Corazón de sílex LXVIII
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LXVIII

Al regresar a Madrid, Antonia se hizo las pruebas que le habían mandado.

La ecografía y la colonoscopia, a las que la acompañó Socorro.

Hicieron también una biopsia. La llamaron para que se pasara por la consulta del oncólogo antes del día que le asignaron para recoger los resultados.

Ese día prefirió ir sola, así que tuvo que mentir a su hija.

El médico, que también tenía los análisis que se había hecho antes de ir a Francia, no se anduvo con remilgos.

Antonia, que ya se imaginaba las malas noticias, le conminó a no hacerlo.

Cáncer de colon estadio IV. Había que extirpar el tumor y luego quimioterapia y quizá también radioterapia.

—¿Me voy a morir, doctor? —preguntó Antonia.

—Como todos.

—Digo en los próximos meses.

—El tumor no pinta bien. Pero si se extirpa con márgenes suficientemente amplios para evitar la recidiva...

—Por favor, hábleme más claro.

—Hay que programar la intervención inmediatamente. Fuera la enfermera le dará las instrucciones.

—De acuerdo.

Antonia se fue en una nube con la enfermera, pero pensando que no iba a operarse enseguida. Aunque la programaron dos semanas después.