Contrapeso La gente a la que maté
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La gente a la que maté

Adnan Ahmed era un geólogo contratado por Construcciones LK.

Era el hijo de un pescador de Patusan, donde había pasado casi toda su infancia.

Fue a la universidad en Taprobana e hizo un doctorado en el Instituto Avanzado de Ciencias y Tecnología de Corea.

Construcciones LK ya le había echado el ojo desde el primer momento, pensando en usar las estructuras geológicas subterráneas como esponjas de Patusan en la construcción de una ciudad subterránea.

Hay una placa en algún lugar de Patusan con su nombre y un poema de tres versos bajo él, escrito en coreano por un poeta contratado por el LK.

Comisionado por el presidente Han, este se pasó un año en la ciudad escribiendo poemas en honor a los obreros fallecidos o desaparecidos durante la construcción.

Todos dicen que los poemas están bastante bien para ser escritos por encargo de una compañía, pero yo no tengo ni idea de poesía coreana.

Adnan era un tipo de casi dos metros de alto, con cabello largo y rizado que le llegaba a los hombros.

No era guapo, pero su sonrisa afable causaba una muy buena impresión.

A diferencia de los coreanos con los que trabajaba, él tampoco se eliminó la barba.

Era un hombre inteligente y talentoso, además de sencillo y honesto.

Salimos juntos por una semana y nos acostamos dos veces.

No estoy diciendo que fuese gay. Solo era un chico joven que buscaba tener todo tipo de estímulos y experiencias.

Hace una década, en Patusan, cualquiera con un cargo ligeramente alto en el LK se vio obligado a tomar una dura decisión, aún más para un tipo tan sencillo y honesto como Adnan: ¿convertirse en un perro de una compañía internacional o luchar por tus compatriotas?

Cualquier persona normal trataría de encontrar un punto medio, pero eso no funcionaba para Adnan.

Tanto su amor por el ascensor espacial como su orgullo de ser ciudadano de Patusan eran igual de apasionados, y no pudo conciliarlos.

Por ese entonces, aún no existía el Frente de Liberación de Patusan. No era más que un aglomerado de muchas opiniones, descontento e ira. Y en medio de todo esto, Adnan decidió ser fiel a sí mismo y a lo que amaba. Una postura peligrosa, la verdad.

Muchísima gente intentó aprovecharse de él.

Este ingenuo geólogo trató de mantener la cabeza alta y seguir su propia voluntad.

Claramente, esto solo le convirtió en el blanco de todos, y sus enemigos aumentaron.

Fue un giro inesperado en su historia. Nunca se había imaginado que se convertiría en una figura política, en alguien odiado por tantos.

Adnan le caía bien al presidente Han Jeonghyeok.

Le resultaba molesto, pero le caía bien.

Decía que era un tipo decente, de principios sólidos y que no buscaba el camino fácil.

A veces se llevaba algún que otro insulto como oportunista o chaquetero, aunque los auténticos oportunistas eran quienes lo rodeaban.

Y para estos, la transparencia política era el arma más fácil que tenían.

Por supuesto, el presidente Han estaba preparado para librarse de Adnan de inmediato en cuanto afectara a sus beneficios.

Y entonces ocurrió lo de los tres abogados.

Sus nombres eran Lee Jaechan, Kang Yeongsu y Jeong Mungyeong, y eran parte del equipo legal de LK Space.

Aunque, más que abogados, eran unos estafadores.

Su tarea consistía en usar los vacíos legales de Patusan, impensables en la era espacial de hoy, en beneficio de la empresa.

Tenían más trabajo de lo que uno puede pensar.

Podía pasar de todo en los tribunales de Patusan.

Si al menos se hubiesen centrado solo en su deber, yo no tendría ninguna necesidad de saberme sus nombres.

Pero no, tenían que cometer un acto horrible.

Una noche lluviosa de domingo, de regreso al barrio antiguo tras haber estado divirtiéndose en la ciudad, violaron a dos niñas de trece años. Una de ellas murió en el acto.

Fue algo premeditado. La posibilidad de que un empleado corriente con un worm cometiera un crimen así era imposible, ya que el implante mandaría una señal a la empresa en el momento que se le ocurriera algo así.

Eso implica no solo que esos tipejos los habían manipulado de alguna forma de antemano, pensando usar ese dato más tarde como coartada, sino que llevaban meses detrás de las víctimas.

A pesar de haber sido drogada, la víctima superviviente recordaba la cara de uno de los violadores.

Incluso que había sido un grupo de tres personas.

No obstante, no se pudo encontrar ninguna prueba de ADN, y tampoco desmontar la coartada que tenían.

Y aunque parecía obvio que esos tipos habían editado de alguna forma los vídeos de las cámaras de seguridad y los drones, en sí eso no contaba como una prueba.

