Corazón de sílex VIII
13%

VIII

La llamada con Jean-Paul fue alegre y frívola. Como las que se tienen con compañeros de trabajo que te caen bien. Paradójicamente, divertirse o trabajar suelen propiciar relaciones que luego se entremezclan.

—Quería decirte que el director creativo de una marca muy importante está muy interesado en que hagas unas fotos y unos vídeos para un perfume que van a lanzar.

La modelo se quedó sorprendida.

—¿Cómo me conocen?

—De las fiestas de París. Aunque te acostaste enseguida, en el poco tiempo que estuviste despierta causaste sensación.

—Hombre —dijo Arri, sintiéndose aliviada, pensando que, aunque no se acordaba de lo que había hecho aquella noche, su comportamiento no la había perjudicado. Más bien, al contrario.

Las palabras de Jean-Paul le dieron la razón.

—Y luego les mandé las fotos que te llevo haciendo desde hace años. Y tus redes, claro. Es una buena oportunidad.

A Arri se le terminó de olvidar la mala sensación que tuvo al despertarse en París.

El fotógrafo le preguntó si tenía planes de ir de nuevo a Francia, porque unos amigos iban a celebrar una fiesta en la que estarían los directivos de las principales casas de moda.

También muchos fotógrafos y otros invitados forrados que creía que le interesarían.

Arri se moría de ganas de contarle lo de Luis Gordon, pero calló porque sabía que un novio, un amor, podía ser disuasorio para algunas invitaciones.

Así que le dijo que por supuesto, que contara con ella y que le mandara los detalles para que pudiera sacarse el billete.

Él le respondió: «Ellos invitan a todo. También al vuelo».

No se atrevió a preguntarle si Luis la podía acompañar.

La conversación disipó todas las sospechas y miedos de Arri. Quizás solo había sido paranoica. El ginecólogo no observó nada raro tras examinarla.