CAPÍTULO 11
LIORA
El beso se volvió salvaje. Mis manos se enredaban en su pelo, mi cuerpo se apretaba contra el suyo como si tuviera miedo de que desapareciera. Rorik gruñó contra mi boca, sus manos bajaron por mi cintura, apretándome con fuerza.
—Liora... —jadeó, separándose lo justo—. Aquí no. Nos van a ver.
Tenía razón. Estábamos en un balcón del palacio, cualquiera podía asomarse.
—Entonces llévame lejos —susurré contra sus labios, sin pensar en las consecuencias.
Rorik me miró con los ojos brillantes de deseo y algo más profundo. Dio un paso atrás.
—Como quieras, hadita.
La transformación fue impresionante.
Su cuerpo se arqueó. Los tatuajes de escarcha en su piel brillaron con intensidad cegadora.
Los huesos crujieron y se alargaron, la piel se le cubrió de escamas iridiscentes de un blanco glacial profundo con vetas plateadas.
Un par de alas enormes se desplegaron, membranosas y poderosas, los bordes de las mismas parecían estar hechos de hielo tallado.
Su cuello se alargó, la cabeza se volvió majestuosa con cuernos curvados como coronas de escarcha, y sus ojos siguieron siendo de ese azul intenso que me quitaba el aliento.
El dragón que tenía delante era magnífico. Enorme, pero elegante. No monstruoso. Era belleza pura y poder abrumador.
Me quedé sin palabras.
Rorik bajó la cabeza, ofreciéndome su lomo.
Subí, temblando de emoción y miedo. Me agarré a las crestas de sus escamas, que eran sorprendentemente cálidas.
RORIK
Sentí su peso ligero sobre mí y el lazo rugió de satisfacción. Desplegué las alas y me lancé al cielo nocturno.
Volamos bajo la aurora boreal. La nieve caía suavemente a nuestro alrededor mientras sobrevolábamos los bosques nevados. Liora se aferraba a mí con fuerza, su cuerpo pegado a mis escamas. Podía sentir su corazón latiendo acelerado.
La llevé hasta mi territorio, a una zona oculta, una zona de montañas y valles que pocos conocían. Descendí con cuidado hacia una cueva escondida en la ladera de una montaña.
LIORA
Bajamos dentro de la cueva. Era mágica.
Setas y líquenes bioluminiscentes cubrían las paredes y el techo, emitiendo una luz suave azul y verde que lo iluminaba todo como si estuviéramos dentro de una joya viva.
En el centro había varias piscinas termales naturales, con agua cristalina que humeaba lentamente.
El vapor creaba un ambiente cálido y acogedor que contrastaba con el frío exterior.
—Esto es precioso, Rorik... —susurré, mientras bajaba de su lomo.
Él volvió a transformarse. La transición fue igual de impresionante, pero en sentido inverso. En segundos, el dragón desapareció y volvió a estar frente a mí el hombre. Desnudo de cintura para arriba, con la marca de la Promesa Sagrada aún sangrando ligeramente en su pecho.
Me miró con hambre pura.
—Ahora sí —dijo con la voz ronca—. Aquí nadie nos va a interrumpir.
No esperé. Me lancé a sus brazos otra vez y lo besé con desesperación. Rorik me levantó sin esfuerzo, mis piernas rodeando su cintura mientras caminaba conmigo hacia una de las piscinas termales.
El agua estaba caliente, perfecta. Me quitó el vestido con magia y cuidado, dejándolo flotar a un lado. Sus manos recorrieron mi piel desnuda, explorando cada curva.
—Eres perfecta —murmuró contra mi cuello, besando y mordiendo con suavidad—. Mi hadita.
Lo empujé contra la pared de la piscina, el agua llegaba hasta nuestras cinturas. Mis manos bajaron por su torso, rozando deliberadamente la marca de la Promesa Sagrada. Él gruñó y me apretó más contra él.
Sentí su erección, dura y caliente contra mí.
—Rorik... —jadeé.
Él me levantó más, colocándome sobre su regazo en el borde de la piscina. Sus dedos exploraron entre mis piernas, encontrándome ya húmeda y lista.
—Tan mojada para mí... —susurró con satisfacción.
Lo besé más fuerte, moviéndome contra su mano. El placer era intenso, abrumador. La magia del Solsticio parecía amplificarlo todo.
RORIK
Su aroma, sus gemidos, la forma en que se movía... estaba perdiendo el control. La penetré lentamente con los dedos, preparándola, mientras mi boca bajaba por su cuello hasta sus pechos.
Liora arqueó la espalda, gimiendo mi nombre. Era lo más hermoso que había visto nunca.
—Te necesito —susurré contra su piel—. Ahora.
Ella asintió, desesperada.
LIORA
Lo sentí empujar dentro de mí lentamente, centímetro a centímetro, abriéndome, llenándome por completo. Era grueso, caliente, y mi cuerpo se tensó alrededor de él como si quisiera absorberlo entero. Un gemido largo y roto escapó de mi garganta cuando finalmente se hundió hasta el fondo.
—Rorik... —jadeé, clavando las uñas en sus hombros.
Él gruñó contra mi cuello, conteniéndose. Sus manos me sujetaban firmemente por las caderas, manteniéndome exactamente donde él quería.
