Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

LIORA

Había pasado una semana desde el ritual en las Montañas Veladas.

El invierno seguía cubriendo el reino, pero el aire ya tenía ese aroma a esperanza que traía el final del año.

La Corte de las Hadas Invernales se preparaba para la última noche del solsticio con una fiesta más íntima y reflexiva que la de Nochebuena.

Luces suaves flotaban por los salones, guirnaldas de acebo y muérdago adornaban las columnas, y el Gran Árbol del Solsticio brillaba con una luz más serena, como si también estuviera listo para cerrar un ciclo.

Rorik y yo habíamos regresado al palacio hacía un día.

La guarida en las Cumbres Eternas estaba en proceso de reconstrucción, pero por ahora, el palacio era nuestro hogar temporal.

El vínculo, completo y sellado entre nosotros era una presencia constante y maravillosa.

Podía sentir sus emociones, su amor, su deseo…

y él podía sentir las mías. La marca en mi cuello —un hermoso diseño de escarcha y dragón entrelazados— brillaba suavemente cuando nos tocábamos. Era irrompible. Eterno.

Esa noche, antes de la fiesta principal, busqué a Ilarian.

Lo encontré en una de las terrazas laterales, mirando la nieve caer. Estaba solo, con una copa de hidromiel en la mano. Su postura era tensa.

— Ilarian —lo llamé suavemente.

Se giró. Su expresión se endureció al verme, pero intentó suavizarla.

— Generala.

Me acerqué y me apoyé en la barandilla a su lado.

— Necesito hablar contigo. De verdad.

Él suspiró y miró hacia la nieve.

— Si es sobre el dragón… no hace falta.

— Sí hace falta —insistí—. Rorik es mi alma gemela.

La maldición ya no está. Ahora siento el lazo completo.

Es… abrumador. Hermoso. Irrompible. Y yo nunca, jamás, te di esperanzas.

Siempre fui clara contigo. Lo siento si te hice daño sin darme cuenta.

De corazón, espero que encuentres a alguien que te haga sentir lo que yo siento ahora. Te lo mereces.

Ilarian se quedó en silencio un rato largo. Cuando habló, su voz estaba ronca.

— Siempre supe que eras inalcanzable. Pero dolía igual. Ver cómo lo miras… cómo él te mira. Duele.

— Lo sé —susurré—. Y lo siento.

Se giró hacia mí. Sus ojos estaban brillantes.

— Solo quiero que seas feliz. Aunque no sea conmigo.

Me abrazó brevemente, un abrazo de despedida lleno de cariño y dolor. Cuando nos separamos, intentó sonreír.

— Ve con él. Yo… intentaré sonreír esta noche.

Regresé al salón principal con el corazón más ligero. Rorik me esperaba cerca del árbol del solsticio. En cuanto me vio, sonrió y me atrajo contra su pecho.

— ¿Estás bien? —preguntó, sintiendo mi emoción a través del lazo.

— Mejor que nunca —respondí, besándolo suavemente.

La fiesta de la Última Noche del Solsticio estaba en pleno apogeo. Luces, música, risas. Lysara brindó por el nuevo año y por las alianzas entre hadas y dragones.

Rorik y yo bailamos bajo las luces flotantes. Su mano en mi cintura, la marca en mi cuello brillando suavemente.

A medianoche, cuando las campanas mágicas sonaron anunciando el nuevo año, Rorik me besó con todo el amor del mundo.

— Feliz año nuevo, mi eterna compañera —susurró.

— Feliz año nuevo, mi dragón —respondí.

Ilarian nos miró desde lejos. Su sonrisa era triste, pero real. Lo estaba intentando.

Y yo, por primera vez en cien años, celebraba el paso del tiempo con alegría.

El futuro era nuestro.