Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

LIORA

El rugido de Vorath sacudió los cimientos del palacio. El Dragón Rojo era enorme, escamas carmesí brillantes como sangre fresca, ojos amarillos llenos de codicia y odio. Sus alas oscurecían la aurora boreal mientras descendía sobre el salón principal.

— ¡El Corazón de Escarcha es mío! —bramó con su voz como lava hirviendo—. Y esta noche acabaré con la magia del solsticio.

El caos era total. Invitados corrían, guerreros formaban líneas de defensa. Lysara brillaba con magia protectora, creando barreras de luz.

Yo agarré mi lanza con fuerza. Rorik, a mi lado, ya había transformado parcialmente sus alas.

— Juntos —dijo él, mirándome.

— Juntos —respondí.

Vorath lanzó una oleada de fuego negro que derritió parte del techo. Rorik contraatacó con un aliento de hielo puro que congeló las llamas en el aire. Yo corrí hacia adelante, lanzando una ráfaga de escarcha afilada que cortó varias de sus escamas.

El Dragón Rojo se rio.

— Una hada y un traidor. Qué pareja tan patética.

La batalla se volvió brutal. Vorath era poderoso, pero Rorik y yo luchábamos en perfecta sincronía. Yo creaba plataformas de hielo para que Rorik ganara altura, él congelaba el suelo para que yo me moviera más rápido.

En un momento, Vorath me lanzó una garra. Rorik se interpuso, recibiendo el golpe en su ala. Rugió de dolor, pero contraatacó con furia, clavando sus garras en el costado de Vorath.

Yo aproveché la distracción y salté sobre el lomo de Vorath, clavando mi lanza en una articulación vulnerable. El dragón rugió y se sacudió, lanzándome por los aires.

Rorik me atrapó en pleno vuelo.

— ¿Estás bien? —preguntó, con voz preocupada.

— Sigue luchando —respondí, besándolo brevemente en medio del caos.

La conexión entre nosotros era palpable. El lazo, aunque bloqueado por la maldición en mí, parecía amplificar nuestra coordinación.

Vorath se enfureció aún más.

— ¡Esa magia del solsticio será mía!

El clímax llegó cuando Vorath reveló el Corazón de Escarcha robado, brillando con una luz corrupta en sus garras.

— ¡Con esto destruiré el equilibrio!

Rorik y yo atacamos al mismo tiempo. Yo creé una tormenta de hielo que cegó al Rojo, Rorik se lanzó con todo su poder ancestral. En un movimiento coordinado, logramos arrancarle el artefacto.

El Corazón de Escarcha cayó en mis manos. Su magia pura me recorrió, chocando contra la maldición negra dentro de mí. Por un segundo sentí un alivio inmenso… pero la maldición resistió.

Vorath, herido y furioso, huyó hacia el cielo prometiendo venganza.

— Esto no ha terminado.

El salón quedó en ruinas, pero la fiesta —y el solsticio— se salvó.

Rorik me abrazó fuerte en medio de los escombros y las luces navideñas que aún brillaban.

— Lo hicimos, hadita.

Yo miré el Corazón de Escarcha en mis manos. La maldición aún estaba allí… pero ahora sabía que podíamos romperla.