XXII
A Socorro le quedó claro que Pigenet no le diría mucho más de lo que ya había escrito. Aun así, decidió contactar con ella. Aunque las palabras que extrajera de un trabajo escrito fueran las mismas, el lector valoraba más una entrevista que las citas.
Se sacó un billete de avión a París para el día que le había dicho Faustino.
No se cogió el primero, ni el segundo. Quería uno que llegara hacia el mediodía para no tener que madrugar ni molestar excesivamente al corresponsal y a su mujer.
La vuelta la reservó para el mismo día que ya tenía el billete a Madrid.
Era por la tarde y solo tendría que esperar unas horas en el aeropuerto en las que aprovecharía para avanzar en el artículo...