Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

LIORA

La sala privada de Lysara era más tranquila, aunque todavía se filtraba el bullicio de los preparativos de la fiesta desde el pasillo.

Guirnaldas de luz flotaban suavemente cerca del techo y el aroma a canela y pino era casi abrumador.

Lysara se sentó en su trono pequeño y elegante, mirándonos a los dos con atención.

—Contadme todo.

Rorik habló primero, con voz grave y controlada. Le explicó el ataque de Vorath, el robo del Corazón de Escarcha y cómo los draconianos habían aparecido en las lindes del bosque. Yo añadí lo que sabía: que el equilibrio del solsticio estaba en peligro.

Lysara escuchó en silencio. Al final asintió.

—Entonces esta noche es más importante de lo que pensaba. Liora, como inminente Generala da las órdenes que consideres necesarias. ¡Oficiales!

Varios oficiales se personaron en la sala en cuestión de segundos.

Me puse recta. Aunque todavía no me habían nombrado generala oficialmente, ya sentía el peso del cargo. Me dirigí a los oficiales.

—Quiero que se refuercen todas las patrullas esta noche. Doble guardia en las fronteras del bosque y alrededor del palacio. Nadie quiere sustos durante la fiesta. Y mantened los ojos bien abiertos por si aparece algún draconiano más.

RORIK

Mientras Liora daba órdenes, noté cómo algunos guerreros presentes en la sala la miraban con respeto y uno de ellos... con algo más.

Un capitán joven, de cabello castaño y ojos dorados, alto y guapo a su manera. Se llamaba Ilarian. Su postura era rígida y sus ojos no se apartaban de Liora ni un segundo. Cuando me miró a mí, su mirada se endureció.

LIORA

Terminé de dar las instrucciones y me giré hacia Lysara.

—Eso es todo por ahora, princesa. Nos veremos en la fiesta.

Estaba a punto de marcharme cuando Ilarian dio un paso adelante.

—Generala —dijo con la voz tensa—, ¿de verdad vamos a permitir que un dragón camine libremente por el palacio esta noche?

Me detuve. Rorik, a mi lado, se tensó como una cuerda de arco.

RORIK

El capitán se plantó frente a mí, mirándome de arriba abajo con claro desprecio.

—Los dragones no son bienvenidos aquí. Y menos uno que aparece herido justo antes de la noche más importante del año. ¿Cómo sabemos que no es un espía de ese Vorath?

Di un paso adelante, plantándome frente a él.

—Yo mismo te lo he contado todo —respondí con una calma peligrosa—. Si quisiera hacer daño, ya lo habría hecho.

Ilarian soltó una risa seca y se giró hacia Liora.

—¿Y tú confías en él? ¿Después de lo que pasó con tu familia? ¿Con esa bruja negra?

LIORA

La rabia subió por mi garganta como fuego helado.

—No necesito que nadie me recuerde lo que pasó con mi familia, capitán —respondí con voz cortante—. Y mucho menos necesito que un guerrero celoso cuestione mis decisiones delante de toda la sala.

Ilarian dio un paso más hacia mí, ignorando por completo a Rorik.

—Liora, tú y yo hemos luchado juntos durante años, hemos ... ya sabes... solo quiero protegerte. Un dragón no es de fiar. Especialmente no lo es este.

Rorik soltó un gruñido bajo, casi inaudible. El aire se cargó de testosterona.

—Ella no necesita tu protección —dijo Rorik con voz baja y amenazante—. Y si vuelves a hablarle en ese tono, te mostraré exactamente de qué soy capaz aunque esté herido.

Ilarian se giró hacia él, la mano cerca de la empuñadura de su espada.

—¿Me estás amenazando, lagarto?

Eso fue demasiado.

—¡Basta los dos! —grité, plantándome entre ellos—. ¡No estoy aquí para que dos machos se midan las...alas! Soy una guerrera, no una damisela que necesita que la defiendan como si fuera un trofeo de cristal. Ilarian, tú tienes tus órdenes. Cúmplelas. Y tú —me giré hacia Rorik—, no hables por mí.

Me di la vuelta, furiosa, y salí de la sala a grandes zancadas. La gente que ultimaba los detalles de la fiesta se apartó al verme pasar con esa expresión de tormenta.

RORIK

La seguí sin pensarlo dos veces, como un cachorro regañado. Me dolían las heridas, pero el lazo tiraba de mí con más fuerza que el dolor. La alcancé en uno de los pasillos laterales, donde las luces decorativas del solsticio brillaban suaves.

—Liora...—empecé.

Ella se detuvo, pero no se giró.

—No quiero oírlo—dijo con la voz tensa.

Di un paso más cerca, bajando la voz.

—Solo quería protegerte.

Finalmente se giró. Sus ojos brillaban con rabia y... algo más.

—Yo me protejo sola, Rorik. Siempre lo he hecho. Y no necesito que ni un dragón ni un capitán celoso decidan por mí.

Me quedé allí mirándola, sintiendo como el lazo entre nosotros latía con fuerza.

—Lo sé —admití en voz baja—. Y lo siento.

Por un segundo su expresión se suavizó un poco.

—Vamos —dijo al fin, con menos rabia—. La fiesta va a empezar pronto. Y tenemos que estar listos y atentos.

Caminé a su lado en silencio, como un perro fiel que acaba de recibir un buen rapapolvo. Pero por dentro, el lazo solo se hacía más y más fuerte.