Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

LIORA

El santuario ancestral de las Montañas Veladas era un lugar que parecía sacado de un sueño antiguo.

Una gran plataforma circular de hielo eterno flotaba sobre un abismo profundo, rodeada de picos nevados que se perdían en las nubes.

El cielo estaba completamente despejado, y la aurora boreal danzaba con más intensidad que nunca, como si el propio solsticio estuviera respondiendo a nuestra presencia.

El Corazón de Escarcha descansaba en el centro de la plataforma, brillando con una luz azul pura y pulsante. Su magia se sentía en el aire: un zumbido constante que hacía vibrar mis huesos.

Rorik estaba a mi lado, con expresión solemne. Lysara y los demás se mantenían a una distancia respetuosa, formando un círculo protector. Ilarian, a pesar de su tensión con Rorik, vigilaba el perímetro con sus guerreros.

— Es la hora —dijo Rorik, tomando mi mano.

Nos colocamos en el centro, frente al Corazón. El viento helado azotaba nuestro cabello y ropa, pero el calor entre nosotros era más fuerte.

Rorik sacó una daga ceremonial y se cortó la palma de la mano. La sangre brilló azulada bajo la aurora. Yo hice lo mismo con mi propia daga. Nuestra sangre se mezcló cuando juntamos las manos sobre el Corazón de Escarcha.

La magia explotó.

Sentí un dolor agudo en el pecho, como si la maldición se retorciera dentro de mí como un ser vivo que se niega a morir. Grité, cayendo de rodillas. La sombra negra salió de mi cuerpo en forma de humo denso, luchando contra la luz del Corazón.

— ¡Liora! —gritó Rorik, sosteniéndome.

Su poder se unió al mío. El lazo, ahora más fuerte que nunca, fluyó entre nosotros. Sentí su amor, su determinación, su deseo de protegerme. La luz del Corazón se intensificó, quemando la oscuridad.

El dolor era insoportable. Veía flashes de la noche en que la Dragona Negra mató a mis padres. Sentía la maldición clavándose más profundo, resistiéndose. Pero Rorik no me soltó. Su voz estaba en mi mente, susurrando palabras de amor y fuerza.

Poco a poco, la sombra negra empezó a disolverse. La luz del Corazón la consumía. Sentí cómo la maldición se rompía capa por capa, liberando partes de mí que habían estado atrapadas durante décadas.

Cuando la última hebra de oscuridad desapareció, el lazo se completó.

Fue como si el mundo se iluminara de golpe. Sentí a Rorik en cada parte de mi ser: su amor profundo, su lealtad inquebrantable, su deseo constante. Las lágrimas rodaron por mis mejillas mientras lo miraba.

— Te siento… —susurré, con la voz rota.

Rorik me abrazó con fuerza, besándome bajo la aurora.

— Bienvenida a casa, mi compañera.

El ritual había funcionado. La maldición estaba rota, pero la noche aún no había terminado.