CAPÍTULO 13 #3
—Cometí un gran error. Pensé que la unión con Roberto-san sería el pasaporte para la continuidad de la prosperidad de esta familia, pero tú lo has hecho todo sola.
—Me gusta mi trabajo, papá.
—El resto... —hizo una pausa al mirar al enfermero de guardia y comprendí que quería privacidad.
—¿Puede dejarnos a solas un minuto, por favor? —pedí—. ¿Por qué no va a la cocina y pide que le preparen algo para comer? Tiene libertad para pedir lo que quiera —añadí, y recibí una sonrisa de agradecimiento como respuesta mientras nos dejaba a solas.
—Te entregaré la responsabilidad de cuidar de esta familia. Ya no te sientas atada a tus promesas a este viejo; ya no tienen importancia, muy pronto no estaré aquí.
—Papá...
—Naomi —continuó, dejando claro que no quería que lo interrumpiera—.
Tu hermano no tiene la fuerza necesaria para liderar, ni la responsabilidad para tomar decisiones y asumir las consecuencias.
Tienes que cuidar de él y de mi hermana.
La gestión de las empresas ya es tuya; te entregaré el puesto de líder de nuestro clan.
—Usted siempre ha sabido que yo no comulgo...
—Naomi, el clan es mi legado. Si se lo dejo a algún consejero, perderás las empresas junto con él.
Sin embargo, una vez seas líder, el poder de decisión sobre cómo quieres gestionarlo será tuyo.
Recuerda que te he liberado de tus promesas y de tu compromiso.
Pero es importante que sepas que, hagas lo que hagas, a partir de ahora tendrás que andarte con cuidado.
Cualquier decisión equivocada pondrá tu vida en peligro.
Sé inteligente respecto a lo que quieres y a cómo vas a conseguirlo.
—Hai, otousan —incliné la cabeza, asumiendo el peso de la responsabilidad que mi padre me entregaba.
—Mis sueños eran mis sueños. Ahora que eres libre, tus sueños serán los tuyos. Solo te pido una vez más que no olvides que necesito que cuides de esta familia.
Mi padre cerró los ojos durante un instante, como si buscara fuerzas, y volvió a abrirlos.
—Y respecto a uno de los muchos errores que cometí, Naomi-chan, no sé si puede repararse —continuó, mostrando aún más cansancio, pues estaba muy debilitado—. Llama a Daniel-san para que vuelva —pidió con convicción, pero con dificultad para tomar aire.
—¿Daniel? —me sorprendió.
—Hai...
—Otousan, no sé cómo encontrarlo. Nunca lo he sabido.
—Onee-chan Sumiko (hermana menor), pídeselo a ella...
Si el intercambio de media docena de palabras, tres días antes, ya me había desestabilizado, mirarlo cara a cara casi hizo que me derrumbara, pero me mantuve firme; tenía que hacerlo.
Aquella Naomi ingenua, soñadora e inocente ya no existía.
Me había reconstruido como una mujer firme, casi una dictadora, pasando por encima incluso de mi hermano, que debería haber heredado los negocios de papá.
Nadie en esta familia se había hecho más fuerte que yo y nadie volvería a derribarme jamás. O, al menos, eso pensaba, hasta que lo vi cara a cara y sentí que me flaqueaban las piernas y que me fallaba la voz.
Después de creer que aquel sentimiento estaba reprimido dentro de mí, bastó un intercambio de miradas para saber que Daniel todavía lo significaba todo en mi vida.
Fue como si regresara al pasado, a nuestro primer beso en el Pico do Jaraguá, o a nuestro primer paseo cogidos de la mano por el parque de Ibirapuera, a nuestras escapadas clandestinas por la noche.
Los recuerdos invadieron mi pecho, trayéndome un tipo de dolor que hacía mucho que no sentía, y las sensaciones de nuestro primer y único momento de amor volvieron a avivarse en mi interior.
Dejé a mi tía esperando en la sala de estar, pedí a Kimura que dejara el equipaje de Daniel en su antiguo dormitorio y me encerré en la habitación que utilizaba como despacho privado, ya que prefería trabajar desde casa y no en la sede de la holding[79] Asano.
Me apoyé contra la puerta y me llevé una mano al corazón, sintiéndolo desbocado, como si quisiera saltarme del pecho. Todo mi cuerpo temblaba. ¿Cómo podía ser fuerte cuando estaba cerca de él?
No sabía nada de lo que había hecho con su vida durante todos aquellos años.
En cuanto a mí, miré mi mano izquierda, con aquella joya que me aprisionaba en el dedo anular.
Respiré profundamente y recordé que muchas cosas se habían dicho entre papá y yo durante los últimos días, mientras esperábamos el regreso de Daniel.
Llevaba diez años casada. Durante ese tiempo había dejado atrás mi espíritu de libertad, junto con mi sueño de una vida occidental, para convertirme en la dama japonesa que el clan quería tener como imagen, pero con una gran diferencia: recluida entre los muros de la mansión Asano y con visitas esporádicas a la empresa, había empezado a gestionar los negocios, convirtiéndome en la gran sorpresa del consejo.
Era una mujer de negocios en ascenso que ignoraba la mediocre vida conyugal que llevaba.
Me quité la alianza y la dejé sobre la mesa de trabajo. Después me dirigí a la caja fuerte, introduje la combinación y, entre las carpetas de documentos, saqué aquel sobre blanco amarillento por el paso del tiempo: Na-o-mi.
Me senté lentamente con aquel «tesoro» entre las manos, abrí el sobre con cuidado y, por milésima vez, leí aquellas líneas cuidadosamente escritas, como si fuera la primera vez.
«Naomi:
No siempre nos marchamos porque no amemos; a veces amamos tanto que la única forma de proteger es mantenernos alejados.
Dejo esta casa y esta familia, y me llevo conmigo los mejores recuerdos de una vida feliz. Solo que me marcho sin mi corazón; este jamás dejará de estar contigo.
Sigo el camino de la deshonra y no puedo ni quiero arrastrarte conmigo; tú mereces algo mejor que eso.
Nuestra noche, jamás la olvidaré. Serás para mí, eternamente, mi kokoro-zuma (esposa del corazón).
Con amor,
Daniel»
—Naomi —oí que llamaban a la puerta—. Daniel ya ha terminado de hablar con tu padre —avisó la tía Sumiko.
Me tragué las lágrimas que hacía mucho tiempo que no me permitía derramar, procurando recomponerme. Volví a guardar la carta en el sobre y la deposité en la caja fuerte. Después me puse de nuevo la alianza que me aprisionaba el dedo, sintiendo el peso de aquella carga en mi vida.
Daniel había regresado, pero nuestras vidas jamás volverían a ser como antes.