Corazón de sílex XXI
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Antonia le contó a Socorro que estaba en Sologne con las señoras.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—Pse. Desanimada. Sin muchas ganas. Este reportaje no va a ser extraordinario, ya te lo aviso. Me lo ha encargado el director porque se lo ha pedido una periquita a la que debe tener mucho respeto.

Le contó de qué iba.

—En cuanto acabe esto de los comunistas me voy a coger una semana de vacaciones.

La madre no le hizo caso.

—Serían unos tontos idealistas. Como tu padre, que era un...

A Socorro no le apetecía que su madre le comenzara a contar las andanzas de su padre con el cura y lo de cuando se quiso ir a Francia el 23-F.

—No sabes lo encantador que es Faustino, el corresponsal. Me voy a ir a París a hablar con algún historiador y me ha invitado a dormir a su casa.

—¿Y qué vas a hacer después? No tienes el vuelo de vuelta a Madrid hasta el domingo.

—Lo mismo debería quedarme un tiempo por aquí. Ya que estoy... Puedo descansar en Toulouse.

—Haz lo que quieras.

Socorro no dijo nada. Se quedaron las dos en silencio. Por fin habló la periodista.

—Bueno, mamá, te dejo que tengo que ver cómo me organizo en París para las entrevistas.

Y le colgó el teléfono abruptamente.

Socorro pensó que no se había despedido de su madre. Siempre olvidaba preguntarle cómo estaba.