Convergencia Capítulo XXI #2
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Capítulo XXI #2

El niño guardó silencio unos segundos. Luego ladeó la cabeza. El disgusto le torció la boca.

—No quiero hablar de eso ahora.

—Está bien. Después. Cuando tú quieras.

Kein comenzó a comer. Al principio daba pequeños mordiscos, pero pronto el hambre se impuso. C0-UN1 se sentó a su lado, tan cerca que el hombro del niño descansaba contra su brazo de metal, y le sirvió agua.

Denn esperó hasta que hubiera ingerido casi la mitad.

—No pudiste hacer todo ese camino a pie —dijo.

Kein se quedó con un trozo de pescado entre los dedos.

—No todo.

Denn observó sus heridas, la sangre seca junto a la sien y las botas castigadas por el camino.

—Entonces, ¿cómo llegaste?

Kein llevó el pescado a la boca con una lentitud deliberada. Masticó. Después apuró el agua del vaso de un solo trago. C0-UN1 volvió a llenarlo y se lo devolvió.

—En una plataforma de carga —respondió Kein—. Una parte.

Denn miró hacia la oscuridad del sur.

—Empieza por el principio —pidió Denn—. Cuéntanos cómo saliste. Es importante.

Kein clavó la vista en la comida a medio terminar.

—Después de que escaparon, Neil no permitió que nadie más saliera.

—¿Envió gente tras nosotros?

—Mandó los drones hacia el norte. Otros se quedaron dando vueltas alrededor de los muros. También puso hombres en las torres.

Denn miró hacia C0-UN1. El autómata desviaba periódicamente la mirada hacia la oscuridad del sur.

—¿Qué hizo contigo? —preguntó.

Kein dejó de comer.

—Dijo que ustedes regresarían por mí.

Los dedos de C0-UN1 se cerraron alrededor de su propia muñeca. Denn reparó en el gesto.

—¿Te encerró?

—No. Hizo que un oficial me siguiera a todas partes. Decía que era para protegerme.

—Te estaba usando para hacernos volver —dijo Denn.

—Yo no soy una cosa que se usa.

Kein bajó los ojos hacia el pescado.

—Ya no estoy ahí.

—¿Cómo saliste? —preguntó C0-UN1.

—Mara me ayudó.

Denn intervino.

—Ya nos lo contarás, pero primero necesito saber qué pasó cuando nos fuimos. Todo lo que ocurrió en la fortaleza.

Kein levantó el vaso y bebió.

—Neil dijo que alguien tenía que mandar porque Senlar estaba muerto y tú eras una amenaza. Dijo que todos tenían que hacerle caso hasta que pasara la emergencia.

—¿Y Gor lo permitió?

—Gor dijo que él no podía decidir eso solo.

Denn se inclinó hacia delante.

—¿Qué hizo Neil?

—Se molestó y discutieron. Luego les ordenó a los guardias que arrestaran a Gor.

—No habrían obedecido.

—Algunos no lo hicieron.

Kein frotó entre sí los dedos manchados de grasa.

—Gor les dijo que bajaran las armas. Y algunos se pusieron a su lado. Entonces los drones descendieron y les apuntaron. Neil dijo que cualquiera que siguiera obedeciendo a Gor estaría ayudándote a tomar la fortaleza.

—¿Le creyeron?

—No todos. Pero todos teníamos miedo.

—¿Qué pasó con Gor?

—Lo desarmaron. A él y a los otros. Los encerraron en uno de los almacenes.

La mandíbula de Denn se endureció.

—¿Y los demás oficiales? ¿Mara? ¿Bren?

—No querían, pero hacían lo que Neil les ordenaba. Después dijo que nadie podía acercarse al centro de vigilancia ni tocar los controles sin su permiso. Además, hizo algo para que nadie pudiera llamar.

Denn ya lo sospechaba. Neil controlaba la red de satélites y podía bloquear las comunicaciones. Lo que no podía hacer, por diseño, era extraer de ella la ubicación de una interfaz que no hubiera autorizado compartirla.

