18
A la mañana siguiente, cuando Rich regresó a la casa que compartía con sus hermanos, Billy le puso al tanto de la situación. Acababa de volver de su carrera matutina por el vecindario.
—Bowza está fuera paseando de nuevo. Tocando cosas —dijo Billy con tono grave.
—Esparciendo más veneno, apuesto lo que sea —dijo Rich con un gruñido en la voz.
—He vuelto sobre mis pasos y he tomado una muestra de un lugar que había rociado, luego lo he seguido todo lo que he podido sin que resultara obvio, así que sé dónde están muchos de los nuevos puntos contaminados.
—Buen trabajo —dijo Rich de inmediato—. También preguntaré si un par de esos lobos podrían volver y echar un vistazo por la zona esta noche al amparo de la oscuridad.
Quizá ellos también podrían encargarse de la descontaminación.
El otro día hubo demasiado ajetreo por aquí con todos esos reparadores y jardineros. Sería difícil volver a repetir eso.
—De acuerdo —respondió Billy—. Haré una lista de los lugares que he visto para quien se encargue de la limpieza.
—Y para dársela a los residentes de esas casas —añadió Rich—. Me pregunto por qué está aplicando una segunda dosis.
—¿No han caído suficientes viejecitas en la primera ronda? —aventuró Billy.
—Probablemente. Y lo más seguro es que sus amos de Venifucus se estén impacientando con la lentitud de los progresos. El reloj corre. La luna llena es mañana por la noche —le recordó Rich a su hermano.
En ese momento, Colt bajó las escaleras y se unió a ellos.
—Los dos tenéis razón. —Colt bostezó y se rascó la mandíbula—.
He intervenido algunas de las comunicaciones de Bowza y he oído cómo le echaba una bronca una mujer que tenía que ser de Venifucus.
Se quejaba de que estaba tardando demasiado y de que todavía no había suficientes brujas fuera de combate.
Parecía que tenían miedo de que demasiadas brujas fueran capaces de presentar batalla.
—Como pensábamos —asintió Rich, satisfecho de haber hecho las suposiciones correctas.
—Sí. Y puede que haya llegado el momento de sacar a Bowza de circulación por completo. Estaba hablando de poner más veneno, y la mujer que le gritaba le dijo que lo llevara directamente a las ancianas. Va a empezar a atacarlas en sus casas si no tenemos cuidado —advirtió Colt.
—Entonces, es hora de acabar con él. Tienes razón —dijo Rich, con su voz destilando finalidad.
—Podemos reducirlo y luego hacer que parezca que ha huido —propuso Billy—. En caso de que sus amigos de Venifucus lo busquen, podemos simular que ha hecho las maletas a toda prisa y aparcar su vehículo en la estación de tren o en el aeropuerto.
—Buena idea. Haz que ocurra, Bill. —Rich sabía que podía confiar en Billy para cuidar hasta el más mínimo detalle.
—Y yo dejaré un rastro de dinero —dijo Colt—. Puedo hackear el sistema y hacer que parezca que ha pasado el pago por el trabajo a efectivo.
Rich sabía que los fondos reales se transferirían a una cuenta que utilizaban para ayudar a las víctimas.
No estaba seguro de si el aquelarre necesitaba el dinero, pero se lo ofrecería de todos modos.
Bowza no debería lucrarse por intentar envenenar a un grupo de ancianas —lo que había logrado en al menos dos casos— y prepararlo todo para que murieran de una forma tan atroz.
—Bien. Yo me encargaré de Bowza —dijo Rich con determinación—. Lo haré esta tarde, antes de que tenga la oportunidad de dañar a alguien directamente.
Sabía que, si necesitaba ayuda, sus hermanos le darían apoyo, pero Bowza solo era humano. Por lo que habían podido observar, no tenía poderes especiales ni magia bajo la manga que dificultaran su detención.
—¿Matar o capturar? —preguntó Billy.
—Intentaré capturarlo. Mira si Liam tiene algún calabozo donde puedan esconderlo y a alguien que lo interrogue por cualquier otro conocimiento que pueda tener de la actividad local de Venifucus —ordenó Rich, y Billy asintió mientras sacaba su teléfono—.
Colt, mantén un ojo en Bowza. Voy a cambiarme.
Si hace el más mínimo movimiento hacia una de las casas del aquelarre, avísame de inmediato.
De lo contrario, dame diez minutos para prepararme, y querré su ubicación cuando salga.
—En ello estoy —respondió Colt, que ya subía de nuevo las escaleras hacia los monitores de vigilancia.
Rich también subió, dirigiéndose a su dormitorio para prepararse para la misión. Tenía unas cuantas armas que le gustaría llevar encima, así como un manojo de bridas de plástico. Si iba a capturar al hombre, tenía que contar con una forma rápida y sencilla de atarlo.
Rich estuvo listo en los diez minutos prometidos, y Colt tenía la ubicación de Bowza.
Mantendría la vigilancia sobre él incluso mientras Rich lo incapacitaba.
Rich se colocó en el oído el pequeño receptor de radio táctico a través del cual se mantendría en contacto con Colt.
