Contrapeso Seguiremos en la Tierra
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Seguiremos en la Tierra

—Dice que no se acuerda.

—¿De qué?

—Del rostro de Kim Jaein.

—¿Qué narices estás diciendo?

Sumac Graskamp frunce el ceño.

—Pues eso mismo, que no se acuerda. Dice que recuerda lo que pasó, pero ha olvidado la cara de Kim Jaein.

Le he enseñado una fotografía, pero dice que no la conoce.

Que es la primera vez que la ve, y que no siente nada.

Oye, ¡qué fácil se atrofia un cerebro! Es como si un rincón de su cabeza hubiese explotado con el fantasma del presidente Han.

—¿Qué sentido tendría que solo se olvidase del rostro de Kim Jaein?

—Bueno, ella odia que alguien la ame de esa manera. No puede impedir a nadie que lo haga, pero sí puede hacer que sea una experiencia insufrible.

Sumac Graskamp y yo caminamos por la playa junto a las ruinas medio sumergidas.

Hace ya un buen rato que ha oscurecido, y sopla una brisa nocturna un poco fresca.

Durante los últimos dos días hemos estado muy ocupados fabricando el cadáver de Eugene Hwang.

Aunque nadie se crea que el caso está resuelto, había que preparar algunos detalles para que la policía de Indonesia recuperase un poco su honor.

Tengo pensado cerrar todo este asunto con la desaparición de Damon Chu.

Siempre me había gustado la historia de D.

B. Cooper. Esto es: un tipo que viajase a la otra punta del espacio para robar algo desconocido y luego desapareciera.

Suena hasta más elegante que lo de D. B.

Cooper. Me da rabia que no se me hubiese ocurrido a mí.

Pero esta historia se había ido escribiendo sola.

Por otro lado, la historia de Eugene Hwang también suena bastante interesante.

Aunque la parte de cómo escapé del Nido es un poco sosa.

Cuando llegó la policía, simplemente me metí en uno de los muchos túneles que conectaban con las entrañas de la montaña.

Gracias a que Kim Jaein hizo que mi presencia pasase desapercibida para la IA de Patusan, pude salir de allí sin que nadie me viera.

Mi avatar estuvo funcionando bien mientras hacíamos lo de la toma del rehén, con Miriam interviniendo cuando hacía falta, por lo que nadie se dio cuenta de mi ausencia.

Y aunque alguien lo hubiera hecho, nos encargaríamos de que todo lo que dijera no tuviera ningún sentido.

—Creo que entiendo un poco por qué a Kim Jaein le molesta la gente —continúo hablando—: Choi Kangwu dijo que, estando sobre el contrapeso, pudo entrar en su mente por unos segundos.

Según él, Kim Jaein está conectada con la inteligencia del ascensor espacial de una forma mucho más cercana de lo que nosotros podríamos imaginar, y que la estaba cambiando por dentro de una manera constante.

Eso también explicaría cómo pudo él entrar en su cabeza sin tener ninguna función para ello.

El worm de Kim Jaein ha evolucionado tanto gracias a esa conexión que su mente se ha expandido dentro de la propia IA.

Según ese simplón, dijo que sintió placer.

El placer inmenso de convertirse en parte de una maquinaria refinada, hermosa, enorme y complicada.

Una felicidad tan inmensa y magnífica que los sentimientos y emociones humanas palidecen a su lado, pero al mismo tiempo, se sintió familiar.

Esa sensación fue leve, pero es porque quedaría algo en algún rincón de las memorias del presidente.

Lo que vio ese día en el contrapeso fue quizá el final de un drama sentimental.

—¿Un triángulo amoroso entre dos personas y el ascensor espacial?

—Una relación difícil de entender por completo como humanos.

En fin, a lo mejor como vemos que la historia no tiene más, la damos por terminada para quedarnos más tranquilos.

Quién sabe si acabó o no, pero eso no importa.

En fin, supongo que para alguien que ha ampliado los límites de su consciencia hasta ese punto, las emociones humanas deben ser algo insignificante.

