Contrapeso Un culpable inesperado
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Un culpable inesperado

El presidente Han solía decir que lo único valioso de Ross Lee es que básicamente no existe.

No se posiciona en nada, no pertenece a ningún grupo, y carece de carisma, capacidad de liderazgo y visión.

No tiene ni puntos fuertes ni débiles. Limpio, inofensivo y sin nada que ocultar.

Tal vez con un gusto excesivo por los hombres jóvenes y guapos, se lamentaba no hace mucho por su divorcio de su segundo marido, que por edad podría ser su sobrino.

Sin embargo, este defecto no es nada en comparación con otras personas de la empresa.

«Supongo que Ross Lee ocupará mi puesto —dijo en su momento el presidente Han con expresión aburrida—. En cuanto me muera, querrán que la empresa siga funcionando por inercia, sin que nada cambie. Y así todos contentos.»

Bajo el mando de Ross Lee, el grupo LK fluía tal y como se esperaba.

LK Space estaba consiguiendo grandes logros, y a pesar de que ocurrían otras cosas aparte, marcadas por ese dinamismo tan coreano, Ross Lee no se entrometía en nada.

Daba la impresión de que el propio presidente Han estaba más presente y activo en la empresa que él.

Teniendo en cuenta esto, imagínate la sorpresa que me llevé cuando los técnicos de Green Fairy encontraron un rastro dejado por Ross Lee en el cerebro de Neberu O’Shaughnessy.

No solo porque me hubiesen engañado como a un tonto, eso no es lo importante.

Lo que más me enfureció fue descubrir que ese tipo no era alguien insustancial y con la cabeza hueca.

Mira, yo qué sé. A lo mejor he estado todo este tiempo enamorado en secreto de su simplicidad, de su estupidez.

Hablando por teléfono con Sumac Graskamp antes de nuestra jugada de secuestrar a Kim Jaein, me había dicho con voz calmada:

—Metiendo a Ross Lee en la ecuación, todo tiene sentido.

A Han Jeonghyeok le preocupaba que Han Suhyeon o Seguridad quisieran sacarle del juego, hasta estaba preparado para ello.

Así que ¿quién más podría traspasar ese muro de sospecha y envenenarle?

¿Habría esperado el presidente que su amigo de treinta años fuera a asesinarlo?

—Pero ¿cuál sería su motivo? Es un tipo sin ansias ni ambición. Incluso ahora, está sentado en ese puesto por obligación.

—No sé, ni que fuese yo adivina. Pero tenemos pruebas, tanto en el cerebro de O’Shaughnessy como en LK Robótica y Seguridad. Es nuestro «culpable inesperado», uno que jamás habría levantado sospechas.

—Ross Lee nunca ha tomado el control sobre Seguridad.

Ya sé que dije que, desde nuestra unidad, no teníamos ni idea de lo que pasaba allí dentro, pero conozco bien a Rex Tamaki.

Él no actuaría siguiendo las órdenes de un tipo como Ross Lee.

De hecho, lo despreciaba. Y aun si fuera verdad y estuviera bajo su mando, habría sido mucho más prudente.

—Tienes razón, el verdadero culpable fue muy descuidado.

Por eso mismo pudimos encontrar tantas pruebas que apuntan a Ross Lee.

Ni él ni Han Suhyeon controlan Seguridad por completo.

Pero no habíamos caído en que dentro de esa unidad hay ingenieros muy amigos de Ross Lee, aunque solo podrían haberle ayudado eliminando pruebas dentro de Seguridad.

Al no poder recurrir a agentes de campo, no tuvieron más opción que trazar ese enrevesado plan para eliminar a Choi Kangwu.

Y el único al que podían enviar para ello era O’Shaughnessy.

—¿Y el ataque que sufrimos en Vientián?

—No fue la Unidad de Seguridad, sino otra empresa distinta subcontratada por Han Suhyeon. Ese tipo te odia a muerte y lo sabes. ¿Crees que dejaría pasar una oportunidad de acabar contigo sin siquiera tener que mancharse las manos?

Trato de comprobar en mi cabeza la hipótesis de que todo lo que me está diciendo podría ser una trampa usando a Ross Lee como chivo expiatorio, un señuelo preparado por Han Suhyeon y los suyos para desviarnos de nuestro rumbo.

Pero fracaso en el intento. Tanta ineptitud no puede ser a propósito.

Y los descuidos siempre llevan la marca personal de quien los comete; en este caso, Ross Lee.

Una marioneta con cabeza de serrín se pone de golpe a cometer asesinatos, como alcanzada por un rayo.

¿Por qué? Ascender a la presidencia del grupo LK no le ha dado una autoridad absoluta, y tampoco es que tenga otra cosa que quiera hacer.

