Capítulo 19
CAPÍTULO DIECINUEVE
Era el día libre de Sara e Izzy había sido asignada al doctor Trevor Hoffman.
Era más cercano a su edad, con el pelo oscuro y caído, una estructura ósea impresionante y ojos color avellana.
Si a Izzy le gustaran los hombres… el doctor Hoffman habría sido su tipo.
Aunque el doctor Hoffman era un poco capullo.
Era extremadamente estricto en cómo llevaba las cosas.
Por suerte para ella, Izzy ya había trabajado con él unas cuantas veces y era capaz de estar a la altura de las exigencias de su adjunto.
Lo seguía por el pasillo; acababan de pasar a ver a la señora Díaz, a la que le habían puesto un marcapasos y estaba perfectamente. El busca de él vibró, y se detuvo. Izzy hizo lo mismo. Él lo miró y se giró hacia Izzy.
—Vamos a urgencias —dijo—. Tenemos un paciente que ha entrado con una supuesta parada cardíaca.
—Entendido —dijo Izzy, siguiéndolo hasta urgencias.
Desde su ruptura con Cara, Izzy se había volcado en el trabajo.
Seguía sin saber cuál iba a ser su decisión, y le quedaban unas semanas antes de tener que tomar la definitiva.
Echaba de menos a Cara cada día, arrepintiéndose profundamente de lo que había pasado entre las dos al final.
Todavía quería arreglarlo… pero Cara nunca le había devuelto ninguna de sus llamadas.
Por suerte, había conseguido aclarar las cosas con Sara y lo habían achacado a una mala interpretación de señales.
Traducido más o menos, aquello significaba que Izzy no diría nada y su carrera seguiría adelante sin obstáculos.
Sara sí parecía sinceramente arrepentida, y le había asegurado que no tenía ni idea de qué le había dado y que nunca antes había pasado nada parecido.
Desde entonces, Izzy se centraba únicamente en mantener la cabeza apartada de Cara.
Izzy había visto a Cara un par de veces al otro extremo del servicio desde entonces, pero, respetando los evidentes deseos de Cara, se había mantenido lejos. Izzy ni siquiera había pedido que le devolvieran la ropa que había dejado en casa de Cara.
Jack le había dicho que Cara estaba bien, en todo caso; que intentaba volver a ser la de siempre. Izzy se alegraba por ella. Se alegraba de que Cara intentara ser feliz. A pesar de todo, seguía queriendo lo mejor para ella.
El doctor Hoffman abrió camino hacia urgencias. Cuando cruzaron las puertas batientes, vieron un mar de enfermeras y médicos de urgencias apiñados sobre la cama.
—¿Qué tenemos? —preguntó el doctor Hoffman al entrar en la sala, con Izzy siguiéndolo de cerca.
—Varón de sesenta y cuatro años con parada cardíaca. Los sanitarios dicen que no tenía pulso cuando lo encontraron. Después de varias rondas de reanimación, lo recuperó. En el trayecto al hospital, volvió a perderlo —dijo el médico de urgencias—. Estábamos pensando…
No llegaron a averiguar lo que pensaba el médico de urgencias. Las máquinas de alrededor empezaron a pitar sin parar. Bastó una mirada al monitor cardíaco para ver que el hombre estaba en fibrilación auricular. El doctor Hoffman entró en acción.
—Traed las palas —le indicó a una de las enfermeras, que sacó el desfibrilador del armario. Se preparó deprisa y le entregaron las palas al doctor Hoffman—. ¡Fuera! —gritó, y todos se apartaron.
Cuando todos se apartaron, Izzy pudo ver bien al paciente. Le costó una fracción de segundo encajarlo, esforzándose por reconocer aquella cara familiar. Cayó en la cuenta. Era Russ. Era el padre de Cara.
El doctor Hoffman le dio una descarga, pero Russ seguía en fibrilación.
—¡Fuera! —gritó, dándole otra descarga. Todos vieron cómo su corazón volvía a saltar a un ritmo más o menos normal. Se apartó con las palas y se las pasó a una enfermera para que las devolviera a su sitio.
—Necesito un electro y una analítica —ordenó a quien estuviera escuchando—. Es urgente, así que a ello. —Con aquella simple orden, todos se dispersaron.
Cara perdió la noción del tiempo que llevaban en la sala de espera.
Fue el suficiente para que llegara el resto de su familia.
Casi la mitad de la sala de espera de urgencias del City General estaba llena de O'Leary.
Su madre había estado inusualmente callada desde el momento en que entraron.
Pat dijo que había estado así durante todo el trayecto.
Cuando Terri llamó a su supervisor, este las echó una reprimenda por atender un aviso de una persona a la que conocían, pero al final lo entendió.
Les dijo a las dos que se tomaran el resto del día libre y que lo mantuvieran informado de lo que pasara.
Así que Terri esperaba con la familia. Dijo que no le parecía bien dejar a Cara sola después de todo aquello.
