Capítulo I #3
—Tienes acceso al canal de emergencia de la plaza —dijo Senlar—. Habla con normalidad.
Denn se volvió hacia la multitud. La espalda se le enderezó por disciplina, no por calma.
—Atención.
No gritó. No le hizo falta. Su voz llegó en privado a las interfaces enlazadas con el nodo local. Las conversaciones no cesaron de inmediato.
—Atención —repitió—. Aquí, junto a la fuente.
Rostros de todos los extremos de la plaza comenzaron a volverse hacia él.
—Dejen hablar a los oficiales y escuchen. Solo serán unos minutos.
El ruido descendió en oleadas. Denn esperó hasta que la mayor parte de la plaza estuvo pendiente de él.
—Mi nombre es Denn Bornew. Soy sargento de Tau Ceti. Las autoridades de la estación me han pedido colaborar con ellas mientras se aclara la situación. Sé que tienen preguntas. Todos las tenemos. Este hombre es Senlar Belmy, primer oficial de estación. Escúchenlo. Y, por ahora, cooperen.
Denn se hizo a un lado. Senlar subió a la plataforma y ocupó su lugar.
—Alguien irrumpió en la sala de mando y tomó el control de la estación.
Todavía no sabemos cómo ni con qué propósito, pero sí sabemos esto: durante la maniobra, S02-07 atravesó varios cruces y el sistema de salto sufrió daños graves.
Por el momento, la estación no puede abrir otro agujero de gusano.
Un murmullo recorrió la plaza. El miedo acababa de encontrar una forma concreta.
Senlar continuó antes de que creciera.
—La persona responsable no ha sido localizada. Seguimos tratando una situación abierta. Por esa razón, nadie debe abandonar esta plaza hasta nueva orden.
—¿Cómo pudo pasar algo así? —gritó alguien cerca de la plataforma.
—¿Estamos varados?
—¿Durante cuánto tiempo?
Las preguntas empezaron a encimarse. Varias personas avanzaron al mismo tiempo y los oficiales más cercanos tuvieron que contenerlas.
—Silencio, por favor —ordenó Senlar a través del canal—. Escuchen.
No todos callaron, pero el ruido descendió lo suficiente.
—Ahora mismo no hay indicios de una amenaza inmediata en esta plaza. Contamos con personal de seguridad y la sala de mando ha sido recuperada. Varias áreas ya están aisladas y los sistemas continúan bajo revisión. Lo primero es determinar exactamente quién sigue a bordo.
A una señal suya, dos oficiales se situaron junto a la fuente y abrieron el registro desde sus interfaces.
—Van a formar dos filas. Estos oficiales registrarán su identidad y cualquier información que pueda ayudarnos. Después deberán permanecer aquí. Si han visto algo inusual, si recuerdan algún movimiento extraño o si sospechan de alguien, díganlo. No omitan nada por insignificante que les parezca.
La instrucción no produjo dos filas limpias.
Algunos avanzaron demasiado deprisa; otros permanecieron inmóviles o siguieron haciendo preguntas.
Varios oficiales se distribuyeron entre los grupos y comenzaron a orientarlos.
Poco a poco, la presión alrededor de la plataforma cedió y dos hileras irregulares empezaron a tomar forma, todavía atravesadas por murmullos.
Senlar se apartó del centro y le hizo a Denn una seña.
—Ven.
Denn se acercó.
—¿Qué ocurre?
—Esto nos compra algo de tiempo. Dos de los oficiales retenidos hasta el final de la evacuación tienen formación técnica. Ya están evaluando el daño en el sistema de salto. Cuando sepan algo, lo sabremos nosotros.
—¿Y mientras tanto?
—El capitán ha dividido al personal de seguridad en varios grupos. Cada uno registrará un sector y revisará las zonas donde alguien podría haberse ocultado. —Señaló con la mirada a un hombre situado más allá—. El segundo oficial de estación va a encabezar una de las inspecciones.
Senlar volvió los ojos hacia C0-UN1.
—Quiero que te unas a ellos. Tú y el autómata.
—¿Por qué nosotros?
—Porque necesito aquí a la mayor parte de mi gente visible. Y porque, si ese autómata ve, oye o detecta mejor que un hombre, prefiero tenerlo buscando antes que quieto en esta plaza.
Denn miró al grupo que ya se reunía alrededor del segundo oficial.
—De acuerdo —dijo.
Cooperar le permitía permanecer dentro de la estructura de mando sin llamar la atención. Si el sistema de salto volvía a funcionar, ya encontraría otra salida.
—Dame un momento —añadió—. Quiero hablar con él primero.
Senlar asintió.
Denn se apartó con C0-UN1 del flujo de gente.
—¿Estamos en problemas? —preguntó C0-UN1.
—No tú —respondió Denn—. Yo, quizá.
El autómata volvió el rostro hacia él.
—Nadie aquí sabe lo que eres —añadió Denn, bajando la voz—. Podrías caminar por una calle de Ciudad Capital y no pasaría nada. Les parecerías extraño, sí. Pero nada más.
Se aseguró de que nadie los escuchara.
—Vamos a tener que cooperar con esta gente. Nadie sospecha de nosotros, y quiero que siga siendo así. Si alguien te pregunta algo, di que te compré en la Tierra antes de venir a la estación. Nada más.
C0-UN1 inclinó apenas la cabeza.
—Pero ¿no habías dicho que éramos compañeros?
Denn dejó escapar una sonrisa breve, esta vez sin esfuerzo.
