Capítulo XXI #4
Kein se asomó junto a él.
—¿Qué hay?
C0-UN1 no respondió.
Después dio un paso dentro. Luego otro.
Denn lo siguió con Kein a su lado. La amplificación de luz residual separó las formas de la oscuridad.
Había tres plataformas. Solo tres.
Una permanecía junto al muro, cubierta por una capa gruesa de polvo; otra tenía un costado vencido; la tercera seguía bajo una estructura suspendida del techo. Sobre ellas no descansaban cuerpos completos, sino fragmentos organizados con un cuidado que resultaba peor que el abandono.
En la primera había un torso abierto a lo largo del frente, desde la base del cuello hasta el abdomen.
Le faltaba todo por debajo de la cintura.
Los brazos seguían unidos a los hombros, largos y finos.
La cabeza aún permanecía unida al cuello, pero un corte preciso había retirado la parte superior del rostro desde encima de la boca.
No había ojos ni frente. La membrana terminaba limpia en el borde, adherida todavía a la estructura.
Quedaban la mandíbula, los labios inmóviles y el inicio de unas mejillas pálidas.
Bajo la membrana transparente del torso se distinguían fibras artificiales, placas superpuestas y filamentos oscuros.
La segunda plataforma conservaba una pelvis, piernas, articulaciones plegadas y un pie incompleto. En bandejas separadas, veladas por polvo, alguien había dejado piezas ordenadas por tamaño.
La tercera tenía un pecho, cuello y un brazo. Donde debía continuar la cabeza solo quedaba una abertura oscura rodeada de conexiones seccionadas.
Denn tardó varios segundos en apartar la vista.
Aquello no era material de ensamblaje.
Eran restos.
Restos de los Colonizador.
Denn soltó el aire despacio. Había suficiente parecido con C0-UN1 para que los Colonizador dejaran de ser una abstracción.
Kein seguía mirando las plataformas con los ojos muy abiertos.
C0-UN1 avanzó hacia la primera. Lo hizo despacio y se detuvo ante el medio rostro unido todavía al cuello.
Levantó una mano y apoyó los dedos sobre la mejilla incompleta, justo bajo el borde donde la cabeza había sido seccionada.
La membrana cedió apenas bajo el contacto y recuperó su forma.
Kein habló en voz muy baja:
—Tiene piel.
C0-UN1 no apartó los dedos.
—Entonces podían sentir.
Su voz salió más baja.
Denn miró las cavidades abiertas, las bandejas cubiertas de polvo y las piezas clasificadas junto a cada plataforma.
No había señales de combate. Ninguna pared quemada.
Ninguna marca de desesperación. Si aquello había sido una reparación, había terminado a medias.
Si había sido un desmontaje, se había hecho con paciencia.
Y ninguna de las dos posibilidades era mejor.
—Les quitaron los reactores —dijo.
—Sí —respondió C0-UN1.
—¿Eran como tú? —preguntó Kein.
C0-UN1 tardó en contestar.
—No lo sé.
Denn lo miró.
El autómata seguía frente a aquel rostro incompleto, con la mano apoyada sobre una superficie fabricada para sentir.
—Nunca había visto otro.
Kein bajó la mirada hacia los cuerpos partidos.
—Se parecen a ti.
—Tal vez —dijo C0-UN1—. Tal vez eran lo que yo debía llegar a ser. Tal vez no eran nada de eso.
C0-UN1 retiró los dedos del medio rostro con cuidado.
—Espero que esto haya sido un intento de reparación —dijo—. Si no, no sé qué estoy viendo.
Denn no encontró nada que decir.
Al final, C0-UN1 se apartó de la plataforma.
No volvió a mirar a Denn ni a Kein.
—Continuemos —dijo.
Y siguieron adelante, pero la sala no terminó de quedarse atrás.
La instalación se prolongó bajo la tierra entre salas vacías, soportes sin contenido y símbolos que no podían interpretar. Ningún arma. Ningún equipo que pudieran usar de inmediato. Ninguna respuesta completa.
Entonces hallaron el último corredor.
Era una galería amplia, de techo alto, con raíles hundidos en el suelo y muros reforzados por nervaduras oscuras. Al fondo, una puerta monumental cerraba el paso. Una de sus hojas permanecía apenas entreabierta.
Desde la separación surgía una línea de luz blanca y fría que cruzaba el suelo.
Denn se detuvo.
C0-UN1 observó el resplandor.
—No es iluminación artificial.
Kein miró la línea de luz.
—¿Entonces?
Denn entreabrió los labios, pero la respuesta no salió de inmediato.
—Las lunas.
Habían entrado con luz de tarde. La noche los había alcanzado bajo tierra.
C0-UN1 apoyó ambas manos sobre la puerta y empujó. La hoja resistió hasta que algo cedió dentro del muro y se desplazó con un gemido profundo.
La línea de luz se ensanchó.
Primero apareció el suelo, vasto y cubierto por una capa intacta de polvo. Después, columnas enormes que subían hasta una bóveda de placas traslúcidas. Desde dentro, aquellas placas recogían la claridad exterior y la dejaban caer en franjas pálidas.
Cruzaron el umbral.
Denn desactivó la amplificación de luz residual. Kein hizo lo mismo un instante después.
Era un hangar.
El espacio se extendía bajo la superficie entre plataformas de mantenimiento, brazos articulados recogidos contra los muros y pasarelas suspendidas.
En el centro, bajo la luz blanca, aguardaba una nave.