Corazón de León (Los Cambiantes Kinkaid nº 1) 21 #3
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Los soldados restantes que habían estado protegiendo a los magos también huyeron.

En ese punto, todo se desmoronó para las fuerzas enemigas.

Habían perdido a cerca de un tercio de sus magos de un solo golpe y su infantería estaba escapando.

El resto de los magos dejó de atacar el círculo sagrado y la mayoría desapareció del mismo modo que la señora Entwistle; las fuerzas de Venifucus estaban en plena retirada.

La gente de Liam persiguió a los soldados enemigos, pero nadie fue tras los magos.

Por un lado, podrían estar reagrupándose, y no sería prudente que ningún miembro del aquelarre abandonara todavía la seguridad del círculo.

Por otro lado, la mayoría de los magos acababan de desvanecerse.

Habían usado su magia para trasladarse a otro lugar en un instante, y ese tipo de rastro no era fácil de seguir, ni siquiera para otro mago.

Meg sintió que sus rodillas cedían mientras se hundía en el suelo. Su poder —fuera lo que fuese— se había agotado en aquel último estallido frenético de energía, así que fue mejor que los magos enemigos se hubieran marchado. No estaba segura de que le quedara nada con qué luchar en ese momento.

Un instante después, Rich estaba a su lado, atrapándola mientras se desplomaba sobre el suelo del bosque. Sus brazos alrededor de ella, protegiéndola, se sentían tan cálidos y reconfortantes.

—¿Estás bien? —le preguntó ella en un susurro, que era todo lo que podía articular tras el gran gasto de energía.

—Se supone que soy yo quien te pregunta eso a ti, cielo —respondió él, sonriéndole—. Me alegro mucho de que hayas encontrado tu poder. Justo a tiempo. —Le besó la cara y ella pudo sentir el cariño en cada caricia—. ¿Cómo te sientes?

—Muy cansada —admitió ella—. Me han flaqueado las rodillas.

—No me extraña —le dijo él, recogiéndola en sus fuertes brazos—. Vamos a llevarte a un lugar seguro. Creo que el aquelarre te admitirá con gusto ahora, ¿no crees?

Caminó con ella en brazos hacia el círculo sagrado. Cruzó el umbral sin miedo y el círculo los admitió a ambos. La señora Peabody y la señora Newsome estaban allí, mirando a Meg con clara aprobación.

—Querida, no sabíamos que eras una dragona de fuego —dictaminó la señora Newsome tras un momento.

—¿Qué soy qué? —La voz de Meg no era muy fuerte, pero había recuperado algo de energía por el simple hecho de entrar en el círculo.

—Una dragona de fuego —respondió la señora Peabody, sacudiendo la cabeza—.

A ninguna de nosotras se nos ocurrió que pudiera tener un poder elemental.

Pensé que tal vez era algún tipo de bruja latente, pero me alegra haberme equivocado.

Solo un verdadero poder elemental podría haber hecho lo que acaba de hacer.

Muy oportuno además. El aquelarre está en deuda con usted, Meg.

—¿En deuda conmigo? —susurró ella, sin dar crédito a sus oídos. Negó con la cabeza y miró a su alrededor—. ¿Están todos bien?

—Estamos bien, hija —dijo la señora Peabody con amabilidad—. Haría falta algo más que eso para llegarnos aquí, en nuestro lugar de poder.

—Nuestra única preocupación real sobre este enfrentamiento era si Elspeth venía en persona.

Entonces sí podríamos haber tenido problemas —dijo la señora Newsome en voz baja—.

Por supuesto, probablemente aún no sea lo bastante fuerte para meterse con nosotras a esta escala.

No después de su viaje por el Entremedio.

Si lo que creemos es cierto, todavía no se ha recuperado y busca un golpe rápido de poder.

—Que no va a conseguir hoy de nosotras —sentenció la señora Peabody.

—Pues a mí me habría gustado tener una oportunidad contra ella —dijo Rich—. Ahora que todavía está débil.

—A todas nos habría gustado —coincidió la señora Newsome—, pero siempre ha sido una criatura astuta, reacia a ponerse en peligro. Deja que otros luchen sus batallas y solo aparece para el gran botín. Así ha sido siempre, y por eso fue tan difícil detenerla en el pasado.

Rich asintió con expresión sombría. —Pero esta vez la atraparemos. Si no es hoy, será lo antes posible. No vamos a dejar que campe a sus anchas por aquí como hizo en la Edad Oscura.

—El aquelarre estará preparado, como lo estuvimos antes.

Nunca olvidamos a quienes han estado dispuestos a arriesgar sus vidas por nosotras y por la causa de la Luz.

Las antiguas alianzas se forjan de nuevo con las acciones de hoy.

Cuando nos necesitéis, solo tenéis que llamar —dijo la señora Newsome, y sus palabras portaban la fuerza de un juramento que Meg sintió en el alma.

—Usted, querida, va a necesitar entrenamiento.

Podemos orientarla para que empiece el camino correcto, pero va a necesitar ayuda de otros poderes elementales.

No he oído hablar de dragones de fuego vivos, pero creo que hay un cambiapieles de dragón en el estado de Washington al que Rich podría ayudarla a contactar —dijo la señora Peabody pensativa—.

Y, por supuesto, el almirante y su familia son elementales de agua.

Aunque es un elemento totalmente distinto, podrían ayudarla a hacerse una idea de su nivel de poder.

Lo que ha hecho aquí esta noche ha sido bastante impresionante, pero no sabemos realmente cuánta profundidad tiene el talento en su linaje.