Billy estaría de apoyo, siguiendo a Rich a la sombra y preparado para intervenir en caso de que necesitara ayuda.
Bowza estaba en las afueras de la urbanización, caminando por la carretera que bordeaba la franja de bosque. Todas las casas de esa calle en particular pertenecían a miembros del aquelarre. Rich se dirigió a paso ligero hacia esa calle para llegar antes de que Bowza pudiera elegir una víctima.
Efectivamente, Bowza estaba subiendo los escalones delanteros de una casa cuando Rich se acercó.
Sabía que no había más vigilancia en esa calle que la suya propia.
Oyó el leve zumbido del dron de Colt volando muy por encima, inaudible para los oídos humanos, pero eso fue todo.
Podía actuar como quisiera, considerando que todas las residentes de esa calle eran brujas y sabían que él estaba de su lado.
Recorrió el camino de entrada y tiró de Bowza hacia abajo, apartándolo de los escalones para que cayera despatarrado en la acera frente a él.
No supuso un gran desafío después de todo.
Rich lo tuvo atado con bridas y con una mordaza en la boca para que no pudiera alertar a nadie en menos de treinta segundos.
Cargándoselo al hombro, Rich se llevó al hombre a la franja de bosque, sabiendo que era más densa por dentro de lo que parecía desde fuera.
Las brujas habían lanzado hechizos de ilusión a lo largo de los años para que el linde boscoso de la urbanización pareciera solo una pequeña hilera de árboles cuando, en realidad, era un bosque exuberante que resultaba mucho más grande una vez que estabas entre los árboles que desde fuera.
Al menos para aquellos con sangre mágica.
Rich no estaba seguro de lo que veía Bowza, pero él fue capaz de encontrar un lugar donde esconderlo hasta que la gente de Liam pudiera venir a recogerlo.
Bowza estuvo forcejeando todo el camino, pero se vio totalmente superado por las habilidades de Rich.
Rich lo soltó junto a un arbusto y le propinó un golpe en la sien con el pomo de uno de sus cuchillos, con la fuerza justa para dejarlo sin sentido un rato.
Golpear a alguien en la sien era peligroso; un golpe así podía matar si no se calculaba con precisión, pero Rich era un experto.
—Listo para la recogida —informó Rich por su radio táctica, en un tono bajo que no se propagaría.
—El equipo de Liam va a tu encuentro —informó Colt—. Aquí tienes el número que me han dado. Solo envíales un mensaje para organizar el encuentro. Están a tres minutos.
Rich se encargó a partir de ahí, enviando un mensaje al equipo que llegaba y saliendo de la zona boscosa el tiempo justo para encontrarse con Liam y un equipo de dos cambiaformas con una carretilla.
El equipo consistía en un hombre y una mujer que desprendían una energía de grandes felinos, aunque Rich se dio cuenta de que no eran leones.
Rich y Liam observaron cómo los dos se hacían cargo de Bowza, sacándolo a través del bosque hacia el agua, sin que nadie en la urbanización los viera gracias a los encantamientos de las brujas sobre el bosque.
—Tienen un bote amarrado cerca de la línea de árboles —le dijo Liam a Rich—.
Voy a coger el carretillo y a devolverlo al jardín de la señora Rosario, al final de la manzana.
Nos sugirió amablemente que lo tomáramos prestado cuando nos vio caminando por la calle. No se les escapa nada a esas ancianas.
—Sinceramente, siento que han ido un paso por delante de mí durante la mayor parte de esta operación —admitió Rich.
—Excepto por las que fueron víctimas del veneno —le recordó Liam en voz baja.
Rich soltó un bufido. —Sí, excepto por eso. Al menos podemos rastrear la sustancia y eliminarla antes de que ninguna más se vea expuesta.
—Voy a llevarme el barco de Bowza, a menos que lo quieras aquí por alguna razón —dijo Liam mientras seguían lentamente al dúo de la carretilla, que avanzaba a una velocidad sorprendente entre los árboles.
—Ya que estás, hazlo. Billy va a coger su camioneta y a aparcarla en la estación de tren. No había tenido en cuenta el barco, pero es una buena idea para dejar otra pista falsa. Probablemente él lo habría hecho si se hubiera marchado de verdad —conjeturó Rich.
—Eso es lo que he pensado. Y lo de la camioneta es un buen detalle —comentó Liam.
El dúo con Bowza ya lo había cargado en su bote y había dejado la carretilla justo dentro del linde para que Liam la recogiera.
Él les hizo una señal de despedida y ellos se adentraron en el agua.
Bowza no podía verse desde la orilla. Lo habían tumbado en el fondo de la pequeña embarcación mientras los dos cambiaformas remaban con fuerza —y en silencio— para alejarse.
Probablemente encenderían el pequeño motor del bote una vez que estuvieran lo bastante lejos como para que nadie los notara.
Rich se hizo cargo de la carretilla cuando Liam iba a echarle mano. Todavía estaban ocultos entre los árboles, así que había tiempo para hablar.
—Yo devolveré esto. Tú encárgate del barco de Bowza. ¿Van a venir tus equipos a hacer la descontaminación esta noche? —preguntó Rich.