Convergencia Capítulo XXII #2
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Capítulo XXII #2

—¿Tu reactor? —preguntó el niño.

Denn lo miró.

—No voy a hacer eso.

Denn se volvió y echó a andar. C0-UN1 se adelantó y se plantó frente a él.

—¿Por qué? Es la oportunidad que estábamos buscando.

—Apártate.

El autómata no se movió.

—Encontraremos otra forma —dijo Denn—. Aún quedan otras instalaciones. Podría haber un reactor en alguna.

—Tú mismo dijiste que se llevaron todo lo importante.

—No podemos saberlo.

—Sí podemos. Aquí no dejaron nada. Y no tenemos tiempo para seguir buscando.

Denn se acercó a él.

—C0, escúchame. No sé qué ocurrirá si te quitamos el reactor.

—Me apagaré.

—No me refiero solo a eso.

El autómata ladeó apenas la cabeza.

—No eres una máquina común. No sé qué parte de ti seguirá intacta. Cuando despertaste en la Tierra, tu reactor seguía en su sitio y aun así tenías huecos en la memoria. Si lo extraemos… quizá no vuelvas.

—¿Puede morir? —preguntó Kein.

Denn lo miró, pero no respondió.

—Entonces no —dijo el niño—. Tú no, C0.

C0-UN1 se volvió hacia él.

—La gente de la fortaleza necesita ayuda.

—Yo también te necesito.

El autómata quedó inmóvil.

—Prometiste protegerme.

—Y pienso cumplirlo.

—Entonces no hagas esto.

—Querer protegerte es lo que me obliga a hacerlo.

—Eso no tiene sentido.

Denn se acercó a Kein, pero se detuvo a un paso de él.

—No voy a permitir que ocurra.

—Promételo —exigió el niño—. No dejes que se quite el reactor. Hazlo y te perdonaré por lo de antes.

Denn abrió la boca, pero C0-UN1 habló primero.

—No puede decidir por mí.

El niño retrocedió.

—No quiero hablar contigo.

—Está bien.

—No. No está bien.

Kein se alejó hasta uno de los muros y se dejó caer, abrazándose las rodillas.

C0-UN1 bajó la vista hacia sus manos.

—Puedo elegir. Siempre me han tratado como si lo que yo quisiera importara.

—Importa —dijo Denn.

—Entonces escúchame. Quiero hacerlo.

Denn miró al niño antes de volverse hacia C0-UN1.

—No me pidas que te quite el reactor y lo coloque en esa nave como si una parte de ti fuera un simple repuesto.

—Quiero ayudar a salvar a nuestros amigos.

Denn apartó la vista hacia la nave y después hacia la compuerta superior.

—Si no despiertas cuando devuelva el reactor a tu cuerpo —dijo—, no sé si podré arreglarlo.

C0-UN1 miró hacia Kein.

—Pero podrás arreglar lo demás.

La decisión se instaló entre ellos durante las horas siguientes.

Denn volvió a comprobar el alojamiento y los sistemas de contención. Utilizó parte del lubricante en los mecanismos de servicio y en las juntas móviles a las que podía acceder. No encontró ninguna razón técnica por la que el reactor de C0-UN1 no pudiera poner la nave en marcha.

Habría preferido encontrarla.

Kein no volvió a acercarse hasta mucho después, cuando el cansancio pudo más que su rabia y se quedó dormido junto a unas cajas.

Antes de medianoche, Denn lo cubrió con una manta.

El niño abrió los ojos.

—No quiero despedirme.

Denn se quedó agachado junto a él.

—Lo sé.

—Entonces no me obligues.

—No voy a obligarte.

Kein miró hacia la nave. La compuerta lateral seguía abierta. Dentro, C0-UN1 esperaba.

—Si no voy, se va a ir igual.

Denn no dijo nada.

Kein se limpió la cara con la manga.

—Pensé que me quería.

—Te quiere.

—Entonces se quedaría.

Denn bajó la mirada.

