Convergencia Capítulo XXII #3
84%

Capítulo XXII #3

—¿Eso apagará los drones?

—Si conseguimos acercarnos lo suficiente.

En los sectores de servicio encontraron también reactores que alimentaban módulos ya desactivados. Denn eligió dos cuya extracción no comprometía la órbita ni los sistemas mínimos de la estación.

—¿Uno de esos podría servir para la nave? —preguntó Kein.

—No directamente. Son más pequeños y las conexiones son distintas. Habría que fabricar un acoplamiento y ajustar los reguladores.

—¿Pero podría hacerse?

—Tal vez. Ya veremos.

Denn guardó los dos reactores en un contenedor blindado.

Kein soltó el aire.

Regresaron al hangar con las plataformas cargadas. Aseguraron la cápsula médica en la bahía trasera y distribuyeron a su alrededor el resto de los suministros. Subieron también las plataformas y abandonaron S02-07. Apenas cruzaron el campo de confinamiento, Denn ordenó cerrar las compuertas.

No volvió la vista hacia la estación hasta que esta se había reducido a una sombra sobre el planeta.

Entraron en la atmósfera por una región aún bañada por la luz del día. Bajo ellos se extendía un océano azul oscuro, atravesado por reflejos oblicuos. A lo lejos, algo enorme rompió la superficie y desapareció de nuevo bajo el agua.

Cuando redujeron la velocidad, Denn dejó el asiento principal y se acercó a Kein.

—Pon las manos aquí.

El niño obedeció.

—¿Voy a pilotar?

—Vas a mantenerla estable.

Activó los controles auxiliares y le indicó cómo acompañar los movimientos de la nave.

—Movimientos pequeños. Ella hará el resto.

Kein probó. El horizonte se inclinó y volvió a nivelarse.

—Eso lo hice yo.

—Más o menos.

El niño lo miró.

—Lo hice yo.

Denn apoyó una mano en el respaldo.

—Sí. Lo hiciste tú.

Descendieron hasta volar sobre el océano. Varias criaturas surgieron a la distancia y siguieron la nave durante un trecho, entrando y saliendo del agua.

Kein dejó escapar una risa.

No fue grande ni duró mucho.

Denn permaneció junto a él hasta que sus manos dejaron de estar rígidas.

—¿No es peligroso ir hacia la fortaleza de día? —preguntó Kein.

—Entramos lejos de la fortaleza. Aquí es de día; allá aún es de noche. Nos acercaremos desde el norte, bajo y despacio.

Denn retomó el control.

Cuando alcanzaron la región de la fortaleza, la noche cubría el terreno. Aterrizó varios kilómetros al norte, dentro de una hondonada cubierta de vegetación baja.

Kein ya se estaba desabrochando.

—Ponle el reactor.

Fueron a la habitación.

C0-UN1 seguía tendido sobre la litera, inmóvil.

Denn desabrochó las correas que sujetaban a C0-UN1 y abrió la placa de su pecho. Después regresó a la zona central. Con un gesto en el aire, envió desde su interfaz personal la orden de apagado a los sistemas de la nave. Las luces se extinguieron.

Activó la amplificación de luz residual de sus lentillas. El niño activó también la de las suyas.

Denn fue hasta la compuerta de servicio, retiró del alojamiento el reactor de C0-UN1 y volvió a la habitación con él entre las manos.

Denn colocó el reactor en el pecho del autómata y cerró los seguros.

Una luz celeste comenzó a palpitar alrededor del alojamiento.

Encontró el pequeño panel de activación junto al borde interior de la placa. El mismo que había utilizado para despertarlo en la Tierra.

Lo mantuvo presionado.

Un pulso recorrió las líneas del pecho de C0-UN1.

El autómata no reaccionó.

Denn volvió a intentarlo.

Nada.

Comprobó los seguros, la alineación y el enlace de energía. El reactor funcionaba. El cuerpo recibía energía.

—C0 —dijo Kein—. Ya puedes volver.

Denn presionó otra vez.

—Haz algo.

—No sé qué más hacer.

Kein lo empujó con ambas manos. Apenas consiguió moverlo, pero Denn se apartó.

El niño se sentó junto a la litera y tomó la mano inmóvil de C0-UN1.

—No voy a dejarlo solo.

—No tienes que hacerlo.

Denn regresó poco después con una mochila. Dentro llevaba las seis granadas de pulso electromagnético, un cable y tres juegos de retenedores de nexo. Dos cuchillos iban sujetos por fuera y un rifle tecnológico colgaba de una correa cruzada sobre el torso.

—Voy a la fortaleza. Tú te quedarás aquí con él.

Kein no levantó la mirada.

Denn se arrodilló frente a él e inició una transferencia.

—Voy a darte un banco de datos. Tiene las rutas, las coordenadas importantes y todo lo que descubrimos desde que llegamos al planeta. También las especificaciones de la nave y de los reactores. Tal vez los módulos de construcción puedan fabricar el acoplamiento.

—¿Y si no puedo hacerlo?

—Entonces no lo haces.

Kein alzó por fin la vista.

—La nave no importa. Si no regreso antes del amanecer, te alejas de aquí. Busca refugio y mantente con vida.

—No voy a irme sin ti. Ni sin C0.

—Debes hacerlo.

Kein apretó la mano del autómata.

—¿Quieres que lo deje solo? ¿Qué pasa si no despierta?

—Lo importante ahora eres tú. Pero puedes llevártelo en una de las plataformas de carga. Ya demostraste que sabes manejarlas.

El niño apartó la mirada.

—No es justo.

—Lo sé. En verdad lo siento.

La transferencia terminó.

Denn quiso decirle que todo saldría bien, pero ya lo había defraudado demasiadas veces.

Se colocó la mochila y abrió manualmente la compuerta lateral. La escalerilla descendió hacia el suelo.

Kein lo siguió hasta la salida.

Denn puso un pie en el primer peldaño.

—¡Denn!

Se detuvo.

—Cuando baje, usa la palanca para cerrar.

—No quiero que también te mueras.

—Yo tampoco.

—Entonces no vayas.

Denn no encontró una respuesta que no sonara como otra despedida.

Kein cruzó la distancia y lo abrazó con fuerza por la espalda.

Denn tardó un instante en reaccionar. Después retiró el pie del peldaño, se volvió y lo rodeó con un brazo.

—Vuelve —dijo Kein.

—Haré todo lo posible.

El niño se apartó primero.

Denn descendió por la escalerilla y miró una última vez hacia el interior.

Se volvió hacia el sur y comenzó a caminar.