Corazón de sílex LXXI
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LXXI

Pincho y Pila habían ido por separado al hospital a ver a Antonia y Socorro.

En la habitación ahora sí había una compañera, una mujer gitana operada de un cáncer de ovario con dos hijas todavía más gordas que ella acompañándola.

Las hermanas se encontraron en la puerta del hospital. Una entrando y la otra saliendo.

—Está animada —dijo Pila a Pincho con una sonrisa casi miedosa—. Todo lo animada que puede estar. Aunque está delgadísima.

Hubo un silencio incómodo y una mirada tristísima de la mayor de las Lequerica a la menor.

—Mira, Pincho, yo no puedo más con esta situación. Estamos en un hospital. ¿No te parece que dos viejas peleadas lo único que hacen es el ridículo?

—¿El ridículo? Es lo último en lo que habría pensado. Perdona, voy a ver a Antonia.

Y dejó a Pila con la palabra y el intento de reconciliación en la boca.