—A veces quedarse no es la única forma de cuidar a alguien.

—Eso suena a mentira de adulto.

—Eres muy listo, niño.

Denn se incorporó.

Kein apretó la manta contra el pecho. Después se levantó.

C0-UN1 estaba sentado en el borde de una litera, con la espalda recta y las manos sobre las rodillas. Habían decidido hacerlo dentro de la nave. Denn no quería tener que arrastrar su cuerpo por el hangar como si fuera una herramienta más.

Kein se quedó en el umbral.

—Estoy enojado contigo.

—Lo sé.

—No quiero que lo hagas.

—Lo sé.

—Y si no vuelves, voy a seguir enojado.

C0-UN1 tardó un instante.

—Entonces debo volver.

Kein cruzó la habitación de golpe y lo abrazó.

C0-UN1 lo rodeó con los brazos, con cuidado, pero sin vacilar. Kein escondió el rostro contra su pecho.

—No me mientas.

—No sé si voy a volver.

Kein se tensó.

—Pero quiero hacerlo —añadió C0-UN1—. Eso también es verdad.

El niño no respondió.

Denn esperó a un lado de la puerta.

Cuando Kein se apartó, salió de la habitación sin mirar a nadie y se sentó en uno de los asientos de la zona central, temblando.

Denn se acercó al autómata.

—Será mejor que te acuestes.

C0-UN1 se tendió sobre la litera. Una pequeña placa en el centro de su pecho descendió y dejó al descubierto el reactor.

La pieza cúbica permanecía encajada entre varias abrazaderas. A su alrededor, pequeñas luces celestes palpitaban con lentitud.

Denn se arrodilló.

—Todavía puedes cambiar de idea.

—No.

—Tenía que decirlo.

—Lo sé.

La luz celeste alcanzaba la parte baja del rostro de C0-UN1 y, por primera vez desde que Denn lo conocía, le pareció frágil.

—¿Es esta mi muerte? —preguntó el autómata.

Denn apoyó una mano en su hombro.

—Hiciste muchos amigos, ¿cierto?

C0-UN1 permaneció inmóvil unos segundos.

—Kein, Dani, Senlar, Juno, Mara, Bren, Wallace, Olyr, Gor, Jin y tú.

Cuando continuó, su voz sonó más baja.

—No sé si todos me considerarían su amigo.

—Yo sí.

C0-UN1 miró hacia el umbral.

—Kein también.

—Bien —dijo—. Nadie está realmente muerto si es que tiene al menos un amigo que lo recuerde.

El autómata bajó la mirada hacia el reactor.

—Entonces estoy listo.

Denn deslizó una mano bajo el cubo y llevó la otra al primer seguro.

Liberó uno y después el otro. Las luces vacilaron. C0-UN1 levantó apenas la cabeza.

—No olvides traer una cápsula médica de la estación. Salvará vidas.

—La traeré. Lo prometo.

—Cuida a Kein. Y detén a Neil.

—Lo haré.

C0-UN1 volvió a apoyar la cabeza sobre la litera.

Denn retiró el reactor.

C0-UN1 quedó inerte al instante.

Las manos quedaron abiertas a ambos lados del cuerpo.

Denn permaneció arrodillado un momento más.

Después cerró la placa del pecho con cuidado.

Denn se levantó con el reactor entre las manos, cruzó la nave y abrió la compuerta de servicio. Encajó el reactor en el alojamiento vacío.

Durante un segundo no ocurrió nada.

Luego la nave respiró.

Un pulso grave recorrió el casco. Las luces despertaron una tras otra por el suelo, las paredes y los paneles. Un zumbido bajo llenó la estructura.

Denn desactivó la amplificación de luz residual de sus lentillas.

Kein apareció a su espalda. Tenía la cara mojada.

—Funcionó.

Denn cerró la compuerta de servicio.

—Sí.

El niño miró hacia la habitación.

—Entonces haz que valga la pena.

