Contrapeso Un nombre recordado demasiado tarde
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Un nombre recordado demasiado tarde

Mi worm se enciende otra vez. Está vacío.

Mi secretario personal con la voz de George Sanders ha desaparecido, y ha volado todo excepto el programa básico.

Pruebo a intentar contactar con el LK, pero es inútil.

He quedado completamente separado del grupo.

¿Cómo voy a explicarles esto? Trato de decirme que ya lo pensaré luego, pero la ansiedad no desaparece de mi interior.

Había seguido el procedimiento estándar.

Me había dado a mí mismo cinco días de descanso antes de ir hacia Bandar Seri Begawan.

La cosa no pintaba tan mal. Hubo un intento de asesinato, sí, pero la diligente Miriam ya estaba al cargo de todo, por lo que mi presencia no era obligatoria.

Choi Kangwu y yo abandonamos Patusan en diferentes vuelos.

Dada la situación, desde Asuntos Exteriores esto se vería como que yo, como jefe de la unidad, me estaba asegurando de proteger a Choi Kangwu de otro posible intento de asesinato.

Es una mentira convincente con varias capas.

También había activado antes de irme mi avatar para casos de emergencia, el cual podría cumplir con mi papel de espantapájaros siempre y cuando no se diera ningún asunto complicado.

Y aunque ese avatar fuese descubierto, tengo otro plan de reserva.

Así era mi trabajo. Mentir y pensar artimañas era mi pan de cada día.

Lo único que me preocupa es cómo se vería justo esta artimaña a ojos de Rex Tamaki.

Desde el momento en que nos conocimos, ambos nos vimos como a un oponente de ajedrez.

En teoría, nuestros trabajos no están relacionados, por lo que no hay motivos para competir.

Pero cuando una compañía contrata a la vez a dos organizaciones criminales y les asigna puestos cercanos, lo más natural del mundo es que se entrometan en los asuntos del otro.

Y más todavía si el jefe que los ha contratado fallece de repente y la lealtad hacia él desaparece del mapa.

A pesar de que el presidente Han disfrutaba de esta tensa relación y trató de fomentar la cooperación entre nuestras unidades, sus sucesores, no tan perversos como él, seguramente pensarían que sería más efectivo ponernos en el mismo equipo, o bien librarse de uno de los dos.

El único motivo por el que aún no se ha hecho esto reside en la vagancia de Ross Lee.

Los de Seguridad son siempre los primeros en obtener información, lo que siempre pone a Asuntos Exteriores en peor posición.

Por eso mismo nos estresamos tanto a la hora de recabar datos.

Lo que sea que haga esa gente en nombre de la empresa no es asunto nuestro.

No obstante, si se trata de un complot contra nosotros, la situación cambia.

Esto es lo único que sé de forma segura sobre Rex Tamaki: es un hombre laico, sin creencias, visión ni inclinación política.

En su tiempo libre se dedica a ir de mujer en mujer, y es adicto al peligro.

Otra razón por la que estamos en desventaja en este juego: a diferencia de mí, a él sí le divierte jugar a esto.

Por eso, aunque ha tenido mucho tiempo para averiguar mi identidad, simplemente ha preferido guardarse ese as en la manga, incluso tras la muerte del presidente.

El mundo es un patio de recreo para él, y tanto yo como mi unidad no somos más que juguetes.

De ahí también que los de Seguridad no cooperen del todo con Han Suhyeon.

Para Tamaki, ese tipo es la persona más aburrida del mundo entero.

No parece que Seguridad estuviese detrás del intento de asesinato de Choi Kangwu.

En primer lugar, porque fue un intento pésimo.

Es difícil pensar en una razón por la que fingieran ser tan ineptos.

Las probabilidades de que, igual que nosotros, estén por ahí buscando al verdadero culpable son muy altas.

El problema está en lo cerca que estén ya de la verdad.

¿Y si ya se han hecho con ella? ¿Cómo pensarán usarla?

Vale, tendré que confiar en Miriam. Después de todo, nadie detecta mejor que ella los movimientos de la Unidad de Seguridad.

Me levanto y me miro en el espejo. Mi rostro tiene un aspecto algo similar al que tenía antes de la cirugía, pero con un aire totalmente diferente y diez años más joven.

Mi pelo, muy corto y teñido de un marrón oscuro.

El implante cosmético me causa cierta irritación, pero puedo soportarlo.

Han tardado casi dos horas. Ahora tengo más curiosidad por saber con qué otras técnicas contarán en el equipo de efectos visuales de Green Fairy.

Aunque mejor no pensar en los posibles efectos secundarios de después.

Abro la puerta y salgo. Recorro un largo pasillo y llego a una sala. Allí, dos pacientes están jugando al pimpón. Hay otras dos personas más observando una pantalla con la mirada ida. En esta, una orquesta de únicamente veinte mujeres con vestidos blancos está tocando un vals del siglo  XX .

Me siento en el sofá y conecto con el worm a la información pública del hospital.

Un tipo con un nombre desconocido pero con mi cara lleva ingresado aquí tres días.

El currículum también es bastante creíble.

Mientras que nadie me hable de repente en tagalo, creo que podré suplantarlo sin problemas.

No veo ningún paciente registrado bajo el nombre de Choi Kangwu. Deben de haberlo ocultado aún mejor.

Sumac Graskamp entra en la sala acompañada de un médico.

