Contrapeso La visita del ángel de la guarda #2
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La visita del ángel de la guarda #2

»Estaba absorto en mi propio mundo. Uno que, apenas un año atrás, era simple.

Tenía a las mariposas, a mi hermana y mis propias fantasías.

Pero ahora algo más se había colado en mi mundo, abriéndose hueco poco a poco.

A diferencia de mí, flojo y débil, ese algo era ardiente e intenso.

Me forzaba a hacer determinadas cosas, a sentir ciertas emociones.

Me dio miedo, pero al mismo tiempo me fascinó el placer que me daba esa intensidad.

Comenzó a tomar dominio sobre mí una forma de vivir que nunca antes me había imaginado.

Mientras iba recibiendo a ese nuevo yo, me esforcé por no perder al antiguo.

Por suerte, Patusan es el paraíso de las mariposas.

Y así, a medida que esos dos mundos colisionaban dentro de mí, mis experiencias se fueron volviendo cada vez más plenas.

»No obstante, había una parte vacía. La de esa “mujer”. Heredé un amor por una entidad que no sabía si existía ni cómo era, algo que quizá era una mujer. ¿Podría usted entender la frustración de amar algo y no saber nada al mismo tiempo?

»Lo primero que intenté fue rememorar el aspecto de esa mujer.

Al principio la dibujé, y también creé su rostro con un programa de reconstrucción facial.

Sin embargo, el resultado eran siempre variantes similares de una mujer atractiva.

Alguien que podía ser mi tipo, sin tener nada que ver con esos recuerdos en cuestión.

No bastaba con recrear su apariencia, necesitaba saber algo más.

»Curiosamente, Patusan ocultaba fragmentos de ese “algo más” por sus rincones.

Este lugar no era una simple amalgama de máquinas y edificios.

En ella, un sinfín de objetos guardaban las emociones y recuerdos personales de ese alguien.

Podía sentirlos solo con estar allí, solo que no podía describirlo de forma exacta con palabras ni imágenes.

»Fue tres meses después de venir aquí cuando por fin encontré el primer rastro.

Estaba junto con otros compañeros en la parada del piso superior, esperando al ascensor que regresaba cargado con muestras del cometa Avellanos-Viola recolectadas por Girasol 23 .

No estaba allí por eso; cuando el ascensor baja, siempre mandan a varios empleados nuevos hacia arriba para que aprendan cómo se hacen las cosas allí.

»El ascensor llegó acompañado de su tema musical, y la puerta se abrió. Los científicos bajaron unas cajas envueltas enviadas desde la estación espacial y las colocaron en un carrito. Un hombre mayor que parecía ser el líder miró a los otros y dijo: “¿Sabéis qué es esto? Trozos de estrellas”.

»Trozos de estrellas. En fin, menudo cliché. No obstante, en cuanto él dijo eso apareció en mi mente el recuerdo de una experiencia concreta. Con una voz difícil de determinar, una mujer cuyo rostro no podía ver me decía: “Mire, señor Gildong. Son trozos de estrellas”.

»Era una memoria del tipo que amaba a esa mujer.

»Por supuesto, busqué el nombre de Gildong.

No salió nada, por lo que se trataría de un apodo.

O Hong Gildong, o bien Go Gildong. Casi siempre se usaba el primero.

Pero ¿por qué Hong Gildong? ¿Porque es alguien capaz de aparecer y desaparecer en un instante?

No lo creo. Entonces, la otra opción que quedaba era que se tratara de un hijo bastardo.

Y entre todas las personas relacionadas con Patusan, ¿cuántas de ellas se acercarían tanto a ser ese “hijo bastardo” como el difunto presidente Han Jeonghyeok?

El presidente anterior a él, Han Bugyeom, adoptó al hijo de una antigua novia coreana, ¿no es así?

Es por eso por lo que se llevaba tan mal con sus otros hermanos.

Si hasta corría el rumor de que, debido a que tenía una enfermedad genética, su mujer Jeong Somi recurrió al esperma criogenizado de Han Bugyeom para tener a Han Suhyeon.

Siendo así, él sería el Hong Gildong moderno.

Y esa mujer, fuera quien fuera, era lo suficientemente cercana a él como para bromear llamándole “señor Gildong”.

»Comencé a sentirme un poco raro. No es que no hubiese pensado antes que estos recuerdos podrían ser los del presidente Han.

Dado que los habían conservado, supuse que su dueño sería alguien importante.

Y aparte de él, no había ninguna otra figura importante entre las personas relacionadas con Patusan que hubiese fallecido hacía poco.

Sin embargo, me resultó raro que el presidente Han amase a alguien con tanta pasión.

Ese recuerdo solo podía ser reciente. Con el tiempo, los recuerdos de amor terminan corrompiéndose.

»Entonces comencé a tener envidia del presidente Han.

Envidiaba a un muerto por haber amado a una mujer cuyo nombre y rostro yo desconocía, por el poder que tenía antes de morir y todo lo que podía lograr con él.

Y por encima de todo, envidiaba ese apodo tan anticuado de “Hong Gildong”.

Ese resentimiento creció demasiado en mi interior, y, por un tiempo, lo que quedaba de mí se perdió en la obsesión por descubrir la identidad de aquella mujer.

»Lo cual conseguí a los cinco días. Ese momento iba a llegar, con o sin esa obsesión. Así de cerca había estado de ella en ese tiempo.

»Era domingo. Había comido con rapidez en la cafetería y me disponía a ir a una tienda de recuerdos en el barrio antiguo para comprarle un regalo a mi hermana.

Una pantalla de noticias de la empresa estaba colgada en el vestíbulo del primer piso.

Hablaban de la nave de exploración de asteroides de la Alianza Espacial de África, la cual habíamos cargado durante los últimos meses con piezas de repuesto y habíamos enviado más allá de la órbita.

Varias caras desconocidas abrían sus bocas en silencio sobre los subtítulos.

En último lugar apareció una mujer para poner fin a la noticia, y no pude hacer más que quedarme de piedra, como si me hubiesen clavado en el sitio.

Era ella. Era imposible que no lo fuera.

En ese instante, un sinfín de recuerdos tomaron esa cara y comenzaron a brotar dentro de mí como una cascada.

Fue tan repentino que me entró un severo dolor de cabeza.

»Una vez terminaron las noticias, la mujer desapareció. No me hizo falta buscar su nombre. Conocía tanto su nombre como su rostro, antes incluso de entrar en la empresa. Es solo que, por ese entonces, no tenía ningún interés en ella.

»Era Kim Jaein, la directora del Centro de Investigación y Desarrollo Espacial LK.