Corazón de León (Los Cambiantes Kinkaid nº 1) 10 #2
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—Pero el cambio en su patrón habitual es preocupante —dijo Liam, y luego se dirigió a Colt—. ¿Pudiste ver algo más sospechoso en sus movimientos?

—No con el dron. Puedo pasarte las grabaciones, si tienes algo que pueda mejorarlas. No tenemos un laboratorio de imagen completo aquí por razones obvias —. Colt señaló la habitación, que estaba atestada de ordenadores y otros objetos, incluyendo su equipo de buceo y armas.

—Podemos hacer que nuestros expertos le echen un vistazo —dijo Lester, pensativo—.

También voy a hablar con la unidad extraspecial que acabo de heredar.

Tienen habilidades que ni siquiera conozco, estoy seguro.

Quizá uno de ellos sea capaz de ayudar. Por lo menos, voy a hablar con los videntes de ese grupo.

—¿Videntes? —preguntó Billy, con sorpresa en su tono de voz.

—Sí. Hay dos, y nunca se equivocan. Es lo más asombroso con lo que me he topado jamás, y eso es decir mucho —. Lester sacudió la cabeza, casi como si no terminara de creerse sus propias palabras.

Rich aún no estaba seguro de estos dos Kinkaid, pero hasta ahora habían dado todas las muestras de ser buenos operativos.

Rich decidió que iba a tratar con ellos como lo haría con cualquier otro soldado con el que hubiera trabajado en el pasado e ignorar el apellido compartido y las turbulentas conexiones familiares.

Tenía un trabajo que hacer y aceptaría toda la ayuda posible para lograrlo.

—Espero que vuestros técnicos puedan sacar más de esto que yo —. Colt había copiado las grabaciones del dron en una memoria USB virgen y se la entregó a Liam.

Liam guardó el pequeño dispositivo en el bolsillo de su camisa, abrochando la solapa para no perderlo fácilmente. Pasar datos de esta forma era más seguro que enviarlos electrónicamente, y ya que los hombres estaban allí presentes, era la manera más fiable de hacerlo.

—Muy bien. No creo que podamos hacer mucho más aquí por ahora —dijo Lester, apartándose de su inspección del mapa sobre la mesa—.

Volveremos a la isla y Liam pondrá a los técnicos con el análisis de imagen.

Mientras tanto, consultaré a los videntes y también empezaré a preparar a nuestras tropas.

Liam volverá mañana temprano y continuará la planificación con vosotros si no cambia nada mientras tanto.

Tenemos tres días completos para idear un plan de batalla. Aprovechémoslos al máximo.

Antes de que el padre y el hijo se marcharan, Rich los llevó a dar una vuelta a pie por la zona para que pudieran ver los lugares que habían anotado en los mapas.

Nada como un reconocimiento en persona para ayudar a que un plan no tenga sorpresas inesperadas.

Los mapas estaban bien. Ver la ubicación con los propios ojos era todavía mejor.

Hablaron con rodeos mientras estaban en público, por si acaso alguien los escuchaba.

Finalmente, Rich dejó a sus nuevos amigos en el muelle y ellos subieron a su lancha y se alejaron.

Hicieron un pequeño teatrillo despidiéndose con la mano como harían unos amigos casuales, y Liam sonrió y prometió volver mañana en un tono lo bastante alto como para que la gente del paseo marítimo lo oyera.

Estaban preparando el terreno, Rich lo sabía, pero aun así le molestaba un poco que la familia distanciada de su padre hubiera aparecido en sus vidas en este momento tan crucial.

Rich y sus hermanos habían elegido deliberadamente cambiar de vida.

Se habían retirado, aunque no podían escapar del todo del trabajo que habían realizado durante años.

Habían aceptado trabajar bajo contrato directamente para el Almirante Morrow cuando él se lo pidió porque aún tenían que ganarse la vida, y habían disfrutado utilizando sus habilidades para el bien.

Bajo el mando del Almirante, sabían con certeza que no se les pediría que hicieran nada que estuviera mínimamente fuera de la ley y, de hecho, que podían hacer mucho más bien por el mundo en general mientras todavía fueran lo bastante jóvenes y sus habilidades estuvieran lo bastante afiladas como para marcar una verdadera diferencia.

Eran protectores por naturaleza. Para los tres era importante sentir que estaban contribuyendo en algo a que el mundo fuera un lugar mejor y más seguro.

Acababan de embarcarse en su carrera como contratistas independientes, por así decirlo, y justo entonces aparecieron los Clan Kinkaid.

Rich hizo un ruido de desprecio mientras caminaba de regreso hacia su casa alquilada.

Hacer una pedorreta podía parecer infantil, pero era mejor que la sarta de palabrotas que quería soltar por la boca.

Todavía tenía que mantener su tapadera. Sobre todo sabiendo que el enfrentamiento estaba cada vez más cerca.

Y no era solo un enfrentamiento con secuaces.

No. Esta vez, puede que realmente tuvieran una oportunidad contra la peor de todos los villanos: Elspeth la Destructora.

Joder. Nunca imaginó que pudieran tener una oportunidad contra ella, pero la aprovecharía. Incluso si todos morían en el intento, si conseguían derribarla antes de que recuperara todas sus fuerzas, habrían hecho algo increíblemente bueno con sus vidas.

Por supuesto, prefería que ella muriera y ellos siguieran vivos, pero se conformaría con lo que fuera. Aunque solo evitaran que matara a todas esas buenas señoras del aquelarre y les robara el poder, habrían logrado algo muy, muy bueno.

Cuando regresó a la casa, sus hermanos estaban esperando y, efectivamente, estaban llenos de preguntas sobre los nuevos Kinkaid que habían venido de visita.

Rich respondió lo que pudo, pero no tenía mucho que contar.

Sin embargo, estaba claro que sacar a relucir todo el lío del Clan en este momento los había alterado, y el humor de los tres hermanos estuvo un poco irascible el resto del día.