Corazón de Escarcha (Cuentos del Solsticio 1) CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

LIORA

El amanecer del Primer día del Solsticio tiñó el bosque de tonos rosados y dorados. Había pasado la noche en vela, sentada junto a la ventana, vigilando tanto al dragón herido como cualquier señal de peligro. Mis músculos estaban destrozados.

Rorik se había levantado. Todavía vendado, pero con mejor color. Estaba de pie junto a la chimenea, observando cómo las primeras luces de la celebración del solsticio empezaban a encenderse a lo lejos, en dirección al palacio.

—Deberíamos ir a la fiesta esta noche, juntos —dijo de pronto, sin preámbulos.

Lo miré como si se hubiera vuelto completamente loco.

—¿Cómo se te ocurre? ¿Presentarme en la corte con un dragón? Estás delirando por la fiebre.

RORIK

Sonreí a pesar del dolor. Su reacción era exactamente la que esperaba.

—No estoy delirando. Tienes que ir, Liora.

No solo por tu ascenso a Generala. Vorath atacó mi hogar y robó el Corazón de Escarcha.

La corte debe saberlo. Si logra averiguar cómo usar ese artefacto, el solsticio se desequilibrará.

Tu bosque, tu gente... ¡Qué digo! Todo el Bosque Fei sufrirá las consecuencias. Y yo debo estar allí para contarlo.

Ella cruzó los brazos, la furia volviendo a encender sus ojos.

—No necesito que un dragón me diga cuáles son mis deberes. Y mucho menos pienso llevarte como... ¿acompañante? Estás loco.

LIORA

Estaba a punto de seguir gritándole cuando el suelo tembló.

Un rugido gutural rompió la quietud del bosque.

De entre los árboles surgieron cinco criaturas horribles: draconianos. Mestizos creados con magia oscura, deformes, mitad dragón mitad algo peor. Escamas irregulares, alas atrofiadas que no les servían para volar, garras retorcidas y ojos amarillos llenos de hambre. Esbirros de Vorath, sin duda.

—¡Maldición! —gruñí, agarrando mi lanza.

RORIK

—¡Detrás de ti! —grité.

Dos draconianos cargaron contra Liora. Yo me lancé hacia los otros tres, ignorando el dolor de mis heridas. Mi magia de hielo estalló en forma de dagas congeladas, pero estaba débil. Uno de los engendros me golpeó en el costado, abriendo una de las heridas.

Entonces la vi combatir.

LIORA

Me moví como el invierno mismo: rápida, letal, precisa.

La lanza giró en un arco de escarcha brillante, cortando la garganta de uno de los draconianos.

Salté sobre el segundo, clavándole la punta en el pecho mientras invocaba hielo alrededor de sus patas para inmovilizarlo.

Giré, esquivé un zarpazo y le atravesé el cráneo al tercero.

La sangre salpicó la nieve. Mi respiración era agitada, pero me sentía viva. Furiosa. Libre.

Miré hacia Rorik. Había matado a uno y herido gravemente al otro, pero sangraba de nuevo.

Nuestras miradas se cruzaron un segundo. Había admiración pura en sus ojos.

Terminé con el último draconiano con un grito de rabia, clavándole la lanza hasta el fondo.

El bosque volvió a quedar en silencio, salvo por nuestras respiraciones agitadas.

RORIK

Me quedé impresionado. No solo era hermosa. Era letal. Una guerrera de verdad. El lazo latió con más fuerza dentro de mí.

—Eres extraordinaria —dije, jadeando.

Ella se giró hacia mí, todavía con la lanza en la mano y sangre enemiga en la ropa. Sus ojos brillaban con una mezcla de adrenalina y conflicto.

—No digas ni una palabra más —advirtió.

Pero ambos sabíamos que ya no podía negarse a ir conmigo a la fiesta de inauguración del Solsticio.

LIORA

Me limpié la sangre de la cara con el dorso de la mano.

Los draconianos nunca venían solos. Vendrían más.

Y si Vorath estaba detrás de todo esto, la corte tenía que saberlo.

De todo el Bosque Fei somos los más cercanos al antiguo territorio montañoso de los dragones, somos la primera defensa del Bosque Fei.

Solo nos separa de ellos el Río de Plata.

Miré a Rorik. Herido, pero de pie. Un dragón en mi bosque. Mi enemigo natural.

Y, sin embargo, había luchado a mi lado.

—Está bien —dije finalmente, con la voz llena de resignación y rabia—. Iré a la maldita fiesta. Y tú vendrás conmigo. Pero como testigo, no como... lo que sea que crees que somos. En cuanto termines de hablar, te vas. ¿Entendido?

Rorik asintió, pero en sus ojos había una chispa de esperanza que me aterrorizó.

—Entendido.

Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la cabaña para curarlo de nuevo. La Noche del Solsticio se acercaba. Mi centésimo cumpleaños. El anuncio de mi ascenso a Generala.

Y yo iba a presentarme en la Corte Fei más importante del año acompañada de un dragón.

El espíritu del Solsticio definitivamente se estaba burlando de mí