Me levanto y me acerco a ellos sin prisas.

El médico se separa de nosotros y se mete en una habitación cercana, mientras que Graskamp y yo tomamos el ascensor.

Hasta ahora habíamos estado en el segundo piso, pero ahora subimos hasta el duodécimo.

Choi Kangwu está en la habitación 1205. Aún no ha recobrado el conocimiento.

Su rostro se ve muy hinchado tras la operación en la que los cirujanos de Green Fairy le han colocado a su antojo un implante cosmético.

Aún no está activado, por lo que su aspecto no ha cambiado mucho.

A excepción de que está afeitado, aunque supongo que será por la intervención quirúrgica.

—Analizando los drones recogidos, hemos averiguado quién nos atacó. O mejor dicho, el qué. La compañía de logística TGGA y Servicios HYO —me anuncia Graskamp.

—¿Y qué significa todo eso?

—No son abreviaturas, solo han juntado letras al azar.

Ambas son empresas creadas por una IA que ha surgido de la nada en la web.

Esto lleva pasando ya tres años, y comenzó en Laos.

He oído que también hay varias empresas de estas en Kenia y Ruanda, pero seguro que hay más por ahí.

Todo el mundo está pendiente a ver qué pasa con eso, sin querer inmiscuirse.

Creo que es mejor estar preparados. La era de los humanos llega a su fin.

Pronto, incluso el LK terminará convirtiéndose en otra entidad de la IA.

»En cuanto a los de Seguridad, no hallamos ningún rastro.

Parece ser que todo desapareció tras el ataque de los drones.

Aunque están bajo la vigilancia del Gobierno de Laos, así que ya tenemos algo.

No quieren compartir información con nosotros, pero ahora tenemos el rastro de ese rastro, y la policía lo está siguiendo en estos momentos.

—¿Y si es un señuelo pensado para vosotros?

—También hemos previsto esa posibilidad, pero ¿por qué harían algo así?

No sería más que una pérdida de tiempo para ambas partes.

Cambiando de tema, hemos terminado de limpiar más o menos el cerebro de Choi Kangwu, haciendo también una copia de seguridad del worm .

Aunque no podemos leer los datos. Para eso necesitamos su cerebro. Avísame cuando se despierte.

La bruja verde sale de la habitación, donde solo permanecemos él y yo.

Me quedo mirando su cuerpo tendido en la cama y me dejo caer con un quejido en la silla que hay al lado.

Me siento como si hubiese rescatado un perro enorme abandonado y lo hubiese traído al veterinario.

Como si un pequeño acto innecesario se hubiera ido haciendo cada vez más grande, como una bola de nieve.

¿Era esta mi única solución? ¿No habría sido mejor tomar el dinero ganado hasta ahora y los tesoros del presidente, dejar el LK y esconderme donde sea?

Aún no es tarde para ello. Si me quedo con Green Fairy, digo yo que me darán algo que hacer.

Y Han Suhyeon no tendría ningún motivo por el que seguir persiguiéndome, ¿no?

Por supuesto que lo tendría, ¿por qué no iba a hacerlo?

Sacudo la cabeza en medio de mi monólogo interno.

He estado hasta hace poco presumiendo de mi importancia, todo para protegerme a mí mismo después del fallecimiento del presidente, dando la impresión de que quizá Han Jeonghyeok me había dado más de lo que él creía.

Bueno, también era para impulsar a mi unidad y demostrar que no tenía intención de dejarme ganar por otros departamentos.

Pero, pensándolo bien, no fui más que un idiota.

Y aunque Han Suhyeon lo es también, él no está solo.

Tiene a mucha gente astuta cubriéndole las espaldas, ya que así sacan beneficio.

Esas personas han ido cada una por su cuenta hasta este momento, pero ¿hasta cuándo durará eso?

¿Qué pasará cuando Ross Lee se retire y toda esa gente se agrupe con Han Suhyeon?

Cuando eso pase, Tamaki ya habrá escogido bando.

Y viendo que ya no puede divertirse más conmigo, se aburrirá de mí.

Lo único que puede salvarme ahora es hacer que todo mi fanfarroneo de antes se haga realidad.

Choi Kangwu se retuerce. El monitor sobre la cama se enciende y se oye una alarma.

Él abre la boca y deja escapar un gemido.

Su cuerpo vuelve a convulsionar, y la camilla de metal tiembla.

De repente abre los ojos, se aferra a mi brazo izquierdo con fuerza y empieza a soltar un torrente de maldiciones en otro idioma.

Sus insultos en coreano, antiguos y ya pasados de moda, lejos de asustarme me parecen ridículos.

Dos enfermeras entran corriendo, nos separan y le inyectan un tranquilizante en el cuello. Sus gritos se transforman en llanto. Me cuelo entre las dos enfermeras. Por un momento, el hombre mira a la nada con los ojos desenfocados, abriéndolos como platos al encontrar por fin mi cara.

—Yo los maté, Mac. ¡Maté a esa gente!

Aunque era su voz, su forma de hablar se parece tanto a la del difunto presidente Han que resulta hasta sospechoso.

—¿A quién?

—A Adnan Ahmed. Y a esa otra gente...

Los calmantes por fin hacen efecto, y su voz se va debilitando. Lo dejo bajo los cuidados de las enfermeras y salgo de la habitación con expresión confusa.