Capítulo VII #3
C0-UN1 abría huecos en las criaturas con las manos desnudas. Neil hacía lo mismo desde lejos, seco, exacto, sin desperdiciar un solo movimiento.
Dani tiró de Kein hacia el suelo cuando las placas de protección terminaron de cerrarse alrededor del vehículo.
Varias personas se habían dejado caer entre los asientos, apretadas contra cajas, piernas y arneses.
Algo golpeó el exterior. Luego otra vez.
Kein encogió los hombros y Dani lo sujetó contra su pecho.
Senlar se apoyó contra uno de los vehículos.
Una bestia se lanzó desde su derecha. Alcanzó a uno de los oficiales junto a él y lo derribó. El hombre gritó cuando los dientes se le cerraron sobre el hombro. Senlar disparó dos veces, y la criatura cayó.
Dos bestias venían por detrás de Denn, bajas, rápidas, casi invisibles entre el caos. No chillaban. No golpeaban el suelo. Solo avanzaban.
Senlar abrió la boca para advertirle.
Tarde.
Las dos saltaron.
El tiempo pareció dilatarse.
Denn ladeó la cabeza. La primera criatura pasó junto a su rostro, y disparó cuando cruzó la línea del arma. Continuó el movimiento hacia abajo, dejó caer el cuerpo en el fango y la segunda bestia saltó sobre él. Denn giró el cañón desde el suelo y también la hizo estallar.
C0-UN1 le extendió rápidamente una mano y Denn se levantó en un instante.
Ahora juntos embestían contra todo.
Neil cayó junto a Senlar, sosteniendo a una de las criaturas por algo que podía considerarse un cuello, luchando por alejar de su rostro aquellos dientes largos y finos.
—¡Dispara! —gritó.
Senlar la hizo explotar antes de que terminara.
El número de bestias disminuía, pero también el de oficiales.
Jin seguía bajo uno de los vehículos, encogido entre la tierra y las raíces, con el arma apretada contra el pecho. Intentó arrastrarse hacia fuera cuando uno de aquellos animales cayó herido a su lado.
Entonces la tierra empezó a vibrar. El follaje se sacudió.
Las bestias lo notaron. Se detuvieron de golpe, y una de ellas gimió con un sonido tan agudo que los dejó sordos por un momento. Luego escaparon en todas direcciones.
Tras ellas, los árboles empezaron a quebrarse.
El suelo temblaba ahora con más fuerza.
—La línea de árboles grandes —dijo Denn, señalando hacia adelante—. Tenemos que llegar ahí.
—¡Todos adelante!
Los vehículos se movieron. Las plataformas de carga que aún conservaban el enlace magnético los siguieron, balanceándose detrás del convoy.
Entonces apareció.
Era una cosa inmensa, casi erguida, con los hombros por encima de los árboles y brazos largos que arrastraban ramas enteras al moverse.
La piel oscura se le partía en placas irregulares que se abrían y cerraban con cada respiración.
Tenía una cabeza ancha, baja, hundida entre los hombros, sin belleza animal, sin furia reconocible; solo una masa viva que miraba el mundo como territorio. Dueña de todo lo que pisaba.
—Lo distraeré —le dijo C0-UN1 a Denn.
Saltó sobre una de las extremidades del monstruo.
Se aferró a las placas abiertas, trepó entre sacudidas brutales y llegó hasta la parte delantera de aquella cabeza hundida, donde no había un rostro claro, sino hendiduras húmedas, cavidades tensas y una abertura torcida que se contraía y expandía.
La criatura se agitó con violencia, intentando arrancarlo de allí.
El autómata resistió.
Los árboles se rajaron. Las piedras volaron. Algo similar a aves revoloteó por todo el bosque, lejos de allí.
El convoy avanzó como pudo, hasta llegar a una tierra más fina.
Una orilla.
Un río. Gigantesco. Demasiado ancho. Violento.
—¡Hay que cruzar! ¡Suban a los vehículos!
Los oficiales lo hicieron como pudieron, y los transportes se adentraron en el río, flotando sobre los rápidos, a toda velocidad.
Las plataformas de carga tiraron de los enlaces magnéticos al seguirlos, inestables sobre el aire agitado que subía de la corriente.
Más arriba, los drones también cruzaron con dificultad, todavía apuntando hacia la orilla.
Denn miró hacia atrás.
La monstruosidad seguía allí, golpeando el suelo más allá de los árboles. Cada impacto levantaba ramas, tierra, pedazos enteros de aquel mundo.
C0-UN1 no aparecía.
—Vamos —dijo Denn en voz baja.
Otro golpe.
Luego otro.
Después, silencio.
La criatura giró hacia ellos.
—Apúrate —susurró Denn.
Entonces C0-UN1 apareció corriendo entre los árboles.
Y detrás de él, aquella cosa arrancaba el bosque a su paso.
El último vehículo avanzaba ya por el centro del río, zarandeado levemente por el viento.
—¡Salta! —gritó Denn.
C0-UN1 no frenó. Llegó a la orilla, hundió los pies en el barro y saltó. Cruzó el vacío sobre la corriente, con la criatura casi encima, y cayó de lleno sobre el último vehículo. El transporte apenas se tambaleó.
La criatura entró al río.
Furiosa. Enorme. Tarde.
El río fue más fuerte.
La corriente la tragó hasta el pecho, luego hasta la cabeza, y se la llevó entre rugidos.
Alcanzaron la otra orilla y avanzaron un poco más, hasta una pradera cubierta de vegetación de muchos colores. Al fondo, cascadas blancas descendían entre las montañas rocosas.
Y estuvieron a salvo.