La imagen del grupo LK, que ya era mala de por sí, comenzó a caer en picado como lluvia torrencial.

Y nada menos que en época de elecciones, con la madre de la víctima fallecida ocupando un cargo importante en el Partido Dora.

Aunque fueran una minoría, los nativos de Patusan podían obstaculizar los planes de la compañía.

Por lo tanto, el presidente Han quería una solución limpia, y la tarea quedó encargada a Rex Tamaki, el nuevo miembro de la Unidad de Seguridad. Tras pedir cuatro días de descanso, voló hasta Yakarta, secuestró uno a uno a esos abogados, que habían huido hasta allí, y los envió de vuelta en cajas.

Cuando los criminales se despertaron, estaban frente a frente con la víctima que sobrevivió y la madre de la otra chica.

Entonces, el presidente Han explicó a ambas que aquellos tipos no podían ser procesados por ley, y acto seguido les ofreció siete armas blancas de aspecto horripilante con dientes de sierra, diseñadas por Tamaki personalmente para infligir el mayor sufrimiento posible.

Él mismo les explicó con amabilidad que, dependiendo de dónde cortasen, el dolor sería mayor y podían alargar la tortura por mucho más tiempo.

Cada una tomó el arma que mejor le pareció, y, después de tres horas y media de gritos, los violadores murieron.

La Unidad de Seguridad se encargó de los cadáveres, y se provocó un accidente de yate para nada sospechoso cerca de Yakarta.

Sin duda, Tamaki tenía muy buena mano para crear coartadas.

Es un final feliz. Pero, aún después de muertos, esos tres criminales jugaban sucio.

Molestos porque la empresa no los había protegido, tomaron en secreto documentos del equipo legal de LK Space y los metieron en una caja fuerte de datos.

Y una vez los tres terminaron desaparecidos, la información que había allí dentro fue enviada a todo tipo de fuerzas políticas de Patusan.

El equipo legal se encargó de la mayoría de esos datos, mientras que el resto recayó en Asuntos Exteriores.

La empresa nos contrató desde un principio para trabajos como ese.

Tratamos de atar cabos sueltos lo mejor que pudimos, pero semejante filtración de información dejó expuestos varios vacíos legales que habíamos enterrado bajo capas y capas.

Concretamente uno en el que, según el decreto del juez al cargo, los nativos de Patusan podían reclamar el cuarenta por ciento de la tierra donde se estaba construyendo la nueva ciudad.

El odio hacia el LK estaba por las nubes, en parte debido al caso de la violación, y no tenía pinta de que fuese a asentarse pronto.

Y tampoco es que la madre de la víctima pudiera cubrir mucho terreno que digamos.

No podía ir por ahí relatando ese acto de justicia de Han Jeonghyeok en el que ella misma se había manchado las manos de sangre.

En lo que respectaba a la opinión pública, la muerte de aquellos violadores no había sido cosa del LK, sino del destino.

—¿Qué tiene que ver Adnan Ahmed con este caso? —pregunta Graskamp.

—Él se encontraba entre las cincuenta personas que podían reclamar parte de la tierra, y era primo de la niña asesinada.

Pero, en ese momento, la empresa no podía dejarlo marchar bajo ningún concepto.

Además, ya he dicho que le caía bien al presidente Han.

De la noche a la mañana, Adnan se había convertido en la persona más importante de Patusan, y al contrario de lo que habría hecho antes, decidió reunir a los trabajadores y presionar a la compañía.

»Ahora bien, la gran ventaja del presidente Han era que comprendía a la perfección los puntos fuertes y débiles del adversario, y sabía darles un buen uso.

¿Y cuál sería la ventaja de Adnan? Pues que era un tipo honesto, sincero y que no tenía nada que ocultar.

Era simple, directo. Tal vez antes parecía un tipo complejo, considerando como se vería desde fuera esa lucha interna entre su pasión por la isla y la que sentía por el LK.

Pero, aun así, lo que era realmente complejo era la situación, no él.

Por eso, cuando dio un paso adelante, incluso quienes estaban en su contra le siguieron.

Se trata de un poder que solo la gente sencilla y honesta puede tener.

»¿Qué se hace en estos casos? El presidente tuvo que jugársela.

Llamó aparte a Adnan y le contó cómo murieron aquellos violadores.

Al compartir ese secreto, le convirtió en cómplice.

Creo que, a partir de ese momento, Adnan se sintió sucio.

Supo que se había hecho justicia, pero ya no podía seguir siendo tan sincero como antes.

Desde ese momento, los suyos notarían que algo no andaba bien con él y supondrían que se había pasado al bando del presidente.

Tampoco estaban del todo equivocados. De esa forma, con una simple maniobra, el presidente había creado una grieta en aquel grupo de cincuenta personas.