De ahora en adelante
—¿Qué harás ahora? —le pregunto.
—No estoy seguro.
—¿Ese biorrobot no te da órdenes?
—No.
—¿Simplemente amas a Kim Jaein y al ascensor?
Su expresión se endureció, quizá porque pensó que le estaba tratando como a un niño.
Me levanto de la silla. Siento el leve ruido y la corriente de aire venidos del climatizador que hay en una esquina del contenedor y camino despacio.
—Esto no es un secreto solo entre nosotros dos, hay gente que ya sabe un poco del tema.
No sé si será una IA o una persona, pero hay alguien dirigiendo todo esto.
Seguro que esos dos estafadores readmitidos en LK Robótica también sentirían que tu biorrobot era especial, ya que solo tú recibiste un trato diferente.
Quien sea que contrató a ese tipo que tú conocías por el nombre de Sekewael también debe tener una idea general de lo que está pasando.
Solo nos queda suponer que la información que buscan está dentro de tu worm .
Además, cada vez hay más gente que sospecha de ti desde lo del intento de asesinato.
Sin prestar atención a las pistas existentes, se centran en sus propias narrativas.
Y pronto terminarán encontrándose en un mismo punto.
Tras dar una vuelta por el interior del contenedor, me paro delante de Choi Kangwu y le doy golpecitos en la frente con el dedo.
—Todos querrán la cabeza del nuevo empleado de LK Space, Choi Kangwu. Lo mejor sería llevarte con vida, pero tampoco importa mucho si mueres. La tecnología ha mejorado mucho.
Me satisface ver cómo el color huye de su rostro. Continúo hablando.
—¿Qué debería hacer en esta situación? Ya no soy más que un monigote que sobrevive como puede dentro del sistema del LK.
No tengo nacionalidad, y mi carné también es falso.
Durante esta última década, el presidente Han me proporcionó una especie de muro de seguridad.
De alguna forma sigue en pie, pero no sé cuánto durará.
¿Y si Han Suhyeon se quita de en medio a Ross Lee y se apodera del conglomerado?
Ese tipo odia todo lo que tiene que ver con su padre.
Ni siquiera lo considera como tal, ya que su verdadero padre es aquel al que llama abuelo, el anterior y difunto presidente Han Bugyeom.
Sí, los rumores son ciertos. En cuanto se enteró de la enfermedad genética de su hijo, decidió encargarse él del asunto.
Han Suhyeon también lo sabe. No obstante, si Ross Lee se echa para atrás, es el fin para mí.
El otro se librará de lo que quede del presidente Han en la compañía, incluido yo, claro.
Ah, por cierto, no conocerás mi nombre real, ¿verdad?
A ver, prueba a decirlo. Así, sin darle muchas vueltas.
Choi Kangwu tartamudea y dice mi nombre. No lo había oído ni una vez en los últimos doce años.
—Si buscas ese nombre, te harás una idea de mi situación.
Bueno, no importa, seguramente se te aparecerá también ese recuerdo en un momento u otro.
En fin, el presidente Han era un genio a la hora de encontrar a gente con fallas a la que manipular hasta lograr su lealtad.
El problema está en que, ahora que ha fallecido, no podemos recurrir a ellas.
Dicho esto, tú eres mi segunda oportunidad.
La oportunidad de salir del país con una identificación falsa hacia algún lugar como Alaska. Morir en paz mientras veo osos polares.
—Pero yo no sé nada —replica él.
—No sabes cuánto sabes ni cuánto no sabes, ¿verdad?
Ahora mismo, tu cerebro es un caos. Ni siquiera comprendo cómo puede conectarse con el worm de la empresa.
Aunque te lo extraigan, ese desorden seguirá siendo el mismo.
Delirios y fragmentos de una identidad te envuelven en un velo de confusión, con el fantasma de un muerto en tu cabeza y amando a una mujer que no conoces.
Piensas que sabes todo sobre el ascensor espacial, pero ¿cómo sabes cuánta de esa información es verdad?
Son conocimientos de otro que te han implantado ahí.
Podría haber trampas en su interior; un solo error y tu cerebro podría explotar en un instante, igual que le pasó a O’Shaughnessy.
También podría haber algún error inesperado.
La transmisión de memorias aún no es una ciencia perfecta.
¿De cuántos de esos recuerdos has podido comprobar la veracidad?
Parece que muchos, viendo la confianza volver a su rostro. Pero sigo hablando, sin darle la oportunidad de abrir la boca:
—Desde mi punto de vista no tienes ni ideas ni un plan.
Solo has estado disfrutando de tu amor por el ascensor y por Kim Jaein, como cuando antes jugabas persiguiendo mariposas.
Quienes entraron contigo en la empresa están trabajando duro y estudiando como locos, pero ¿tú?
No tiene pinta. Es posible que, desde fuera, pareciera que sí, pero la vida que estás llevando no es muy diferente a beberse una copa que te ha servido otro.
Tampoco pasa nada por eso, no es de mi incumbencia.
Sin embargo, tu buena racha se acabó en el momento en que O’Shaughnessy decidió que te sacaría el worm de la cabeza.
Eres un conejo en temporada de caza, Choi.
Como no agaches la cabeza en el último segundo como Bugs Bunny, estás muerto.
No, eso quizá sería hasta un privilegio.
—¡Pare, por favor!
—¿Cambiaría en algo la situación si lo hago?
De todos modos, has tenido suerte de conocerme.
Aunque esto podría formar parte también de los cálculos minuciosos del presidente Han.
Un guion ya preparado desde un principio para proteger al grupo LK y a gente como nosotros del negligente de Ross Lee y el avaricioso de Han Suhyeon.
A lo mejor hasta fue él quien contrató a O’Shaughnessy.
¡Céntrate, Mac! No, no puede ser, él no era de los que dejan todo a la suerte de esta manera.
Bueno, ya no estoy seguro. ¿Qué es lo que sé del presidente Han?
Mi ira contenida termina estallando. Me detengo y me rasco la cabeza. Una vez me calmo casi por completo, avanzo hacia Choi Kangwu, que me mira con expresión atónita.
—Tenemos que ser egoístas. Ese es el único camino por el que tú y tal vez yo podamos sobrevivir.
Comprueba todo lo que tienes y úsalo. Si juegas bien tus cartas, podrías incluso hacerte con el grupo LK.
O hasta retozar con Kim Jaein, si tienes mucha suerte.
Estás viviendo la fantasía con la que han soñado los frikis tecnológicos del mundo entero. Aunque...
—No tengo pensado hacer nada de eso.
—¿Y por qué no, joder?
—Lo que quiero decir es que el presidente nunca ha tenido esos pensamientos sobre Kim Jaein.
¿Cómo? Entonces, ¿esa emoción que guardaba solo era un fuerte amor familiar?
Puede ser, sí. Teniendo en cuenta lo asqueroso que sería si sintiera esa pasión por su sobrina, aunque no compartan lazos de sangre.
No, eso no encaja con lo que ha dicho Choi Kangwu hasta ahora.
Pero este no es momento de ponerse a pulir los detalles.
—Vayamos por partes. Lo primero que tenemos que hacer es buscar protección.
El problema más grande son los worms que tenemos en la cabeza, claro.
No es suficiente con reforzar el cortafuegos, ya que la empresa puede entrar en los implantes en cualquier momento.
Y bueno, en tu caso ni siquiera sabemos cómo tu cerebro y el worm están conectados, lo que complica más las cosas.
Por fortuna, tengo a alguien que puede solucionar algo así. El problema es...
—¿Sí?
—... ¿podemos fiarnos de esa mujer?