No tengo pensado de momento llegar tan lejos con mi mente, la verdad.

—¿Y qué va a hacer tu amigo?

—Dice que no dejará de querer a Kim Jaein.

Que no es algo que pueda detener. Pero esa historia sí termina aquí, claro.

Ella no tiene ni la más mínima intención de juntarse con él, y tampoco es que Choi Kangwu guarde alguna esperanza.

Solo ama sin descanso, en la distancia y en silencio, a una mujer cuyo rostro ha olvidado.

Además, se va a ALYSSA. Kim Jaein le escribió una carta de recomendación a Kostomárov.

Encajará mejor allí que en el LK. Y cuando su hermana mayor se recupere del todo, seguramente vayan a Marte a bordo de la nave Dejah Thoris III.

La conversación termina. Sin decir nada, caminamos en dirección al puerto donde aguardan el ferri y el enorme navío de Green Fairy.

La muerte de Tamaki trajo consigo el caos a la Unidad de Seguridad, y Graskamp tiene pensado aprovechar esa oportunidad.

Estuvieron trabajando para el LK durante ocho años, no hay motivo por el que no puedan reincorporarse de nuevo.

Si su plan funcionaba, Green Fairy reemplazaría a Seguridad y quedaría justo por debajo de Asuntos Exteriores.

En fin, como voy a dejar la empresa pronto, no es algo que me importe.

Pero seguro que Miriam estará contenta, una vez tenga mi puesto.

Solo espero que no se ponga a hurgar en mis trapos sucios cuando tenga acceso como cabecilla de la unidad.

En cuanto a Han Suhyeon, sigue acechando el puesto que Ross Lee dejó vacío.

Dependiendo de los sacrificios que esté dispuesto a hacer, existe la remota posibilidad de que pueda evitar la ley contra los chaebol y convertirse en el presidente del LK.

Pero no creo que le interese eso, supongo que se buscará un buen testaferro y ya.

Aunque, ¿qué sentido tendría eso ahora? El grupo LK lleva un tiempo necesitando cada vez menos la intervención de políticas humanas. Pronto, toda esa gente se dará cuenta también de que no son más que títeres colgando de los hilos de la IA. Así de insignificante es la libertad humana.

En cuanto a Tamaki, ya no sé qué pensar sobre él.

A veces nos desconcierta encontrar una inmensa profundidad en quienes creíamos personas superficiales y vacías.

Tal vez Tamaki también era esa clase de persona.

A lo mejor, tras el fallecimiento del presidente, tanto ir y venir entre Ross Lee y Han Suhyeon terminó por empujarle a creer que una especie de monstruo lovecraftiano que regía sobre el destino de la humanidad había despertado en algún rincón del contrapeso, y que debía detenerlo a toda costa.

Incluso un egoísta puede llegar a sacrificarse por otros.

Pero personas así no desean cambiar el mundo en el que viven; solo quieren que esos cotidianos, manidos deseos y placeres tan obvios continúen por siempre.

Esa es la eternidad que buscan. Creo que no tengo derecho a juzgarle.

Es posible que su elección fuese correcta, y que haya sido yo quien haya abierto las puertas de par en par a ese apocalipsis que se acerca.

Las acciones de Kim Jaein en el contrapeso podrían interpretarse de mil formas distintas.

La muerte del fantasma del presidente también podría significar que aquella entidad que vivía allí arriba quedase liberada del control de Han Jeonghyeok.

Sí, pongamos que eso es lo que pasó. ¿Estará esa bestia liberada observándonos desde arriba? ¿Con qué expresión?

Suena una canción de Fátima Velasco. Una estrella con un fulgor amarillo atraviesa las nubes y sube despacio hacia el cielo.

El recorrido del ascensor, detenido por un tiempo debido a la toma del rehén, continúa como siempre.

Graskamp y yo nos detenemos, viendo esa estrella desaparecer entre las nubes, y reanudamos la marcha.

Ellos ascienden hacia el cielo. En cuanto a nosotros, tenemos asuntos pendientes en la Tierra.