Sus sobrinos y sobrinas empezaban a impacientarse, correteando por la sala de espera y llevándose una reprimenda susurrada de sus madres.
Sus hermanos hablaban en voz baja entre ellos, sobre todo del negocio familiar y de qué iban a hacer con él ahora.
Ojalá pudiera decirles que se callaran, que el negocio no importaba en ese momento.
Pero lo entendía: Russ no había estado dispuesto a cedérselo a nadie, no había preparado a ninguno de los chicos para hacerse cargo de la empresa.
Las puertas de la sala de espera se abrieron y salió el médico de urgencias.
Era un caballero mayor, con entradas y unas gruesas gafas negras.
Se dirigió directamente hacia los O'Leary y a Cara le retumbó el corazón en el pecho.
Normalmente siempre mandaban a una enfermera, nunca a un médico.
Algo iba mal. ¿Había muerto su padre? Solo pensarlo bastó para empujarla al llanto.
—¿O'Leary? —preguntó al acercarse a la familia.
Todos asintieron—. Nuestro equipo de cardio ha determinado que Russell ha sufrido un infarto, un infarto de miocardio según el electro, pero no responde a ninguno de nuestros tratamientos hasta el momento.
Nada de lo que hemos hecho lo saca de su estado actual.
Creemos que lo mejor sería un baipás coronario de urgencia.
Como familiares más cercanos, necesitamos su permiso para proceder.
—Su atención se centró entonces únicamente en Ann, esperando su respuesta.
Ann miró a los niños de alrededor antes de decir:
—Por supuesto. Lo que sea con tal de salvar a nuestro Russ. Hagan lo que crean que es mejor.
El médico asintió.
—Bien. Haré que una enfermera los suba a la sala de espera de quirófano, para que tengan algo de intimidad, y hay algo de papeleo que necesitaremos que firmen.
—Espere. —Las cejas de Ann se juntaron mientras lo miraba—. ¿Ahora mismo? ¿Hoy? Yo… no me ha dado tiempo de llamar a sus padres. Tenemos tantas…
Cara estiró la mano y la puso en el hombro de su madre.
—Mamá, yo llamo a los abuelos. Tienen que operarlo ya. Deja que los demás nos encarguemos de todo lo otro. Tú solo reza por papá, ¿vale?
Ann asintió despacio, alzando la mano y poniéndola sobre la de Cara.
—Está bien. De acuerdo. Solo, por favor, salvad a mi marido.
—¡Frost! —ladró Hoffman, haciendo que Izzy se girara desde el control de enfermería.
Estaba repasando el papeleo de Russ como le había indicado Hoffman, asegurándose de comprobar por partida doble todos sus resultados antes de que lo llevaran al quirófano.
Tenían que asegurarse de que todo estuviera perfecto, de que toda su analítica estuviera bien. No había margen para sorpresas.
—¿Sí? —preguntó, metiendo de nuevo el papeleo en su carpeta de cartón.
—Necesito que vayas a hablar con la familia antes de que subamos al quirófano. Dales lo básico de la operación, lo que vamos a hacer. Ya lo has hecho antes, ¿no? —preguntó. Izzy respondió con un pequeño gesto de fastidio y un asentimiento—. Genial. Ve a hacerlo y luego prepárate para entrar.
—Pero… —Llevaba desde el principio mordiéndose la lengua sobre su vínculo con la familia O'Leary. No quería causar un retraso en el caso de Russ, ni fastidiar nada, pero Izzy sentía que era información importante… sobre todo si la iban a mandar a hablar con la familia de su exnovia.
—¿Qué pasa, Frost?
—Yo… conozco al paciente. Es el padre de mi exnovia.
Hoffman suspiró. Se llevó la mano a las sienes y se las frotó, negándose a cruzar la mirada con Izzy por un momento.
—¿Y no te pareció que eso era algo importante que decir al principio? —No le dio ocasión de responder—. ¿Tenías relación cercana con el paciente? ¿Va a afectarte tu antigua relación en el quirófano?
—No —dijo Izzy, negando con la cabeza—. No teníamos relación cercana. —Tuvo que hacer una pausa y pensar la última pregunta. ¿La afectaría en el quirófano? No creía que fuera a hacerlo, porque no tenía relación cercana con Russ. La tenía con Cara. La había tenido con Cara—. No. Estaré bien.
—Confío en ti en esto —dijo, cruzando la mirada con ella—.
Como la fastidies, Frost… te vas a arrepentir.
—Izzy sabía que aquello no era una amenaza.
Era la verdad. Si de algún modo se distraía demasiado con sus sentimientos, fueran los que fueran, y fastidiaba la operación…
no acabaría bien para ella—. Ahora ve a decírselo a la familia.
—¿Aun así?
—Has dicho que podías seguir haciendo tu trabajo, así que hazlo.
Izzy respiró hondo y suspiró. Dejó de nuevo en el mostrador del control de enfermería la carpeta que había estado mirando y reunió la compostura. Ahí iba nada.