XXVII
Faustino metió a Socorro en un tren a Orleans y le explicó que allí debía esperar media hora hasta que saliera otro tren a Lamotte-Beuvron, donde —según le había dicho Pila— la recogería un coche para llevarla a La Chênaie.
El periodista estaba pletórico, si es que ese era el calificativo para la risa nerviosa que se le escapaba cuando le contaba a Socorro que las webs de algunos medios importantes habían publicado que comenzaba un juicio contra varios invitados de Philippe Rohmer, dueño de una fábrica textil.
Una de las chicas que habían asistido a una de sus fiestas, llamada Cécile Schneider, había denunciado que la habían drogado para abusar de ella.
En un principio, la policía se había centrado en el hijo de Rohmer, su novio, pero la joven había estado espabilada y los agentes habían certificado que había ADN de más de una persona en las muestras biológicas recogidas en los exámenes médico-forenses que le habían practicado.
No tenían la espectacularidad —y, sobre todo, el nombre rimbombante— de las pruebas de violación de las series americanas, pero eran igual o más minuciosos.
Al final, solo habían encontrado semen de los jóvenes, que, por supuesto, alegaron que la chica se había pasado de copas y que había querido montarse una juerga.
Como en muchos casos similares, no había lesiones ni desgarros compatibles con una agresión, pero aquello había derivado en el clásico intercambio de una palabra contra otra: ella insistía en que no bebía, frente a los chicos, que contaban que había tomado ketamina, MDMA, popper y cantidades ingentes de cocaína...
Y que cómo iba a recordar nada. Los análisis eran compatibles con lo que habían declarado los acusados, pero ella sostenía que la habían drogado.
El caso parecía hecho a medida para avivar el debate entre quienes creen estar bajo el yugo de la justicia patriarcal y quienes pensaban que a los hombres se les estaba privando de derechos.
Las asociaciones feministas de izquierdas organizaron llamamientos, trends en redes sociales y artículos defendiendo que a ella había que creerle.
Frente a esta visión mayoritaria, no tardaron en surgir voces que pedían que las sentencias debían circunscribirse a las pruebas —¿a qué si no?
—, en lugar de condenar al hombre de manera preventiva sin juicio.
Por supuesto, los razonamientos lógicos de estos últimos quedaban colonizados por declaraciones analfabetas de influencers que negaban las cifras de violaciones, cuando todos los estudios indicaban que había muchas más agresiones de las que se denunciaban.
La discusión se había simplificado tanto que el llamado zasca de redes sociales —el corte de toda la vida— y las sentencias rápidas —un tacleo verbal— habían sustituido a los argumentos en debates que acababan con vídeos de señoras bailando El violador eres tú , de Las Tesis.
Una de esas concentraciones fue el primer reportaje que Miriam Sánchez firmó para El Matinal sobre el affaire Schneider.
Por su parte, Faustino movió sus redes para tratar de hacer una crónica más o menos ponderada del caso: el entorno de la familia Rohmer, sus negocios, los amigos a los que invitaban a esas fiestas.
El debate que había agitado a Francia no tardó en trasladarse a otros ámbitos.
La izquierda quería tratar a las mujeres como menores y la derecha se erigía en garante de sus conquistas sociales porque era la única valedora frente a religiones —la musulmana, claro— que sostenían que el testimonio de una mujer valía la mitad que el de un hombre.
Y, en menos de una mañana, la controversia había virado hacia la renuncia de Occidente, la alianza de civilizaciones o si los ricos eran más peligrosos para las mujeres que los terroristas del ISIS, que habían violado y esclavizado a miles de yazidíes.
A Cécile Schneider, la chica, la víctima, no le había ayudado que los abogados carísimos de los acusados hubieran encargado informes en los que se contaba una vida más o menos disoluta que ella reflejaba sin pudor alguno en sus redes sociales.
En su contra, las redes sociales comentaban los coches de los padres, los pisos en París, las botellas que pedían en las boîtes de nuit .