Corazón de León (Los Cambiantes Kinkaid nº 1) 20
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Había un hombre y una mujer. La mujer parecía ser la más poderosa de los dos. De no haber sido por el hecho de que estaban intentando herir a Meg, Rich podría haber intentado reducirlos sin matarlos, pero todas las contemplaciones se acabaron en cuanto lanzaron magia asesina contra su compañera.

Arremetió contra ambos al mismo tiempo; sus garras les rajaron el cuello, alcanzando los puntos vitales que suponían una muerte segura.

La mujer se giró e intentó golpearlo con su magia, pero él se agachó para esquivarla mientras ella caía inconsciente en la calle.

Después, se volvió hacia el pistolero restante, que intentaba regresar al asiento del conductor para huir.

No tan rápido. Rich no iba a dejar que se escapara nadie que hubiera intentado hacer daño a Meg.

Sacó al hombre del SUV a rastras con sus garras y luego lo rajó desde el cuello hasta el ombligo. Rich merodeó alrededor del vehículo para asegurarse de que todos estuvieran fuera de combate antes de acercarse a Meg.

El escudo protector de la propiedad le permitió el paso, al igual que se lo había permitido a Meg, porque estaban del lado de la Luz. Se acercó a ella y la observó un momento. Entonces, debido a que necesitaba tocarla, cambió de forma y la tomó en sus brazos, estrechándola con fuerza.

—¿Estás bien? —susurró cerca de su oído.

—Bien. No han podido tocarme una vez que he retrocedido hasta este jardín. Tendrás que explicármelo luego. Pero ¿dónde está tu ropa? —su voz sonó un pelín escandalizada.

Él soltó una risita.

—Mi equipo está detrás de los setos delanteros de la señora McCullogh en este momento.

La soltó muy poco a poco para poder mirarla y asegurarse de que realmente estaba bien. Era tan hermosa que le dejaba sin aliento, pero el peligro no había pasado. De hecho, no había hecho más que empezar.

—Tenemos que llevarte a un lugar seguro —dijo él, pensando rápido.

—Espera un momento. No puedes ir por ahí así. Ni como león. —Ella retrocedió y cogió algo del porche. Era una manta de sofá, vio él con cierta sorpresa. De colores oscuros, lo cual venía bien, ya que la oscuridad estaba cayendo rápidamente—. Envuélvete con esto.

Él hizo lo que ella le pidió y luego vigiló la calle.

Se tomó un momento para registrar rápidamente el SUV.

Al no encontrar nada útil, volvió a cargar todos los cuerpos en el vehículo y cerró las puertas con llave, guardándose las llaves en el bolsillo.

Se las entregaría al equipo de limpieza si él mismo no podía volver más tarde.

Por ahora, estaban neutralizados y tenía cosas más importantes que hacer.

Rich hizo una señal a Meg para que abandonaran la seguridad relativa de la propiedad de la bruja y avanzaron por la acera a paso rápido, en dirección a su calle. Se detuvo brevemente por el camino para recuperar su ropa, pero no se paró a ponérsela. El tiempo era esencial.

Cuando llegaron a su calle, la llevó a su casa. La propiedad de ella no tenía las protecciones que las brujas habían puesto en sus propios espacios. En su casa, al menos contaría con la protección de él y de sus hermanos mientras estuvieran dentro.

Una vez que partieran para unirse a la lucha, le dejaría vía libre en la casa…

y las llaves de su camioneta. Con un poco de suerte, estaría a salvo, pero si las cosas se ponían feas, tendría su vehículo.

Estaba reforzado de formas que no se apreciaban desde el exterior; si lograba llegar a él y escapar, sería difícil que alguien la detuviera.

No dijo nada en la calle, donde podrían oírlos, sino que la metió en casa lo más rápido posible. Una vez dentro, se lo explicó.

—Estaremos aquí un rato más coordinando cosas, pero en cuanto salgamos para unirnos a la operación, quiero que te metas en mi camioneta, cierres las puertas y te quedes allí.

Estaremos en contacto por teléfono. También hay una radio y otro equipo en el vehículo, armas incluidas, por si las necesitas.

Pero la camioneta está reforzada, así que nadie podrá llegar hasta ti una vez que cierres las puertas.

No las abras por nada del mundo —le advirtió—.

Estás más segura en el vehículo y siempre puedes marcharte de aquí si alguien entra en la casa o en el garaje.

Ella parecía asustada, pero lo estaba escuchando.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

—¿Qué tal se te dan los drones? —preguntó él, casi en broma. No esperaba que tuviera ninguna habilidad con vehículos controlados a distancia, pero ella lo sorprendió.

—Tengo uno pequeño que uso para revisar los tejados de todo el mundo.

El año pasado andaba por ahí un estafador intentando vender tejados nuevos a todos los vecinos, afirmando que la última gran tormenta había causado daños que no podían ver porque no iban a subirse a sus propios tejados.

