18 #2
—Algunos ya han empezado. Tenemos a uno disfrazado de agente de Control de Animales y a otro equipo fumigando contra insectos con un potente limpiador que eliminará el veneno.
Se asegurarán de que hasta la última gota termine en el alcantarillado, donde no pueda dañar a vuestras ancianas.
La sustancia es inerte para las personas no mágicas, y una vez que entra en contacto con el limpiador, se descompone de modo que no es tan dañina, incluso para los magos —reveló Liam—.
Hemos hecho un montón de pruebas desde la última vez y creo que ahora lo tenemos más controlado.
—¿Qué lleva el limpiador? ¿Es algo que podamos fabricar nosotros? Me gustaría equipar al aquelarre con ello.
—Estamos fabricando más en el laboratorio de la base y lo traeremos esta noche —le aseguró Liam—.
Lo estamos poniendo en botellas de espray para que las señoras las tengan en sus casas.
Pueden limpiar zonas concretas según consideren oportuno, pero nosotros haremos una gran descontaminación cuando todo esto termine, solo para estar seguros.
—Buen plan —asintió Rich.
—Hal me pidió que te pasara un mensaje. Después de que esto termine, si sigues vivo, quiere verte.
—Liam sonrió. El humor negro era habitual en el ejército—.
En realidad, tiene a dos videntes en su grupo, así que lo más probable es que sigas vivo.
—Liam se encogió de hombros al acercarse al borde de los árboles.
Se detuvo para girarse y mirar a Rich—. La unidad de Hal ha estado hablando de ti y de tus hermanos.
Al parecer, siempre les impresionasteis, incluso cuando no sabían que erais cambiaformas.
—¿Saben que somos leones? —preguntó Rich, sorprendido y complacido por la idea de que Hal y sus hombres tuvieran tan buena opinión de ellos.
—Probablemente no. Han aprendido suficiente etiqueta como para no hacer preguntas de ese tipo.
Pero ahora saben que sois cambiaformas —dijo Liam, encogiéndose de hombros—.
No tenían ni idea de la magia hasta su gran transformación, pero tendrán que contártelo ellos mismos, si lo consideran oportuno.
—He oído algo al respecto —admitió Rich. Liam asintió.
—Bueno, creo que los videntes tienen un mensaje para ti. A mí no me lo han querido decir, pero querían hablar contigo cuando hubiera tiempo —dijo Liam, sacudiendo la cabeza.
—Gracias por pasarme el mensaje —dijo Rich, a quien empezaba a caerle bien el otro león, a pesar de sus intenciones de mantener las cosas estrictamente profesionales entre ellos.
Liam asintió y salió de la protección de los árboles.
Rich caminó a su lado un trecho, desviándose con naturalidad hacia la casa de la señora Rosario para dejar la carretilla mientras Liam seguía caminando hasta el final de la manzana, en dirección a la zona del muelle.
Solo cuando lo perdió de vista, Rich desandó sus pasos a través del bosque hacia una zona más cercana a su camino a casa.
Cuando llegó a casa, Billy estaba metiendo una caja grande desde el garaje. Había estado fuera con la camioneta, había aparcado en el garaje y cerrado la puerta antes de descargar. Rich se movió para ayudarle. Había varias cajas. Todas sin marcar.
—¿Qué es esto? —preguntó Rich mientras cogía una de las cajas de la parte trasera de la camioneta.
—Es la solución de limpieza que los chicos de la isla han inventado. Terminaron el lote antes de lo previsto y he ido a recogerlo a un muelle público en el pueblo de al lado —respondió Billy—. He pensado que podíamos empezar a repartirlo esta noche.
—Excelente —comentó Rich mientras llevaba la caja al interior de la casa.
La colocó sobre la mesa de la cocina y la abrió. Dentro había una docena de botellas de spray de aspecto bastante inofensivo. Ahora, el truco consistiría en repartirlas sin levantar sospechas. Sacando su teléfono, llamó a Meg.
*
Unas horas más tarde, él y Meg caminaban por el vecindario repartiendo las botellas del limpiador camufladas en cestas de comida que, supuestamente, llevaban a algunas de las brujas que no se encontraban bien.
A Meg se le había ocurrido el plan diciendo que a veces llevaba la cena a algunas de las señoras cuando estaban enfermas o cuando sentía que necesitaban una sorpresa, por lo que no era extraño en ella hacer una entrega.
Lo único nuevo era que tenía compañía en su ronda.
Pero Rich se negaba a dejarla ir sola. Su león simplemente no toleraba el hecho de ponerla en tal riesgo.
Entregaron cuatro cestas en total. Cada cesta contenía media docena de botellas de espray que las señoras distribuirían después entre sus amigas.
De ese modo, las botellas circularían rápido por el vecindario.
De hecho, entregaron otro lote por encima de la valla del patio trasero a la señora Peabody.
Era la última entrega de la noche, así que le dieron todo lo que quedaba.
Ella prometió hacérselo llegar a sus amigas lo antes posible.
Gran parte de la entrega de las botellas de espray se hizo a través de los jardines traseros conectados, ya que todas las brujas vivían cerca unas de otras. De esa forma, la mayoría de los intercambios pasaron completamente desapercibidos para cualquiera que pudiera estar vigilando.
Rich sospechaba en privado que las brujas no estaban dejando que todos los miembros del aquelarre participaran en el secreto.
Tenían que tener alguna idea de cómo se había filtrado su secreto en primer lugar.
Aunque no hablaban con él de ello, sabía que estas ancianas no eran estúpidas.
La fuente más probable de información sobre su existencia tenía que haber venido de dentro de sus propias filas.
Si estas mujeres eran tan astutas como él había llegado a creer, lo más probable era que estuvieran compartimentando las cosas para intentar descubrir quién era el traidor, si es que lo había.
Rich estaba dispuesto a apostar a que definitivamente había al menos uno.
Esperaba que las inteligentes brujas descubrieran quién de entre ellas las estaba traicionando antes de que todo saltara por los aires.