Convergencia Capítulo XIX #2
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Capítulo XIX #2

»Dani iba a darle a Kein una vida nueva y yo le arrebaté esa oportunidad. Me confió lo de su hermano mientras yo seguía mintiéndole. Cuando me llevaron, solo alcanzó a mirarme. No pudo reprochármelo. Ni siquiera tuvo tiempo de odiarme.

C0-UN1 guardó silencio unos instantes.

—La culpa no va a solucionar nada —dijo al fin.

—Es más complicado que eso…

»Desde que todo empezó, algo me atormenta. Una pesadilla.

»No puedo respirar. Algo me aprieta el cuello con una fuerza sobrehumana. Siento el frío, el crujido en la garganta, cómo la vida se me escapa.

»Intento apartar lo que me ahoga, pero una de mis manos se siente distinta, como si no me perteneciera…

»Cuando Neil estuvo a punto de matarme, sentí la misma asfixia. Pensé que el sueño se estaba cumpliendo. Pero tú me sacaste de allí y esa pesadilla sigue dormida dentro de mí. La culpa seguirá conmigo, pero también hay algo más. Tengo que averiguar qué significa.

C0-UN1 guardó silencio un momento.

—Ya lo había notado. Lo de tus sueños… Quisiera poder soñar. Aunque el precio fueran esas pesadillas. Poder dormir y no estar siempre aquí. Hoy más que nunca.

—Al menos tu vigilia me mantiene a salvo —dijo Denn, esbozando una sonrisa desprovista de verdad.

—No supe salvar a nadie. Siempre despierto, rondando los muros mientras la fortaleza dormía, para descubrir al final que no sirvió de nada.

Denn miró el fuego.

—Cuando murió mi padre tuve un presentimiento y no pude hacer nada. Desde entonces confundí no quedarme quieto con tener derecho a cambiar el destino. Tal vez ese fue mi error.

Durante un largo rato solo reinó el murmullo del bosque, el eco sordo de esas criaturas que llamaban insectos y el viento de las alturas que mecía el follaje como la respiración de un gigante invisible sobre sus cabezas.

C0-UN1 no volvió a hablar.

Denn entornó los ojos y vio el mapa, y vio los símbolos, y luego vio el rostro de los muertos. Hasta que el cansancio lo venció.

El autómata tomó el cuero de la criatura. Lo limpió, lo impermeabilizó con una resina traslúcida extraída de los tallos cercanos y cerró los bordes con una fibra resistente. Trabajó durante horas en la oscuridad, moviendo los dedos metálicos con una destreza que no recordaba haber aprendido jamás.

A mitad de la noche, Denn se levantó buscando aire con desesperación, cubierto de sudor frío. C0-UN1 fingió no verlo y ocultó en las sombras lo que terminaba de sellar.

Ninguno de los dos profirió palabra.

Al alba, Denn se incorporó, todavía con el pulso agitado por los restos de la pesadilla. C0-UN1 se acercó y le entregó una cantimplora de cuero oscuro, cosida con una prolijidad perfecta, llena hasta el borde con agua del río y sujeta por un cordón trenzado con fibras de alguna planta desconocida.

Denn la tomó, sorprendido por el peso y el acabado. Repasó las costuras con el pulgar.

—¿Cómo supiste hacer esto?

—No lo sé. Solo lo supe.

Denn no insistió. Se cruzó el cordón sobre el pecho y se puso en pie.

Al poco rato reanudaron la marcha contra la corriente, pisando tierra húmeda, raíces negras y rocas devoradas por el musgo.

Ascendieron cuando el terreno lo exigía y descendieron cuando el bosque se hundía en hondonadas, desprovistos de palabras, con el río flanqueándolos como una bestia blanca que rugía entre la arboleda.

Hallaron una elevación poco después de que el suelo se endureciera bajo el calzado.

No se trataba de una cumbre despejada, sino de una espina de roca oscura que trepaba entre zarzales y árboles retorcidos, aferrados a las grietas y castigados por el viento.

Ascendieron durante un largo trecho, pasando del fango a la piedra desnuda, y cada tramo ganado le arrebataba altura al bosque hasta que las copas quedaron reducidas a un océano verde muy por debajo de ellos.

Desde aquella atalaya, la mirada de Denn abarcó el horizonte necesario.

Convocó la imagen del mapa guardado para contrastarla con la geografía viva.

Midió el curso sinuoso del río, la posición de la fortaleza perdida al sur y el relieve del cerro que custodiaba la instalación sepultada.

Desde ese vértice trazó la trayectoria de las líneas que se abrían hacia el norte.

Activó el aumento de las lentillas y entrecerró los ojos.

Al otro lado del río, muy lejos, más allá de una extensión interminable de copas, creyó distinguir varias interrupciones en el bosque: una franja pálida de roca expuesta, una herida oscura abierta en una ladera y, más allá, un claro demasiado plano para confundirse con una simple ausencia de árboles.

—Debe ser esa zona —dijo, señalando hacia el noroeste—. No un punto exacto. Toda esa parte.

Forzó la imagen hasta que el contorno comenzó a temblarle en la vista.

—Pero no estoy seguro. Incluso con el aumento está demasiado lejos.

C0-UN1 permaneció inmóvil a su lado. Sus ojos se fijaron en la misma dirección.

—Tampoco distingo estructuras ni movimiento. Pero las interrupciones no parecen naturales.

—¿Por qué?

—Están demasiado separadas para formar un único claro, pero demasiado próximas para no tener relación. El terreno cambia varias veces en un mismo sector: roca desnuda, cortes en la ladera, superficies planas. El bosque no se abre así por sí solo.