Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

LIORA

Llegamos al Palacio de Cristal Eterno antes de que comenzara la fiesta. Quería hablar con Lysara a solas, explicarle la situación del Dragón Rojo y el Corazón de Escarcha antes de que todo el mundo nos viera.

Pero en cuanto cruzamos las grandes puertas, supe que mi plan había fallado estrepitosamente.

Lysara estaba en medio del salón principal, supervisando los últimos detalles. Guirnaldas luminosas flotaban por todas partes, el gran árbol del solsticio brillaba con miles de luces mágicas y el aroma a hidromiel y dulces navideños llenaba el aire. En cuanto nos vio se quedó congelada.

Yo, arreglada con ese vestido de escarcha que Rorik había creado. Y a mi lado, él.  Tremendo espécimen masculino. Alto, imponente, con esa ropa a juego con la mía que resaltaba cada línea de su cuerpo poderoso.

—Liora... —susurró Lysara, acercándose con los ojos muy abiertos—. Estás... preciosa. Y... acompañada.

Miró a Rorik de arriba abajo sin disimulo.

RORIK

La princesa nos observaba con curiosidad, pero sin miedo. Interesante.

—Soy Rorik —me presenté con una inclinación respetuosa de cabeza—. Guardián de las Montañas Veladas.

Lysara sonrió.

—Si mi futura Generala confía en ti lo suficiente como para traerta aquí, yo también confío.

LIORA

—¿Confiar? —solté una risa incrédula—. ¿Quién ha dicho que confío en él?

Rorik se inclinó ligeramente hacia mí, tan cerca que su aliento rozó mi oreja.

—Al parecer estás confiando en mí... hadita —susurró solo para mis oídos.

Me tensé. Ese apelativo cariñoso me ponía la piel de gallina.

Entonces se acercó aún más, su voz convertida en un ronroneo peligroso:

—Me gustaría ver tus delicadas alas... nunca he visto unas.

El rubor subió por mi cuello como fuego. Las alas de un hada eran algo extremadamente íntimo. Solo se mostraban a personas de absoluta confianza... o amantes.

—Sabes lo que me acabas de pedir, ¿verdad? —respondí en voz baja, pero temblorosa.

—Hadita... me lo pones muy difícil.

Podía sentir su mirada recorriéndome. Y sabía, por la forma en que inhaló profundamente, que estaba oliendo lo que mi cuerpo estaba traicionando.

RORIK

Su aroma era embriagador. Dulce, húmedo, cada vez más intenso. Mi autocontrol estaba colgando de un hilo. El vínculo rugía dentro de mí.

—Hueles que alimentas... —susurré contra su oreja—. Al final tendré que cogerte y llevarte volando a algún lugar privado.

LIORA

Me ardía la cara. El calor entre mis piernas era insoportable.

—¡No harás tal cosa! —respondí, casi sin aliento.

Rorik sonrió con esa arrogancia dragontina que me volvía loca.

—Entonces deja de mojarte para mí.

—¡Entonces deja de provocarme! —grité, alzando la voz sin darme cuenta.

Todo el salón se quedó en silencio. Las hadas que estaban ultimando los detalles de la fiesta, los músicos, los sirvientes... todos nos miraron.

Lysara levantó una ceja, claramente divertida y sorprendida.

Me quedé helada, con la respiración agitada y el corazón latiéndome en los oídos. Miré a la princesa, mortificada.

—Lysara... tenemos que contarte algo importante antes de que empiece la fiesta.

Lysara asintió, aunque sus ojos brillaban con mil preguntas.

—Por supuesto. En mi sala privada. Ahora.

Mientras caminábamos detrás de ella, sentí la presencia de Rorik a mi lado como un fuego constante. Su mano rozó ligeramente la parte baja de mi espalda, un toque apenas perceptible.

Y yo, por primera vez en décadas, no me aparté.