Corazón de sílex XLVIII
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XLVIII

El whisky estaba poniendo a Pila melancólica. Su hermana lo atribuyó a que el alcohol no le sentaba tan bien como hacía algunos años. Apuntó mentalmente que en cuanto volvieran a Madrid debían tener una conversación más o menos seria sobre la necesidad de plegar algunas velas a cierta edad.

—Llegaron a la conclusión de que la violación en sí no es un producto cultural como dice el feminismo. Thornhill y Palmer dicen que es un fenómeno biológico con raíces en la selección natural.

—¿Qué quieres decir? ¿Que violan para plantar su semillita? —dijo Pila—. No me hagas reír.

—Bueno. Lo que quieren decir es que no creen que la violación sea cuestión de poder, como empezaron a decir en el feminismo de los setenta.

Repito que no es lo que yo creo. Lo que estos dicen, uno es entomólogo y el otro antropólogo, y no siempre están de acuerdo en todo, es que la violación no es un acto sistémico, qué horrible palabra, para mantener el llamado dominio patriarcal.

—¿Y lo de la evolución?

Arri, que estaba buscando en su móvil, contó que uno de los autores del libro se pasó la vida estudiando el comportamiento de los escorpiones mosca...

Pincho la ignoró y siguió hablando. Su hermana parecía con ganas de enzarzarse con ella.

Socorro acudió en su ayuda porque justo, tras arduas luchas con el inglés y la aplicación de IA Claude, había conseguido acabar el libro.

Le gustó impresionar a la directora de Juglar delante de Luis Gordon.

—La coerción sexual, según esta gente, es una evolución de la estrategia reproductiva alternativa para los hombres que no tuvieron la suerte de persuadir a una mujer para copular voluntariamente. De ahí que digan que gran parte de las mujeres violadas estén en la edad fértil.

Pila, que ya estaba acabando su segundo whisky , pidió una copita de prune para dormir la siesta. Se la trajeron. Nadie en la mesa entendió por qué no se dirigió a Socorro. Buscaba pelea con su hermana.

—Mira, Pincho, yo creo que eso es un planteamiento erróneo porque muchos hombres guapos y ricos que pueden acostarse con cualquiera también violan. ¿Y el heteropatriarcado?

—A los homosexuales también les violan —intervino Mathieu, que contemplaba la discusión entre las dos hermanas como el espectador de un partido de tenis.

—Por supuesto. Yo me remito a eso que dicen de que por el boquete todas somos iguales, que es la verdad de los hombres —soltó Pila.

Socorro quiso hablar de las estadísticas de Tinder.

Las mujeres solo dan like a cerca de un 4,5 por ciento de los perfiles, mientras que los hombres lo hacen al 60 por ciento.

Pila no le dejó. Incluso los que no la hubieran conocido bien, como era el caso de Arri, se podrían dar cuenta de que había bebido demasiado.

—Y voy más allá: para los hombres cualquier boquete es bueno. No creo que busquen reproducirse sino satisfacer una pulsión.

La mesa estaba en silencio. Pincho, que había abierto mucho los ojos mientras su hermana daba esa argumentación y usaba esa expresión, habló. Su voz no sonaba pastosa como la de su hermana. Eligió ese tono paciente que siempre exasperaba a Pila.

—Es que sexo y poder no son excluyentes.

Y respecto al argumento de la reproducción, ya sé que los violadores no piensan en reproducirse con las víctimas.

Lo que digo es que el cerebro de los hombres ha sido moldeado porque, yo qué sé, en esas eras ancestrales la violación aumentaba el éxito reproductivo.

Tampoco comemos azúcar y grasas para acumular calorías para el invierno.

Es un mecanismo ancestral. Pero repito, y ya no quiero discutir más porque no nos vamos a poner de acuerdo: es lo que dice el libro de Thornhill y Palmer.

—Bah, vaya palabrería —dijo Pila—. El boquete es lo primordial.

Solo se oyó entonces la voz de Pierre.

—Entonces... ¿qué es boquete?