—¿Qué hizo después?

—Mandó sacar los cuerpos. No quería enterrarlos.

La voz del niño perdió fuerza.

Denn esperó.

—¿Qué hizo con ellos?

Kein contempló el fuego.

—Los arrojaron al río.

Una lágrima descendió por la mejilla del niño.

—¿Todos? —preguntó Denn.

Kein asintió.

—Dani también.

Denn se incorporó.

Dio algunos pasos, dando la espalda al fuego, y miró hacia el río. La corriente avanzaba junto a las rocas, negra bajo la noche, rumbo a la fortaleza y después hacia territorios que ninguno conocía. Más al sur, Dani había entrado en aquella misma agua.

Cerró los ojos.

Detrás de él, Kein continuó hablando.

—La gente no quería dejarlos. Algunos se agarraban a los cuerpos. Una mujer no soltaba a su hijo. Los guardias tuvieron que separarla.

»Yo no quería que tiraran a Dani. Pero no pude evitarlo. No pude.

Su voz comenzó a quebrarse.

—Todos lloraban. Les gritábamos que pararan. Neil dijo que la sangre atraería a los coracinos y que, si dejaban los cuerpos cerca de los muros, las bestias regresarían. Dijo que no podían gastar horas cavando.

Denn volvió lentamente hacia el fuego.

—Bren se opuso y también lo encerraron. Mara quiso intervenir, pero Bren le dijo que no lo hiciera.

—¿Qué ocurrió después?

—Wallace le gritó que al menos dejara que las familias se despidieran. Neil hizo que lo apartaran.

C0-UN1 inclinó apenas la cabeza.

—Sigue, Kein. Dinos qué más pasó.

—Fueron a la enfermería.

—¿Por qué?

—Porque ahí estaban los que no podían moverse. La cápsula médica estaba destruida y había personas muy heridas. Juno dijo que algunas podían seguir vivas si las cuidaban bien, pero Neil dijo que no había suficientes medicinas ni suficientes manos.

Denn se tensó.

—¿Qué quieres decir? ¿Qué fue lo que hizo?

El niño apretó los brazos alrededor de las piernas.

—Dijo que separaran a los que no iban a sobrevivir… y que los pusieran con los muertos.

—¿Quién decidió que no sobrevivirían?

—Neil. Juno no quería. Le dijo que no podía decidir eso, que seguían siendo pacientes.

C0-UN1 avanzó un paso.

—¿Los mató?

Kein negó.

—Ordenó que se los llevaran.

El fuego pareció encogerse entre las piedras.

—¿Estaban inconscientes? —preguntó Denn.

—No lo sé. Algunos tal vez. A uno lo oí respirar. Olyr me dijo que ya estaban muertos, pero yo creo que me mentía.

Kein tragó saliva.

—Yo estaba en la entrada. Wallace no quería que mirara. Me sujetaba contra él, pero no podía taparme los oídos. Juno le gritaba a Neil que no podía sacarlos de allí. Que mientras siguieran vivos eran suyos.

Denn se acercó.

—No es necesario que sigas, niño. —Le puso un brazo en el hombro. Kein no lo rechazó—. Lo siento mucho.

—Entonces comenzaron a arrastrarlos de todos modos —continuó Kein—. Al principio no vi bien. Wallace me sujetó más fuerte para que no mirara. Pero la gente empezó a gritar, todos se movieron, alguien empujó a Wallace… y entonces lo vi.

Kein bajó la mirada hacia el vaso.

—Uno de los guardias dijo que no iba a llevarse a nadie más. Dejó el cuerpo en el suelo. Y entonces…

La voz se le detuvo. Levantó el vaso y volvió a beber.

—Neil le ordenó que lo levantara.

—¿Y él se negó? —preguntó C0-UN1.

—Sí.

Kein miró hacia Denn.

—Neil le disparó.

A Denn se le cortó la respiración.