Compré un dron y grabé vídeos para todos los que me lo pidieron para demostrarles que no había daños reales y que el tipo no era más que un caradura.

—Impresionante. Bueno, quizá puedas relevar a Colt y transmitir cualquier cosa importante que veas desde el aire.

Nuestro dron vuela mucho más alto que los modelos comerciales y la cámara es mucho mejor, así que se puede ver realmente lo que está pasando.

Además, tiene infrarrojos y otras funciones especiales que podrías utilizar.

Prueba a trabajar con Colt unos minutos y mira si puedes manejarlo.

Y eso era algo que podía hacer desde el interior de la camioneta. Él había añadido un cableado especial al vehículo para que pudiera recibir y transmitir desde casi cualquier lugar, incluido el garaje, que estaba igualmente bien cableado.

La escoltó hasta la sala de operaciones y la instaló junto a Colt. Rich los observó un momento mientras hablaban de los controles y volvió a quedar impresionado al ver que ella se hacía con el equipo con más facilidad de la esperada. Realmente parecía tener un don para pilotar aquel aparato.

—¿Dónde están Billy y Liam? —preguntó Rich a Colt una vez que Meg ya estaba practicando por su cuenta con la nave.

—Se han ido a investigar a la señora Entwistle.

Billy está de camino, pero Liam se ha quedado con el cambiapieles que tenía asignado.

Al lobo lo habían drogado o algo así, y Liam sigue buscando a la señora Entwistle.

Ha pedido refuerzos a su gente y ha enviado a Billy de vuelta, según lo último que he sabido.

En ese momento, Billy apareció en el umbral. Su expresión era sombría.

—Definitivamente ha sido la señora Entwistle.

Ella es la traidora. O una de ellas, al menos.

No podemos estar seguros de que no haya más —informó Billy—.

He llamado a la señora Newsome de camino y se lo he dicho.

Me ha comentado que la señora Entwistle era una de las que tenían bajo vigilancia y que no le contaron todo el plan, gracias a Dios.

La señora Newsome y la mayoría de las demás han llegado al círculo y se están preparando para un asedio.

—Pero la señora Entwistle anda suelta —resumió Rich el problema—. Podría estar informando a sus amigos Venifucus ahora mismo de que hay algo más que brujas esperándoles aquí.

—Probablemente lo esté haciendo —asintió Billy con una mueca sombría.

—Lo que significa que nuestras posibilidades de atrapar a Elspeth aquí se han vuelto aún más escasas. Maldita sea. —Rich sacudió la cabeza.

—Ya era una esperanza remota —le recordó Billy a su hermano—. Lo mejor es que protejamos a quienes podamos ahora mismo. Los Venifucus no serán tan fáciles de derrotar como para que nos descuidemos.

Tras un momento, Rich asintió.

—Tiene sentido, pero joder. Ojalá pudiéramos darle su merecido a Elspeth mientras aún está débil.

—Yo también —se lamentó Billy.

Meg estaba muerta de miedo y eufórica al mismo tiempo.

Nunca había visto el tipo de equipo que los hermanos tenían guardado en el dormitorio principal.

Tenían un mapa de todo el vecindario lleno de marcas y un montón de material informático, además de un rincón lleno de armamento.

Colt le explicó los controles del dron y no eran tan diferentes del pequeño dron que ella había comprado para sus inspecciones de tejados.

Le había encantado jugar con aquel trasto y lo había volado sobre el agua y a lo largo de la orilla buscando vida salvaje casi todo el verano.

Se le daba bastante bien, pero el que usaban los hermanos era mucho más complejo.

Aun así, su experiencia con la versión más pequeña ayudó mucho y se puso con el nuevo modelo con entusiasmo.

Colt también era un buen profesor. Le explicó todas las funciones adicionales y cómo usar las cámaras, mucho más sofisticadas.

Él la dejaba practicar sola mientras hablaba con sus hermanos, pero ella escuchaba mientras seguía concentrada en el dron.

Lo que decían no sonaba bien, pero confiaba en que protegerían a las damas del aquelarre.

De lo que no estaba tan segura era de esconderse en la camioneta de Rich. Quería ayudar.

Pilotar el dron le hacía sentir que ayudaba, así que se propuso perfeccionar su manejo en el tiempo que le quedaba.

Se centró en el SUV negro que la había seguido y vio que seguía aparcado donde lo habían dejado.

Miró unas calles más allá y vio más vehículos oscuros con las puertas abiertas y gente moviéndose a pie, portando armas.

—¿Colt? —dijo ella en voz baja, señalando la pantalla—. Esto no tiene buena pinta. Esa es la casa de la señora Peabody. Y hay otro junto a la de la señora Newsome.

—Mierda —maldijo Colt al volver a prestar atención a las pantallas—. Van a por las ancianas del aquelarre.