—Planeo hacerlo.

Denn salió de la nave. Kein lo siguió.

C0-UN1 había dejado abierto el compartimento del mecanismo junto a uno de los muros del hangar. Denn accionó la palanca y los contrapesos comenzaron a abrir la salida hacia el cielo nocturno.

Denn regresó a la nave, pero Kein no lo siguió. El niño seguía abajo, mirando el fuselaje.

—¿No subes?

—No sabía si ibas a llevarme.

—Sube.

Kein subió deprisa. Denn cerró la compuerta lateral detrás de él.

Antes de ocupar la cabina, Denn pasó por la habitación de C0-UN1. Ajustó una correa sobre su pecho y otra alrededor de las piernas.

—¿Es necesario? —preguntó Kein.

—Probablemente no. Pero prefiero asegurarme.

El sistema de vuelo era antiguo, aunque su lógica no había cambiado tanto como para resultar extraña. Denn dedicó unos minutos a reconocer los controles y comprobar que los sistemas principales respondían.

—¿Dónde me siento? —preguntó Kein.

—Atrás, a la derecha. Ponte el arnés.

—¿Puedo tocar algo?

—El arnés.

—Me refería a los controles.

—Por ahora, solo el arnés.

Kein obedeció.

Denn inició el ascenso.

La nave se elevó al instante, recta y estable. Kein no sintió ningún tirón contra el arnés.

La suavidad resultaba casi insoportable.

Como si no pesara.

Como si no estuviera usando, para moverse, aquello que habían tomado del pecho de un amigo.

Atravesaron la abertura del hangar y salieron a la noche.

Kein miró hacia abajo.

—¿Vamos a dejar abierta la compuerta?

—Solo puede cerrarse manualmente desde dentro.

—Pero cualquier cosa podría entrar.

—No dejamos nada que importe.

—Quedaron las puertas selladas.

Denn miró hacia abajo, hacia la abertura del hangar.

—Con suerte, entrará algo lo bastante fuerte para abrirlas.

Kein se volvió hacia él.

—También podría quedarse a vivir.

—Si alguna vez volvemos, llamaremos a la puerta antes de bajar.

Kein contuvo una risa. No consiguió ocultarla del todo.

Denn alzó el morro y aceleró.

El aire rugió alrededor del fuselaje mientras la nave ganaba altura. Las alas vibraron. Bajo ellos, la planicie se encogió y el río se redujo a una línea oscura. Poco después, la resistencia desapareció.

En el vacío, Denn fijó S02-07 como destino.

La estación surgió minutos después sobre la curvatura del planeta: primero una sombra entre las estrellas y luego una estructura enorme, casi apagada, siguiendo en silencio la órbita del mundo al que habían caído.

Cuando llenó los cristales delanteros, la garganta de Denn se cerró.

—Ahí empezó todo —dijo Kein.

Denn no supo si el niño hablaba con él o consigo mismo.

—Sí.

Denn transmitió el código que Val había entregado antes de la evacuación.

S02-07 respondió.

Las compuertas del hangar principal comenzaron a abrirse. Las luces de aproximación se encendieron alrededor de la entrada.

Denn condujo la nave a través del campo de confinamiento y la hizo aterrizar en el hangar.

—No te separes de mí.

Kein miró los corredores oscuros.

—No pensaba hacerlo.

Desbloquearon dos plataformas de carga y se internaron en la estación. Las plataformas los siguieron a poca distancia.

En una de las áreas médicas comprobaron que una cápsula seguía funcionando y la aseguraron sobre la primera plataforma.

Reunieron también instrumental, medicamentos y otros suministros médicos.

De los almacenes técnicos sacaron herramientas, módulos de construcción y repuestos útiles para la fortaleza.

En seguridad, Denn recuperó armas, retenedores de nexo y el maletín de campo que había dejado durante la evacuación.

En el maletín seguían las seis granadas de pulso electromagnético.

Denn comprobó los indicadores de carga de las granadas.