Entonces, ¿por qué? Intento pensar en la razón por la que Ross Lee guardaría rencor al presidente Han Jeonghyeok, pero es en vano.

Él no es una persona capaz de tener sentimientos tan negativos hacia alguien.

—Si tienes tanta curiosidad, ve a preguntarle. Te doy dos días.

—¿Y cuando pasen esos días?

—No puedo dejar que se vaya de rositas, Mac. No después de cómo trató a mi empleado. Tenemos un plan.

Graskamp me asignó cinco trabajadores de Green Fairy, y tan solo veintitrés horas después, Choi Kangwu y yo nos encontrábamos frente a Ross Lee en el duodécimo piso del Millenium Hilton de Teherán.

Una hora después de que actuase por primera vez un grupo de danza moderna patrocinado por el grupo LK.

Y ahora, treinta y siete horas después de esa reunión, estamos cara a cara con el espectro de Kim Jaein, en el Nido de Patusan.

Parece tan real que resulta espeluznante. Si no fuera porque sé que se trata de una alucinación digital fabricada por mi implante, quizá hasta me creería que es de verdad. El tamaño es perfecto, así como sus sombras y el ritmo de sus pasos.

No, no es que parezca real. Lo es. La auténtica expresión de la identidad y las emociones de Kim Jaein no es el cuerpo que yace sobre el sofá, sino el espectro que tengo delante.

Hasta se ve más humana que la Kim Jaein que yo conozco.

Ya no va vestida con el traje, sino con ropa informal y holgada del mismo color, con pantuflas moradas en lugar de zapatos.

Algunos finos mechones de pelo caen sobre su frente redonda.

Apoya el peso en la pierna izquierda, con ambas manos metidas en los bolsillos del pantalón y esbozando una sonrisa traviesa.

Su apariencia en sí es tan encantadora que resulta perturbador.

Por un momento, me quedo en blanco. El espectáculo de antes no ha sido más que una farsa organizada entre ella y yo, sin siquiera informarnos el uno al otro de nada mientras preparábamos el guion.

Una vez queda terminado el primer acto de esta exquisita obra, viene el segundo, que es básicamente improvisar.

Por lo tanto, no es tan sencillo como el primero.

Además, no me esperaba esa extraña apariencia en ella, me ha pillado completamente desprevenido.

Por fin consigo arrancar a hablar, aunque entre balbuceos.

Sobre el día en que conocí a Choi Kangwu, el intento de asesinato, la recuperación de las memorias del presidente Han, hasta el día en que irrumpimos en la habitación del hotel para vernos con Ross Lee.

Choi Kangwu se pone rojo cada vez que su nombre sale en el relato, clavando la vista al suelo.

—Ross Lee no parecía muy sorprendido de vernos —me dirijo al espectro—.

Es más, parecía que nos estaba esperando.

Nos costó bastante subir hasta allí. No es que tuviera escolta ni nada de eso, pero es como si supiera que ese momento llegaría.

Ya fuera ese día u otro distinto, nosotros o cualquier otra persona.

Se había tomado muy en serio los crímenes que había cometido, no podía sacudirse de encima la culpa de algo tan grande.

También sabía que debía enfrentarse a ellos, tarde o temprano.

Entonces, todo cobró sentido. Ross Lee estaba obsesionado por la belleza estética casi tanto como Han Jeonghyeok.

Por eso fue un ingeniero tan destacado en su juventud, claro.

Y de ahí que esos dos se llevasen tan bien.

»Sin embargo, es aquí donde falta parte de la historia: ¿cuál fue el motivo? Esperaba que me diera una buena respuesta. Si me dijese que había acabado con su amigo de treinta años solo para convertirse en el líder de la empresa solo unos meses antes, sería una decepción, ¿no crees?

»Menos mal que no era eso. De hecho, tenía un motivo excelente. Uno que además encajaba a la perfección con él.

»Al principio pensé que tal vez todo estaba relacionado con el plan del Gobierno de Patusan para librarse del dominio del LK.

Sin embargo, Ross Lee no tenía ni idea de esto.

Tampoco sabía sobre la masacre que tuvo lugar.

No podía saberlo, ya que tenía que cumplir con su función de ser la cara sonriente de la empresa.

Al parecer, el presidente Han creía que debía cargar él solo con los crímenes y trapos sucios del LK.

Suena un poco odioso, ahora que lo pienso.

»No obstante, sí sabía otras cosas. Como que el presidente se estaba preparando para lo que vendría después de su propia muerte.

No solo traspasar sus memorias y objetivos a una inteligencia artificial, eso ya es algo muy común.

Han Jeonghyeok pretendía ir más allá, fusionando su consciencia con la IA del LK para convertirse en un dios.