Corazón de sílex LXIII
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La vuelta de Socorro a la redacción fue bien recibida.

Es verdad que los turnos de web no se habían resentido durante el tiempo en el que había estado en Francia, pero la sección apenas podía respirar con la filtración de sumarios de la UCO y las imputaciones varias de políticos corruptos.

Aun así, Ángel Rojo insistió en publicar su reportaje sobre la operación Bolero-Paprika el mismo domingo de su regreso.

También le dio un gran hueco en portada —los noventa años del inicio de la Guerra Civil eran una buena excusa— e insistió en relegar los chanchullos de las hijas del expresidente del Gobierno para dar al reportaje de Socorro el mejor hueco de la web.

En el primer scroll . Se quedó sorprendida.

El suyo era un reportaje atemporal. Si se hubieran conmemorado los noventa años del final de la Guerra y de la marcha al exilio de tantos españoles, hubiera entendido la relevancia.

Luego comprendió los motivos de Ángel Rojo al ver una columna de opinión de Nuria Alburquerque sobre el tema llena de lugares comunes.

«La guerra que perdimos todos y tal». El reportaje de Socorro tuvo un éxito moderado comparado con otros que había hecho.

Sin embargo, por primera vez, el director la llamó a su despacho para felicitarla.

«Este es el tipo de temas diferenciadores que hay que hacer».

Le dio una palmadita en la espalda y le hizo un gesto para que se marchara.

Ella no dijo nada de la violación de Arri ni de lo que había sucedido en Francia.

Volvió a su lugar en la web. A editar teletipos de escándalos y reescribir las noticias de otros.

¿Por qué los periodistas de investigación no escriben claro lo que dicen los sumarios?

Y a esperar que la Casa Real hiciera algo.

La rutina era poco emocionante, pero eso era exactamente lo que quería Socorro hasta que a su madre no le dieran buenas noticias, si es que se las daban.

María Casares se dejó ver al día siguiente por la redacción.

Socorro observó que había adoptado andares de dueña del cortijo y, con ese taconeo seguro, se acercó a su mesa.

La felicitó por el artículo. La periodista se encogió de hombros y enseguida se decidió a preguntarle por la abuela de Ignacio.

Le dijo que el desenlace era inminente y que esa misma tarde tenía un tren a Cádiz para que su marido se pudiera despedir.

Empezó con una sarta de palabras de ánimo, pero María la interrumpió.

«¿Qué tiene tu madre?» A ella se le hizo un nudo en la garganta, pero aguantó las ganas de llorar.

Cogió la botella de plástico y el agua suavizó el dolor.

«Bueno, a ver qué le dicen». María le preguntó si las Lequerica se habían ofrecido a atender a Antonia, si...

Socorro se crispó, aunque no pretendía que esa fuera su actitud porque María solo estaba tratando de ser amable y de interesarse por su madre.

«Prefiero pensar paso a paso con lo que le vayan diciendo.

Me gustaría acompañarla a todo... si mi madre se deja, pero no va a querer... ».

María le respondió muy tranquila.

—Lo bueno del teletrabajo es que podrás seguir cumpliendo con los turnos de web si te quedas con tu madre en el hospital.

Socorro no supo qué responder a eso.