Contrapeso Un culpable inesperado #2
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Un culpable inesperado #2

»En un primer momento pensé que era una broma.

Vale que yo no sea un experto en estos temas, pero sé que todavía es imposible trasladar una consciencia humana de esa manera.

Volví a buscar sobre ello después de nuestra charla, pero nada.

Sin embargo, el quid de la cuestión está en cuál era su objetivo y cómo está definido.

Ahora mismo podríamos decir que la compañía sigue en marcha siguiendo la voluntad del difunto presidente, pero esto puede cambiar en cualquier momento a manos de los vivos.

Y para combatir eso, Han Jeonghyeok necesitaba crear una existencia capaz de absorber información y reaccionar por voluntad propia.

Si lo conseguía, ya no importaría la continuidad de la consciencia.

La capacidad de actuar es más importante que esa continuidad.

Lo que el presidente quería era construir un dios mecánico semejante a él, pero que trascendiera su ser.

»¿Acaso convertirse en un dios es algo tan horrible?

No lo creo. Desde la aparición de las hachas de piedra, desde el descubrimiento del fuego, la humanidad ha buscado superarse a sí misma.

Un hombre con un hacha era como un dios para aquellos que no tenían una.

Y si nos fijamos, lo que el presidente pretendía es básicamente una extensión del trabajo de su vida.

Lo que, a grandes rasgos, es una extensión natural de ese objetivo de la humanidad de mejorar y superarse.

»El problema no es que él quisiera convertirse en un dios, sino que en el proceso planease adueñarse de nuevo de la empresa, incluso después de morir.

Nadie diría nada si solo quedase como una deidad.

Pero si resulta que un muerto está tratando de entrometerse en los asuntos de los vivos, la situación es distinta.

»Aun sin la intervención del presidente Han, la influencia de la IA de la compañía va aumentando cada vez más.

Aunque tratemos de evitarlo, al final los grandes conglomerados como el grupo LK se integrarán en una sola entidad artificial.

Quizá ocurra lo mismo con los países dentro de un siglo.

No importará que la gente trate de ejercer sus derechos y actuar con libertad, terminará siendo absorbida por esa red y convertida en un mero accesorio.

Es un futuro inevitable, por más que pataleemos.

La única opción que nos queda es hacer tiempo para prepararnos y adaptarnos.

»De nuevo, el problema es otro distinto.

Todos saben que la IA del LK se mueve siguiendo la voluntad del presidente Han.

Ahora mismo, eso es lo mejor para la compañía, pero ¿qué pasaría si un humano de mente estrecha venido de una era llena de prejuicios interviniera como un dios en el desarrollo de una enorme IA?

La visión y ambición de un muerto no son más que elementos que se mueven por inercia, pero ¿y si hablásemos de un espíritu con consciencia y voluntad?

La cosa cambia bastante. Quizá ese viejo fantasma diga que crece, aprende y está en constante desarrollo, pero ¿qué es lo que hay al final de ese desarrollo?

¿Qué pasaría si ese espectro tratase de apoderarse de la empresa más importante del mundo?

»Ross Lee decidió que debía detener sus planes, así que envenenó al presidente y borró los datos, tanto los de su worm como los que planeaba cargar en la IA.

Sin embargo, eso no le bastó para quedarse tranquilo.

Sabía que todavía podía quedar una parte de su fantasma escondida en algún rincón de la inmensa red del LK.

Terminó dejando su deber en la compañía de lado, y quedó consumido por su búsqueda.

Hasta ahora me burlaba de su pereza e incompetencia, pero sabiendo esto, no solo no es un inepto, sino que su holgazanería era en realidad desesperación.

»Y entonces entra en escena él, Choi Kangwu.

Ross Lee era la única persona que sabía acerca de los sentimientos que el presidente Han tenía hacia ti.

También era una de las pocas personas que se dio cuenta del parecido físico entre Choi Kangwu y Anton Choi.

Hasta estaba detrás de los biorrobots implantados en los empleados de Green Fairy, recurriendo para ello a los ingenieros de Seguridad.

En cuanto a los ingenieros de LK Robótica que comenzaron todo esto, también habían sido contratados por él antes incluso de que asesinara al presidente.

No fue una increíble casualidad; no es que haya mucha gente en el mundo con ese nivel de habilidad.

En fin, era cuestión de tiempo que la situación de Choi Kangwu saliera a la luz.

»Pero ¿sería eso todo? ¿Su único objetivo era traspasar parte de sus memorias a un hombre atractivo y tratar de seducirte? Ross Lee seguramente se preguntaría si el plan de su amigo podría ser tan patético. Y para comprobarlo, no le quedó otra que hacer que Choi Kangwu entrase en la compañía.

»Llegados a este punto, convertir a los empleados de Green Fairy en zombis usando los biorrobots tiene sentido.

Necesitaba agentes de campo a los que dirigir, y solo disponía de los ingenieros de Seguridad.

Lo suyo sería subcontratar otra empresa para esto, pero entiendo su necesidad de recurrir a su propia tecnología, aunque supusiera ir demasiado lejos.

Puede que ahora parezca un tipo inofensivo, pero, hace años, Ross Lee era un científico loco.

Después de todo, es el mismo tipo que creó una forma de vida artificial dos veces más grande que una ballena azul y la usó para producir tubos LK en la fábrica.

No siempre fue tan cruel, pero a medida que ese gran propósito de salvar a la humanidad empezó a consumirle, también empezó a ver vidas como algo desechable.

»Fue tomando decisiones cada vez más arriesgadas.

No dejaban de ocurrir incidentes inesperados, como la intervención de Asuntos Exteriores y que O’Shaughnessy fuese descubierto.

Cuando acabó con este después de que fallara al extraerle el implante a Choi Kangwu, lo hizo en un estado de pánico.

La situación se complicó, y Tamaki se dio cuenta.

En cuanto a Han Suhyeon, también empezó a olerse lo que pasaba gracias a los chivatazos de Tamaki.

Ross Lee tenía que librarse de ese nuevo empleado, quien ya era obvio que estaba relacionado con el plan de su amigo.

Pero, a diferencia de los de Seguridad, él no tenía los medios para poder terminar con todo de forma rápida y simple.

Así que no tuvo más opción que seguir con esas enrevesadas conspiraciones de la empresa, como en una novela de Agatha Christie.

Para él, esa era la forma más rápida de salir adelante.

»“Jeonghyeok nunca murió. O al menos, es lo que yo pienso.” Eso me dijo el propio Ross Lee: “Aunque lo maté y traté de eliminar su rastro, parte de él seguirá viviendo siempre en algún lugar de la empresa. Sentí que todos mis intentos por acabar con él solo estaban consiguiendo que viviera dentro de mí. Ya ni siquiera sé cuánto queda de mí mismo”.

»Cuando le pregunté si se había rendido en su búsqueda, me dijo que no.

“Al contrario, ahora entiendo su plan. ¿Cómo podría haberse preparado en caso de que alguien como yo planease matarlo? ¿Dónde escondería esos datos con su consciencia, tras librarse de gente como yo? ¿No se te viene a la cabeza enseguida, solo con pensarlo un poco?”

»Entonces señaló el cielo con el dedo. Le pregunté si se refería a la estación espacial al final del ascensor, pero sacudió la cabeza.

»“No, ese lugar es demasiado concurrido. Está más arriba. Me refiero al contrapeso.”