—Creo que todos entendieron que solo estaba tratando de entretener al niño. Además, si alguien preguntara, sería bastante complicado inventar historias sobre nosotros dos combatiendo juntos en las fuerzas. ¿No crees?
El autómata guardó silencio un instante.
—Me habría gustado ser tu compañero.
Denn lo miró de lado. Más allá, los oficiales empezaban a reunirse alrededor del segundo de estación.
—Solo llevamos un día juntos y ya estás apegado a mí —murmuró—. ¿No tienes más amigos?
—No. No tengo. Me activaste apenas ayer. ¿Lo recuerdas?
La respuesta apagó la ironía antes de que llegara a convertirse en sonrisa.
—Claro que lo recuerdo. No hablaba en serio.
Denn volvió la atención hacia los oficiales. Cada vez eran más. Algunos revisaban sus armas; otros consultaban planos de la estación desde sus interfaces.
—Tendremos que cooperar con ellos —continuó—. Mantente cerca, no digas nada que no sea necesario y haz lo que te ordenen. Eso hacen los compañeros: se cubren el uno al otro.
C0-UN1 permaneció en silencio.
—Y no te preocupes, C0 —añadió Denn mientras reanudaba la marcha—. Tengo la impresión de que pronto tendremos problemas suficientes para ponerlo a prueba.
—¿C0?
Denn tardó un instante en comprender.
—Es una forma más corta de llamarte.
—Mi nombre es C0-UN1.
—Lo sé. Pero no pienso repetir todas las letras y números cada vez que necesite hablarte. Mucho menos si tenemos que hacerlo deprisa.
El autómata pareció considerarlo.
—Se me hace extraño.
—Te acostumbrarás.
—¿Por qué?
Denn observó al grupo que los esperaba.
—Pareces adaptarte fácil.
—Entiendo.
Denn le indicó con la cabeza que avanzara.
—Vamos. Conozcamos al segundo de estación.
Denn y C0-UN1 avanzaron hasta donde estaba el hombre.
—Hola —dijo Denn.
No obtuvo respuesta.
El segundo de estación apenas volvió la cara hacia él. No tenía la sobriedad de Senlar, sino una rigidez altiva, una forma de mirar que parecía rebajar a quien tuviera delante.
Llevaba poco más de un año en S02-07. Antes había servido en las fuerzas del Sistema Solar, igual que Senlar.
Al acercarse, Denn volvió a sentirlo.
Era una impresión leve, sorda, difícil de situar. Ya la había notado en Senlar y en Kein: una nota apenas desviada de lo normal. La relacionaba con lo que le había ocurrido más de un año atrás y con las visiones que lo habían llevado hasta la Tierra y C0-UN1.
—Mi nombre es Denn Bornew, y él es C0 —insistió.
El hombre lo miró de reojo. Algo pareció llamarle la atención, aunque no dijo nada.
—No me interesa el nombre del autómata. Me han dicho que van a ayudarnos. ¿Es cierto?
—Así es —respondió Denn—. No escuché tu nombre.
—No lo dije.
Denn lo odió al instante.
Se llamaba Neil Gobi. Tenía ciento dieciocho años, había nacido en Ciudad Bajo el Desierto y descendía de una estirpe marcada por rebeliones.
En otra época, su edad habría pertenecido a un anciano; en aquella, apenas se advertía en la dureza de sus gestos.
No era especialmente alto, pero sí sólido, con un cuerpo endurecido por la disciplina y sin rastro de blandura.
El rostro era masculino y severo. Nada en él invitaba a la cercanía.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó Denn.
Neil ni siquiera se volvió del todo.
—Vamos a registrar todo el sector H. Quiero al intruso vivo.
Dio media vuelta y echó a andar hacia un elevador, seguido por los oficiales de su grupo. Denn se quedó atrás apenas un instante.
—Muévete —soltó Neil por encima del hombro.
Denn volvió la vista hacia C0-UN1.
—No queda otra —dijo en voz baja—. Vamos. Terminemos con esto.
El registro se prolongó más de lo que cualquiera habría querido. Dos drones de vigilancia, esféricos y del tamaño de una cabeza humana, avanzaban por delante del grupo y barrían los espacios abiertos.
Recorrieron depósitos, áreas de mantenimiento y tramos residenciales donde la luz parpadeaba con una insistencia enfermiza. Abrieron compuertas, revisaron cabinas y forzaron accesos bloqueados. Solo encontraron recintos vacíos, objetos abandonados y el eco lejano de las alarmas.
Denn buscaba donde buscaban los demás y descartaba lo mismo que ellos. Sabía que no hallarían a nadie; aun así, la fracción anterior a cada compuerta se le hacía demasiado larga.
Neil soportaba mal cada recinto vacío. Conforme avanzaban sin resultados, empezó a tratar a sus hombres con una sequedad todavía más áspera. Denn hablaba poco. Observaba el estado de la estación y medía las reacciones de quienes lo acompañaban.
Mientras tanto, los dos oficiales intentaban devolver el sistema de salto a la vida. Val ordenó emitir señales y buscar naves o sistemas habitados. Alrededor de S02-07 no apareció tráfico, ni balizas, ni rastro de civilización.
También hicieron inventario de los suministros disponibles y calcularon cuánto tiempo alcanzarían para todos. La situación empezaba a reducirse a cifras.
Varias horas después, Denn regresó a la plaza principal. El cansancio había bajado el volumen de los murmullos, no la tensión. Senlar seguía allí, rodeado de personas que esperaban más de lo que podía darles.
Denn se acercó.