraron. Vaya, cuántas sirenas se oyen.
—Estoy en el hotel más cercano al hospital.
—¿Vas a poder dormir?
—No sé yo.
—Pero has hecho bien al ir.
—Es mal momento.
—Nunca iba a ser un buen momento.
—Ya, supongo que tienes razón.
— Te echo de menos . —Lo oigo darle palmaditas a mi lado de la cama.
—Y yo —le digo—. Ha habido un momento hoy en el que me preguntó si iba a saberlo todo una vez que estuviera muerto y me he quedado helada, así de pies a cabeza, como si tuviera que contárselo.
— Es que deberías —me dice en esa voz que tiene algo cortante, su voz de profesor que tanto me fastidia.
—Silas.
—Siempre has dicho que ibas a decírselo.
—No, eso lo decías tú —repongo—. No sé por qué te importa tanto. Te lo conté a ti, eso es lo importante.
Se queda en silencio. Le hizo daño saber cuánto tiempo me lo había guardado; fue una época dura para nuestro matrimonio.
Se lo conté porque me quedé embarazada de Harry y, aunque había mentido con el papeleo, la comadrona me echó un solo vistazo y lo supo.
Así que se me hizo raro que ella lo supiera y Silas no.
— Me importa porque te importa a ti —dice él, tras un rato—. Sé que es así. El impulso apremia.
—Apremia y luego vuelve a calmarse.
—¿No quieres olvidarlo ya?
—Es que ya es demasiado tarde, perdí mi oportunidad. Solo haré que se enfade y se sienta dolido, no tendrá suficiente tiempo para procesarlo.
— Eso no lo sabes.
—Creo que podría hasta matarlo.
—Qué va a matarlo.
—Y luego todos se pondrán en plan «ay, esa buscona de Maine que ha venido solo para matar a nuestro Yashie», y me meterán presa en alguna cárcel de Atlanta durante el resto de mis días. —He empezado a poner acento sureño. Y este me sale de maravilla, todo sea dicho.
Se ríe, pero sé que no le hace gracia.
—Te ha tocado esta oportunidad y no tendrás otra. Hazlo por ti. Ya lo has protegido demasiado tiempo.
—Qué cosa más rara. Justo he pensado eso hoy, hace un rato. Que lo protegí. ¿Por qué lo hice?
—Porque lo querías.
—No le tenía mucho aprecio en ese momento. Estaba cabreada. Pero mucho. Quería castigarlo, a él que siempre lo sabía todo.
—Te va a echar a perder la despedida. Deberías decírselo.
Oigo lo cansado que está. Siento el impulso de empezar una discusión de verdad, una de esas eternas, sobre los hombres y su ignorancia sobre todo lo que vivimos las mujeres y cómo tenemos que lidiar con tantas cosas sobre las que ellos no tienen ni idea, pero que de algún modo se las arreglan para hacernos sentir en deuda.
Sin embargo, es probable que solo pueda dormir unas pocas horas si Jack tiene una mala noche, y Silas es la excepción a la regla, así que lo dejo estar.
Nos deseamos buenas noches y corto la llamada.
En cuanto dejo de oír su voz me entra esa sensación que siempre siento cuando estoy lejos de mi familia, como si se estuviesen distanciando más y más, como si fuesen unas estrellas titilando a lo lejos y nunca fuese a ser capaz de alcanzarlos de nuevo.
Es como una premonición del hecho de que, algún día, uno a uno, iremos separándonos los unos de los otros para siempre.
Oigo una sirena. Las horas que me quedan en esta ciudad se extienden frente a mí. Demasiado largas y, a la vez, demasiado cortas.