Convergencia Capítulo V #5
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Capítulo V #5

—Hoy no es un buen día para envidiarnos.

C0-UN1 miró otra vez al grupo.

—Lo sé.

Antes de que pudieran decir más, uno de los drones emitió una señal breve desde el perímetro. Todos levantaron la cabeza al mismo tiempo. Un oficial revisó el lector.

—Movimiento pequeño. Sector oeste.

Nadie volvió a comer igual después de eso.

Pasadas unas seis horas, Denn regresó con los nueve oficiales.

Venían cubiertos de barro hasta las rodillas. Uno tenía un vendaje nuevo en el antebrazo. Otro caminaba cojeando. En el vehículo traían dos recipientes llenos de agua que todavía debían analizar antes de beber.

Pero todos estaban vivos.

Senlar se levantó antes de que el grupo terminara de llegar.

Dani también lo vio. Se incorporó de golpe, con una mezcla de alivio y cansancio que casi la hizo tambalear. Kein fue el primero en sonreír.

C0-UN1, que estaba ajustando una de las cargas del vehículo, se quedó inmóvil un segundo. Solo uno. Después avanzó hacia Denn con una rapidez que no parecía de trabajo, sino de alivio.

—Estás vivo —dijo.

Denn lo miró, agotado.

—Eso parece.

Le dio un golpe leve en el hombro metálico, más torpe que fuerte.

—Tú también te ves entero.

C0-UN1 bajó la mirada hacia el punto exacto donde lo había tocado. Luego asintió, como si archivara el gesto con demasiado cuidado.

Alrededor, varias personas empezaron a acercarse. No todas hablaban, pero todas querían una respuesta. Algunos se levantaron de las cajas donde esperaban. Otros miraron los vehículos, lo que traían, el barro en las botas de los exploradores.

Neil, apartado del grupo, vio llegar a Denn y escupió al suelo. No dijo nada. No hizo falta.

Senlar llegó hasta él.

—Dime que no tengo que descargar todo otra vez y volver a levantar este desastre aquí.

Denn lo miró. Casi sonrió.

—Encontré un buen lugar, amigo.

Senlar respiró aliviado.

—Un terreno alto. Más espacioso. Menos árboles alrededor. Hay agua cerca, aunque no sé si podremos beberla. Traje algunas muestras… —Hizo una breve pausa—. No es perfecto.

Miró los restos del campamento temporal, casi desmontado ya: las cajas donde algunos se sentaban, las lonas dobladas, los heridos esperando entre bultos, sin sitio real al que pertenecer.

—Es mejor que esto.

—Entonces nos movemos.

—Nos quedan unas ocho horas de luz —dijo Denn—. Conviene irnos pronto.

—Ya todo está listo para partir.

Denn miró hacia el claro. Desde donde estaba podía distinguir la tierra recién removida.

Senlar siguió su mirada y bajó un poco la voz.

—Los enterramos allí. Al capitán y a los demás.

Los nueve oficiales que habían salido con Denn guardaron silencio.

Denn asintió una sola vez.

Fue al claro con ellos. Dani, Kein y C0-UN1 también lo acompañaron.

No estuvieron mucho. No podían. El planeta no les concedía ceremonias largas.

Denn se detuvo frente a la tierra recién removida. No dijo nada al principio. Después inclinó la cabeza.

—Lo lamento.

Nada más.

Cuando volvió, su rostro estaba cerrado.

Dani caminaba a su lado. Kein iba un poco detrás, junto a C0-UN1. Le hacía preguntas en voz baja y tocaba, con una curiosidad cuidadosa, uno de los brazos del autómata. El autómata respondía sin apartar la vista del camino.

—No quiero perder más tiempo aquí —dijo Denn.

Dani dudó.

—¿De verdad es mejor el lugar?

—Sí —respondió Denn—. Ya lo verás.

Hizo un gesto hacia Kein y C0-UN1.

—Vamos. Es hora.

El niño corrió hasta ellos con una ligereza que desmentía todo lo que habían vivido. Esa pequeña alegría, absurda y limpia, le dio a Denn algo que se sintió como esperanza.

Dani sonrió al verlo.

Senlar se encontró con ellos.

—¿Listo?

—Anuncia la partida.

La gente ya esperaba la señal.

Senlar alzó la voz.

—¡Nos vamos! ¡No dejen nada!

Denn se volvió hacia Kein.

—Ayuda a tu hermana a subir a aquel vehículo. No se separen.

Dani no necesitaba ayuda, pero Kein se irguió un poco al escucharlo. Ella también lo entendió y le ofreció la mano.

—Ven —le dijo.

Luego Denn miró a C0-UN1.

—C0, con los heridos. Los más graves primero.

—Entendido.

El movimiento empezó de inmediato: cajas alzadas, lonas recogidas, heridos acomodados con cuidado, oficiales revisando armas y comunicadores. Esta vez no hubo confusión, solo una urgencia contenida, casi agradecida. Ya tenían una dirección.

Senlar miró a Denn mientras el campamento terminaba de ponerse en movimiento.

—¿Qué tan lejos está?

—Un par de horas —respondió Denn—. Tal vez más, con los heridos y la carga.

Senlar asintió. Parecía satisfecho, pero no tranquilo.

—Tardaron demasiado.

Denn no respondió enseguida. Miró alrededor, al movimiento tenso del grupo, y tomó a Senlar del brazo para apartarlo unos pasos.

—Hay algo que debo decirte.

Senlar bajó la voz.

—¿Qué pasa?

Denn dudó un instante.

—Encontramos algo… peculiar.

—¿Cómo?

—Una estructura.

Senlar miró a Denn sin comprender.

—¿Qué?

—Había piedra cortada. Líneas rectas. Algo medio tragado por raíces. —Hizo una breve pausa—. No es… natural. Alguien debió construirlo.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Senlar.

—No lo sé… —dijo—. Pero todo indica que no estamos solos en este planeta.