Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

LIORA

El balcón estaba cubierto por una fina capa de nieve fresca. La aurora boreal danzaba en el cielo, pintando todo de verdes y púrpuras mágicos. Me apoyé en la barandilla, intentando recuperar el aliento y secarme las lágrimas que aún caían.

Rorik me siguió en silencio. No se acercó demasiado, pero tampoco se fue.

—Liora... —empezó con voz suave.

—No —lo corté—. No digas nada. No quiero oír más mentiras esta noche.

Él dio un paso hacia mí.

—No son mentiras. Uno de mis poderes como dragón es conocer el nombre verdadero de las personas y el otro es ver sus auras. Cuando te vi por primera vez en el bosque... supe tu nombre. Y vi tu aura.

Me giré lentamente.

—¿Mi aura?

—Tienes una luz increíble, Liora. Brillante, fuerte, como la escarcha bajo la luna llena. Pero hay algo envolviéndola. Un aura negra, densa, como humo venenoso. Es la maldición  que te otorgaron. Por eso no puedes sentir el lazo. Por eso no puedes reconocerme como tu compañero.

Lo miré fijamente, el corazón latiéndome con fuerza.

—¿Compañeros? —repetí con amargura—. Nunca se ha sabido de un dragón y un hada que sean compañeros. Nunca.

—Lo sé —admitió él—. No se conoce. Apenas nos mezclamos. Pero existe. Y tú y yo... somos la prueba.

Se arrodilló frente a mí, justo allí en la nieve del balcón.

Con una garra que apareció en la punta de su dedo, se hizo un corte profundo en el pecho, sobre el corazón. Su sangre brilló azulada bajo la aurora.

—Juro por mi sangre y por mi magia ancestral que romperé esa maldición. Cueste lo que cueste. Te doy mi Promesa Sagrada.

Me quedé sin aliento.

—¿Qué haces? ¡Estás loco! —grité, acercándome para detenerlo—. Si no lo consigues... ¡quedarás maldito tú también! o podrías morir. ¡Una Promesa Sagrada no se puede romper!

Rorik me miró desde abajo, con la sangre corriendo por su pecho.

—Lo sé, hadita. Es lo único que tengo para que me creas.

Se levantó lentamente y me agarró de la cintura con firmeza, atrayéndome contra su cuerpo. Su calor contrastaba brutalmente con el frío de la noche.

—Aunque no puedas sentir el lazo... —susurró contra mis labios—, ¿no notas algo especial en mí?

Lo besé.

Lo besé con rabia, con dolor, con todo lo que llevaba décadas guardando. Mis manos se enredaron en su cabello, mi cuerpo se pegó al suyo. El beso se volvió más profundo, más desesperado. Sentí sus manos bajar por mi espalda, apretándome contra él.

Rorik gruñó contra mi boca.

—Liora... si seguimos así... no voy a poder parar.

No le hice caso. Lo besé más fuerte, mordiendo su labio inferior. El calor entre nosotros era insoportable. La nieve caía a nuestro alrededor, pero yo solo sentía fuego.

RORIK

Su sabor, su olor, su cuerpo contra el mío... estaba perdiendo el control. El lazo rugía. Mi autocontrol se estaba desmoronando.

Pero no la detuve.

Porque ella, por primera vez, me estaba besando de verdad.

Y esta primera noche del Solsticio, bajo la aurora boreal y la Promesa Sagrada, todo acababa de cambiar.