Bajo las alas de un hada
—Qué guapo es —suelta ella.
—No lo digas tan en serio, que se lo va a creer —le contesto.
—Mmm, no estoy muy segura de que se parezca a Anton Choi.
—Porque fue una máquina la que eligió su apariencia, y esta es solo una parte del encanto de una persona.
—Será eso, sí. Aunque, ¿tenía Anton otro encanto aparte de ese?
Sé que tú le mirabas con buenos ojos, pero además de ponerse a hacer acrobacias hasta provocar un fallo en la nave y terminar saltando por los aires junto a ella, ¿qué más tenía?
¿Y quién trabaja hoy en día como piloto de prueba?
Es lo mismo que decir conejillo de Indias.
Sumac Graskamp suelta un suspiro de frustración antes de seguir:
—Comparada con él, la misma Kim Jaein, a la que tú llamas aburrida, sí es una persona con sustancia.
Descubrió una nueva forma de vida en otro sistema planetario, y la mitad de los planes que se realizan en LK Space vienen de ella.
Quien representa a la empresa no es Han Suhyeon, esa triste copia de su abuelo, sino ella.
Tal vez sea algo obvio que una mujer como ella le guste a este tipo de aquí, pero no es una persona tan vacía como tú piensas.
—Eh, disculpe —interrumpe Choi Kangwu.
Pensaba que diría algo más, pero no. Supongo que es su manera de hacernos saber que estaba ahí.
—¿Qué quieres hacer ahora? —me pregunta Graskamp.
—Primero, activar toda la información que haya dentro del biorrobot y protegerla de la empresa. Por eso estamos aquí.
—¿Y por qué crees que podemos hacer eso aquí?
—Porque revisamos el cerebro de Neberu O’Shaughnessy antes de pasártelo a ti.
En ese momento, no se me había ocurrido la posibilidad de un biorrobot, solo me interesé por el worm .
Pero uno solo ve lo que sabe. Por eso ahora sé que Green Fairy cuenta con una tecnología considerable relacionada con los biorrobots.
Esa información se filtró por el LK, claro.
Graskamp echa la cabeza hacia atrás y suelta una carcajada.
—¡Ja! No se filtró, Mac. Fue LK Robótica quien nos la envió. Necesitaban gente para experimentar antes de poder sacarlos al mercado. Nosotros llegamos los primeros. Y luego tu amiguito.
—Entonces, ¿O’Shaughnessy estaba siendo controlado por un biorrobot?
—No descartamos la posibilidad. Reunimos a cuatro personas que pasaron por esa intervención y les incorporamos un worm más a cada uno. Supongo que este tipo también nos puede ser de ayuda. La cosa es si te fías de nosotros o no.
—Por supuesto que no. Hay demasiadas probabilidades de que me estés mintiendo para quedarte con su cerebro y vendérselo a quien sea.
También está la posibilidad de que tú manipulases a O’Shaughnessy para que se volviera loco.
Pero, por más que piense así, nuestra supervivencia también depende en gran parte de ti.
—¿No sería mejor pedirle protección a Kim Jaein? Es una persona más de fiar que yo.
—Y lo haré, tranquila. Es solo que, antes, tengo que saber qué es lo que tienes.
—¿Me estás diciendo que no te basta con tener seguridad, sino que también pretendes exprimir la situación para sacar todo lo que puedas?
—¿Tiene algo de malo eso?
—No, pero ¿tu amiguito piensa igual que tú?
Me fijo en la expresión tensa de Choi Kangwu, señalado por el dedo esquelético de la mujer.
Solo con ver el cambio en su cara puedo saber qué se está cociendo en su cabeza.
Tiene miedo de ser asesinado por un desconocido y que le extraigan el cerebro, pero le da vergüenza pedirle protección a Kim Jaein y resguardarse bajo su cuidado.
Lo que quiere es estar a su nivel, proteger su virilidad ante ella.
—Sea lo que sea, hágalo rápido —suelta a duras penas.
—Bueno, pues está decidido. Pero no olvides que este viejo zorro de aquí se está aprovechando de tu amor platónico para conseguir lo que quiere.
Graskamp agita el dedo. Las ventanas, que hasta ahora mostraban los coches redondeados y los edificios de estilo francés al otro lado de la calle, se tornan oscuras.
Hemos sido engañados: la oficina que creíamos que estaba en el primer piso se encuentra en realidad en algún punto bajo tierra.
Green Fairy nos había bloqueado la salida desde el primer momento.
Y, sin embargo, la situación me resulta más tranquilizadora que otra cosa.
El hecho de que tomasen tantas precauciones podría significar que no ocultaban malas intenciones.
La puerta se abre y entran cuatro mujeres arrastrando una silla reclinable.
Reconozco la cara de una de ellas, con una bata blanca y el pelo tan enmarañado que distrae.
Es Billabong Bang, aunque no estoy muy seguro de cómo se pronuncia su nombre.
La Unidad de Seguridad quiso contratarla a través de Asuntos Exteriores, pero ella terminó escogiendo Green Fairy.
Probablemente le gustó más lo ilegal de este sitio.
Las mujeres sientan a la fuerza a Choi Kangwu en la silla.
Son seis brazos negros los que sujetan su cuerpo contra la silla.
La doctora Bang le coloca en la cabeza un casco, o debería decir chatarra steampunk , que traía en la mano izquierda.
Una vez se lo fija bien, las cuatro se marchan empujando la silla reclinable por la misma puerta por la que han entrado.
—¿Es necesaria tanta urgencia? —pregunto.
—¿Qué pasa, tanto deambular sin rumbo en el LK te ha dejado empanado?
No hay tiempo, Mac. Has venido desde Bandar Seri Begawan hasta aquí con mucho sigilo, lo admito.
Pero no puedes bajar la guardia solo por estar en nuestras instalaciones.
¿No te has parado a pensar que nuestra empresa podría estar llena de agentes dobles infiltrados?
—Pensaba que ya te habrías encargado tú de solucionar eso.
—¿Yo? ¿Por qué iba a librarme de ellos, con lo útiles que son?