Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

LIORA

El viento cortaba como cuchillos de hielo mientras el grupo avanzaba por el paso montañoso. La nieve caía con fuerza, cubriendo el sendero y haciendo que cada paso fuera un esfuerzo.

Llevábamos tres días de viaje desde el palacio, y el cansancio empezaba a notarse en todos.

Lysara cabalgaba a mi lado, envuelta en una capa gruesa de piel oscura. Ilarian y sus guerreros cerraban la marcha, vigilantes. Y Rorik… Rorik volaba por encima de nosotros en su forma de dragón durante los tramos más difíciles, cargando parte del equipo y vigilando desde el cielo.

Yo llevaba el Corazón de Escarcha en un cofre mágico atado a mi espalda. Podía sentir su poder latiendo contra mi piel, como un segundo corazón que intentaba combatir la sombra negra que aún quedaba dentro de mí.

— ¿Cómo te sientes? —me preguntó Lysara en voz baja, acercando su caballo al mío.

— Cansada —admití—. Pero sobre todo… nerviosa. Si el ritual falla…

No terminé la frase. Lysara puso una mano en mi brazo.

— No fallará. No con Rorik a tu lado. He visto cómo os miráis. Ese lazo es real, Liora. Incluso con la maldición.

Miré hacia arriba. Rorik volaba en círculos, sus escamas blancas y plateadas brillando bajo la luz débil del sol de invierno. Era majestuoso. Imponente. Y mío. Aunque mi mente aún no lo aceptara del todo, mi cuerpo y mi magia ya lo sabían.

Esa noche acampamos en una cueva grande protegida del viento. Los guerreros encendieron fuegos y montaron guardias. Rorik volvió a su forma humana y se sentó a mi lado, cerca del fuego. Su presencia era cálida, reconfortante.

— Ven —murmuró, tirando de mí para que me sentara entre sus piernas, con la espalda contra su pecho.

Me rodeó con los brazos. El calor de su cuerpo contrastaba con el frío de la noche. Apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos un momento.

— Tengo miedo —confesé en voz baja, solo para él.

Sus brazos se apretaron a mi alrededor.

— Lo sé. Yo también. Pero no estás sola. Nunca más.

Me giré entre sus brazos y lo besé. El beso nació más del miedo que del deseo y, cuando me separé, apoyé la frente contra la suya.

—Rorik… si mañana sale mal…

—No conviertas esta noche en una despedida.

Tragué saliva. Durante casi cien años había vivido esperando la siguiente Nochebuena para recordar lo que había perdido. Ahora estaba a unas horas de enfrentarme a la maldición y seguía preparándome para perder otra vez.

Rorik me llevó un poco más adentro de la cueva, lejos del ruido, y me pidió que le contara algo de mis padres que no tuviera que ver con su muerte.

La pregunta me dejó muda. Tuve que buscar detrás de la sangre sobre la nieve hasta encontrar a mi madre riéndose porque yo había congelado una jarra de hidromiel; a mi padre enseñándome a sostener una lanza demasiado grande; a los dos discutiendo sobre quién colocaba la estrella del árbol.

Los recuerdos llegaron uno detrás de otro y Rorik solo escuchó.

Entonces comprendí que la maldición no solo había convertido el Solsticio en una herida: había reducido toda la vida de mis padres a la noche en que murieron.

—Quiero recordarlos así —susurré—. No quiero que esa bruja se quede también con eso. Rorik besó mis nudillos.

—Entonces no se lo permitas. Mañana romperemos su maldición. Pero esto ya se lo has quitado tú.

Volví a acomodarme contra su pecho. Seguía teniendo miedo, pero aquella noche dormí unas horas y soñé con una mesa iluminada, una jarra convertida en hielo y la risa de mis padres antes de que el invierno aprendiera a doler.

— Te amo —susurró contra mi pelo.

Y por primera vez, yo también lo sentí.

El resto del viaje fue duro, pero lo anduvimos juntos.

Sabíamos qué buscábamos, sabíamos por qué hacíamos esto.

Para eliminar mi maldición. Rorik cree que de verdad lo vamos a lograr, en el lugar correcto, uniendo nuestra sangre, la sangre de los compañeros predestinados. Poético para eliminar una maldición que fue concebida, precisamente, con ese objetivo.

Cuando finalmente llegamos a las Montañas Veladas, el santuario ancestral nos esperaba bajo un cielo lleno de auroras.