—Tan estrecha... tan perfecta —susurró con la voz ronca.
Empezó a moverse. Primero despacio, sacando casi todo para volver a entrar profundo, rozando ese punto dentro de mí que hacía que viera estrellas. Cada embestida era deliberada, controlada, como si estuviera saboreando cada segundo de estar dentro de mí.
El agua caliente de la piscina termal chapoteaba alrededor de nuestros cuerpos. El vapor subía en nubes, mezclándose con nuestros jadeos. La luz azul-verdosa de los líquenes y setas iluminaba su piel húmeda, haciendo que sus tatuajes de escarcha brillaran.
Aumentó el ritmo. Sus caderas chocaban contra las mías con más fuerza, más rápido. Cada vez que entraba hasta el fondo, un grito ahogado salía de mis labios. Sentía cómo me estiraba, cómo me llenaba completamente, cómo rozaba todos los puntos sensibles de mi interior.
—Más... —supliqué, moviéndome contra él, desesperada por más fricción.
Rorik soltó una maldición baja y me levantó un poco más, cambiando el ángulo. Ahora cada entrada y salida golpeaba exactamente donde yo más lo necesitaba. El placer era brutal, creciente, como una ola que se iba formando en lo más profundo de mi vientre.
Mis paredes internas se apretaban alrededor de su miembro con cada entrada, como si no quisieran dejarlo salir nunca. Podía sentir cada vena, cada pulso suyo dentro de mí. El calor de su cuerpo, el agua templada y aire fresco de la cueva formaban una combinación excitante.
RORIK
Estaba perdiendo el control. Liora estaba increíblemente apretada, caliente y resbaladiza alrededor de mí. Cada vez que me hundía en ella, su interior se contraía como si quisiera ordeñarme. Sus gemidos eran música. Su cuerpo temblaba entre mis brazos.
Aumenté el ritmo, embistiéndola con fuerza, profundo y rápido. El sonido húmedo de nuestros cuerpos chocando se mezclaba con el chapoteo del agua y sus gritos de placer.
Sus pechos rebotaban con cada empuje. Bajé la cabeza y capturé uno de sus pezones con la boca, chupando y mordiendo suavemente mientras la penetraba sin piedad.
—Rorik... ¡Sí! ¡Ahí... no pares! —gritaba ella con la voz rota.
Sentí como su interior empezaba a contraerse con más fuerza. Estaba cerca. Muy cerca.
LIORA
Mi orgasmo se estaba construyendo como una tormenta. Cada embate de Rorik me empujaba más cerca del borde. Sentía cómo la tensión se acumulaba en mi bajo vientre, cómo mis muslos temblaban, cómo mi respiración se volvía irregular.
—Rorik... voy a... voy a... —mivoz salió rota, no pude terminar la frase.
Él gruñó y me tomó aún más fuerte, profundo, sin piedad. Sus manos me sujetaban con fuerza, impidiéndome escapar del placer.
—Córrete para mí, hadita. Córrete alrededor de mi pene.
La oleada llegó de golpe.
Mi orgasmo explotó con una intensidad que nunca había sentido.
Grité su nombre mientras mi cuerpo se convulsionaba violentamente alrededor de él.
Mis paredes internas se apretaban y relajaban en espasmos rítmicos, ordeñándole, intentando absorberlo más profundo.
Las olas de placer me recorrieron una tras otra, robándome el aire, haciéndome ver blanco detrás de los párpados.
Mi cuerpo entero temblaba descontrolado.
RORIK
Sentirla correrse alrededor de mí fue mi perdición.
Su sexo se contrajo con fuerza a mi alrededor, apretándome como un puño caliente y húmedo.
El placer me golpeó como un rayo. Con un rugido gutural me hundí hasta el fondo una última vez y me vacié dentro de ella.
Sentí como mi semen brotaba en chorros calientes, llenándola, marcándola por dentro mientras yo seguía moviéndome en espasmos irregulares, prolongando nuestro placer compartido.
Terminamos juntos, a la vez. Sus contracciones y las mías se mezclaron en una danza caótica y perfecta. El placer fue tan intenso que por un segundo perdí la noción del tiempo y el espacio. solo existíamos nosotros dos, unidos, temblando, jadeando.
Cuando los últimos estertores nos abandonaron me desplomé contra ella, sosteniéndola con fuerza para que no se cayera al agua. Liora tenía la cabeza apoyada en mi hombro, temblando aún con pequeños espasmos residuales.
LIORA
Nunca había sentido nada igual. El orgasmo seguía latiendo débilmente dentro de mí. Podía sentir el esperma caliente de Rorik dentro de mí, mezclándose con mis propios fluidos. Era obsceno. Era perfecto.
Levanté la cabeza y lo miré. Sus ojos azules estaban oscuros de deseo satisfecho, pero también de algo mucho más profundo.
—Esto... —empecé, sin saber qué decir.
Rorik me besó suavemente en los labios, todavía dentro de mí.
—Esto es solo el principio, Liora.
Nos quedamos un rato más abrazados en el agua caliente, con nuestros cuerpos aún unidos. El vapor subiendo a nuestro alrededor mientras la primera noche del solsticio seguía su curso fuera de la cueva.