C0-UN1 volvió apenas la cabeza hacia él.

—¿Lo mató?

—Sí.

—¿Delante de todos?

Kein asintió.

—Dijo que no obedeció una orden cuando estábamos en una emergencia y que por eso había puesto en peligro a toda la fortaleza. Después les dijo a los demás que recogieran los dos cuerpos.

C0-UN1 bajó la cabeza. Uno de sus dedos se contrajo contra la palma.

—¿Y obedecieron?

—Después de eso, sí.

La voz infantil se endureció.

—No querían morir también.

Denn tardó en hablar.

—¿Y Juno? —preguntó—. ¿Wallace? ¿Olyr?

—Juno quiso acercarse al guardia. Creo que también quería volver por los heridos.

Neil ordenó que la apartaran. Olyr se puso con ella, no sé si para ayudarla o para que no hiciera algo que también la matara.

Wallace me quiso sacar de allí, pero entonces todos empezaron a gritarse. Algunos empujaron a los guardias.

»Neil llamó a los drones. Bajaron sobre la gente y todos empezaron a moverse a la vez. Los guardias tiraban personas al suelo. Alguien cayó contra Wallace y él me soltó un momento. No porque quisiera. Solo pasó.

Kein se miró las manos manchadas.

—Entonces Mara me agarró del brazo. Me dijo que no mirara atrás. Me llevó hasta una parte alta del muro. Yo le pregunté si tenía que saltar.

C0-UN1 adelantó un pie hacia Kein.

—¿Y saltaste? ¿Desde tan alto?

—No. Mara llamó una plataforma de carga y la hizo subir hasta nosotros. Me dijo que me acostara encima y que no me moviera.

»La plataforma bajó despacio por el otro lado. Mientras bajaba, Mara me dijo que nos había escuchado aquella vez, cuando pusiste el punto en mis lentillas —miró al autómata—. Me dijo que te encontrara y te contara todo.

Denn levantó los ojos hacia C0-UN1, despacio.

—No sabía que Mara estaba escuchando —dijo el autómata.

Denn permaneció inmóvil un instante.

Después bajó la vista.

—Comprueben que no haya ninguna señal activa —dijo—. Ningún canal abierto por el que hayan podido rastrearlos hasta aquí.

El fuego crujió entre ellos. Kein miró primero a Denn y luego a C0-UN1.

—Pude avanzar bastante en la plataforma —dijo—. Pero después se quedó sin energía.

—¿Y caminaste el resto? —preguntó el autómata.

Kein asintió.

—No sabía cuánto faltaba. Solo seguí el punto.

Denn cerró los ojos un instante.

Luego se irguió y dio un paso hacia el sur. Se detuvo.

—Lo siento, niño.

Y echó a andar.

C0-UN1 levantó el rostro.

—¿Adónde vas?

—A la fortaleza.

El autómata se puso en pie de inmediato y se plantó delante de él.

—No.

—Apártate.

—No tenemos un plan.

—Neil está arrojando personas vivas al río.

—Y nos espera con drones, torres y hombres armados.

Denn intentó rodearlo. C0-UN1 volvió a interponerse.

—Te he dicho que te apartes.

—No.

—Mara envió al niño. ¡Al niño!

—Antes, cuando quise regresar por Kein, tú me dijiste que era justo lo que Neil quería. Que nos tendería una trampa.

—Antes no estaba seguro de si quería volver. Antes tenías razón al cuestionarme.

»Ahora es distinto. Ahora sé lo que Neil está haciendo. Mientras buscamos una ventaja que tal vez no exista, todos corren peligro.

—Si vas esta noche, le entregas lo único que todavía necesita: a ti. Ahora mismo, Kein solo nos tiene a nosotros.

Denn miró al niño, de pie junto al fuego.

La furia permaneció en su rostro unos segundos más.

—No acamparemos aquí —dijo al fin—. No me arriesgaré a que hayan podido seguirlo.

Caminaron hacia el norte hasta que Denn estuvo satisfecho.

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