Contrapeso Desaparecido
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Desaparecido

La habitación del hospital está vacía.

La cama está deshecha, y el armario, abierto. Todos los aparatos eléctricos, incluyendo la lámpara, están desconectados. En la papelera hay un trozo de papel desechado, con mi nombre escrito en una esquina. Parece que iba a dejarme un mensaje, pero había cambiado de idea.

—¿Cómo de listo es tu amiguito? —pregunta Graskamp.

—Hace años pensaba que perseguir mariposas era lo más divertido del mundo.

—Eso no responde a mi pregunta. ¿Es lo suficientemente listo como para burlar nuestra seguridad y salir del hospital?

Parece ofendida. Debe de haber herido su orgullo que un novato como Choi Kangwu haya traspasado la red de seguridad de Green Fairy. Tengo que calmarla mostrándole que no es tan bobo como parece.

—Con la ayuda del biorrobot, sabe muchísimo acerca de Patusan y del ascensor espacial.

Pero ¿ayudaría eso a la hora de escapar de un hospital?

No lo creo. Por más que lo piense, no es algo que haya podido hacer él solo.

Debe de haber recibido ayuda desde fuera.

El worm debe de haberse conectado a algo externo al iniciarse.

—Entonces, ¿me estás diciendo que un entusiasta de las mariposas, en un posible estado de delirio que le hace creerse Han Jeonghyeok, se ha escapado con la ayuda de alguien desconocido y podría estar deambulando por alguna parte de Vientián?

Intento imaginarme la posibilidad de que el fantasma del presidente Han, almacenado en forma de datos digitales, reanimado en un worm y metido en el cerebro de Choi Kangwu, pueda someter la consciencia de este.

Me imagino al presidente, ahora con un cuerpo joven, sano y atractivo, seduciendo a Kim Jaein.

Parece lo más probable, tanto que no creo que sea eso.

Él no es una persona tan obvia. Tampoco puedo imaginarme a esa mujer fría como la protagonista de una novela gótica del siglo  XIX siguiéndole el juego de esa manera.

Además de que todo esto resulta repulsivo, algo que seguro que el presidente Han también sabía.

De ahí que ocultase con desesperación sus pensamientos.

Por más que cambie de cuerpo, ese asco no desaparece.

En cuanto a la parte técnica, suena complicada.

Copiar parte de las memorias de alguien y traspasarlas no era algo tan difícil, pero ¿trasladar una consciencia al cerebro de otra persona?

En algún momento se podrá, pero ahora no.

Aunque circulan por ahí rumores de que una gran compañía internacional como el grupo LK cuenta con un superequipamiento científico, sería imposible mantener una tecnología tan avanzada en secreto por mucho tiempo.

Toda tecnología existe en una fina y estrecha red de conocimiento colectivo.

De modo que quien está ahí fuera sigue siendo Choi Kangwu. El mismo que porta un fragmento de las memorias de Han Jeonghyeok y puede burlar la seguridad de Green Fairy. No obstante, ¿de quién habría sido la idea de fugarse del hospital? ¿Y de quién la voluntad para hacerlo?

Supongo que Choi Kangwu. Es la elección espontánea, simple y estúpida de alguien como él.

Reviso en mi móvil la información proporcionada por la IA de Green Fairy.

Aparecen varias posibles trayectorias. Las medidas que había tomado para camuflar su rastro, perfectas durante unos veinte minutos o así, comienzan a perder el efecto.

Ha puesto un esfuerzo sorprendente en su huida.

Cómo decirlo... Es como traer una excavadora para una tarea en la que basta con usar una palita de jardinería.

La red de tráfico de todo Vientián es un caos por su culpa.

Tengo que pensar como Choi Kangwu. Si estuviese desconcertado por el miedo y contase con el poder de detener la ciudad entera de golpe, ¿qué medio de transporte tomaría?

Nada de aviones, desde luego. Tiene que ser algo rápido, flexible y con privacidad asegurada.

Algo con lo que salir de Vientián cuanto antes.

Busco todos los medios de transporte que lleva el LK en Vientián. No aparece nada. No obstante, hay una posible ruta que me llama la atención, una que pasa por un puerto cerca de nuestra sede.

Salgo del hospital junto con Graskamp y montamos de nuevo en la moto. Al llegar al puerto entro en el hangar de la empresa con mi código de Asuntos Exteriores, que por suerte aún puedo usar. Compruebo que falta algo: un hidroavión de cuatro plazas de uso ejecutivo. Menos mal que queda otro.

—¿Qué harás cuando le atrapes?

La bruja verde pregunta mientras yo, subido a la nave, abro a la fuerza el cierre de seguridad.

—Ser lo más razonable posible y persuadirlo —le contesto.

—¿Qué sabréis vosotros de lo que es razonable y lo que no?

No tengo ningún comentario al respecto.