Contrapeso La visita del ángel de la guarda
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La visita del ángel de la guarda

Choi Kangwu continúa hablando.

—Todo lo que le he contado antes es cierto.

Es verdad que mi padre tuvo un conflicto con LK Space, y es posible que se suicidara por eso.

Pero ¿vengarme de la compañía? Ni siquiera se me había ocurrido.

Eso sería como vengarse de un dios. Además, tampoco quería tanto a mi padre.

Era un hombre frío, absorto en su propio mundo.

Si se hubiese llevado un poco mejor con la gente, tal vez no le habría pasado nada de eso.

Quería ser tratado como un genio. ¿En este mundo en el que vivimos?

¿En serio? Ni Thomas Edison y Nikola Tesla, cuyas fotos tenía colgadas en la pared de su taller, por cierto, trabajaban solos.

»Creo que intentar entrar una y otra vez en LK Space fue una mezcla de terquedad y miedo por mi parte.

Todavía no estaba preparado para enfrentarme al mundo.

No estaba mal ganar un poco de dinero con microtrabajos mientras perseguía mariposas.

Sin embargo, me daba pánico pasar el resto de mi vida así.

Necesitaba una excusa para justificar mi pereza.

¿Y podía haber una más convincente que la de trabajar en la empresa que todos dicen que mató a mi padre?

Era tan plausible que hasta yo me la creí.

Si hubiera bastado con eso, me habría apuntado solo una vez y sanseacabó.

»No tenía pensado llegar hasta un tercer examen.

En primer lugar, ya ganaba bastante con empleos triviales.

Los microtrabajos eran perfectos para alguien tan distraído y con muchos trucos en la manga como yo.

A veces ganaba hasta tres o cuatro veces más de lo que gano ahora al mes.

Encima, iba a haber pronto una vacante en la tienda de mi tío en Yeongwol, podría haberme metido allí.

Todavía hacía falta dinero, ya que mi hermana estaba enferma, pero podría haberlo solucionado rápido si me hubiese puesto a trabajar con él.

»Cuando recibí ese mensaje spam, al principio pensé en ignorarlo.

Con dos fracasos sin sentido era suficiente.

Pero luego me llamó la atención la confianza con la que cargaba el correo.

Al recibirlo me invadió una sensación extraña, como si las piezas de mi vida encajaran de golpe con un chasquido.

A ver, cómo lo explico... A lo mejor era como un ludópata que se juega todo lo que tiene diciendo “esta vez es la buena”.

O como el protagonista de una novela en la que el autor me mandaba una señal, preparando el punto culminante de la historia.

»Fui en persona y conocí a los autores de ese mensaje.

Eran dos hombres que parecían hermanos, más o menos de mi edad.

Resultó que no eran coreanos, sino que venían cada uno desde un país distinto, pero tenían una pronunciación parecida al haberlo aprendido con el worm . Eso los hacía parecer hermanos aún más.

»Ambos se presentaron como empleados del centro de investigación de LK Robótica en Suwon.

Según ellos, allí habían fabricado una gran variedad de biorrobots con los que podían transcribir la información que quisiera en mi cerebro.

También dijeron que habían sido despedidos de forma injusta dos meses antes, y que por eso la empresa aún no sabía de la existencia de esos robots.

Al parecer, ya habían terminado de experimentar en ellos mismos y estaban buscando nuevos sujetos para probarlos.

¿Y quién mejor para eso que un tipo como yo, que se apunta una y otra vez a una gran compañía teniendo un currículum pésimo?

Además, aquellos hombres pedían el coste mínimo, y era una cantidad que podía permitirme sin problemas.

Aunque terminase en fracaso, podía verlo como un billete de lotería caro y olvidarme del asunto.

Y ese fue el precio a pagar por lograr mis sueños.

»La operación fue sencilla. Fue más breve que la que me realizarían más tarde en la empresa para implantarme el worm , y no tuve efectos secundarios como zumbido en los oídos o pérdida de campo de visión.

Solo hubo un poco de retraso al ajustar el tiempo de vida del parásito.

Esos dos tipos venían de forma regular al sitio donde me alojaba para ayudarme a traspasar la información del biorrobot a mi cerebro.

»Fue una experiencia extraña. No era como si simples datos se instalasen en mi mente, como con el worm .

Uno a uno, diminutos fragmentos de información se introdujeron en mi cabeza, conectando entre sí, formando como una capa que envolvió mi consciencia.

Fui absorbiendo esos datos poco a poco hasta hacerlos míos, y se quedaron en mi cerebro incluso después de que el biorrobot desapareciera.

Sentí algo de miedo, pero al mismo tiempo, alivio.

Era como tener un ángel de la guarda que me aconsejaba y evitaba que cometiera errores.

»Cuando hice el examen de acceso, sentía que iba volando.

Como ya lo había hecho otras dos veces, ya sabía cómo era el proceso, desde la prueba escrita hasta las psicológicas.

No obstante, esta vez vi cosas que no podría haber sabido por mi propia experiencia.

Cómo decirlo... Fue como si mi visión se ampliase y todo se moviera más despacio.

A decir verdad, me sorprendió mucho haber quedado segundo.

No pensé que habría alguien que lo pudiera haber hecho mejor que yo.

»Lo que me preocupaba era la entrevista.

Para entonces, los dos tipos que me vendieron el parásito ya habían sido arrestados, lo vi en las noticias.

En cuanto a quienes se los compraron, también habían sido descubiertos y el caso se estaba volviendo un debate social: ¿podía considerarse trampa usar la ciencia para obtener una educación más efectiva?

Si estuviese permitido, ¿qué sentido tendrían entonces esas pruebas para seleccionar a los más capacitados?

Bueno, al final la policía no vino a por mí, y aquellos dos detenidos no mencionaron mi nombre.

Fui al centro de exámenes con una mezcla de preocupación y tranquilidad.

»Allí había seis entrevistadores, tres mujeres y tres hombres.

Estaban usando unas máscaras virtuales, así que se veían muy parecidos.

Solo podía suponer sus edades fijándome en sus voces y su forma de hablar.

Me preguntaron por mi padre y por mi examen anterior, para lo que me había preparado las mejores respuestas posibles.

Aunque no se las hubiesen creído, no tenía nada de que arrepentirme. Eran lo mejor que se me había ocurrido.

»Lo raro vino después. Uno de los entrevistadores me preguntó por el ascensor espacial, y yo empecé a soltar mi respuesta modelo, ya traída de casa.

Sin embargo, entonces algo despertó. No, para ser más exactos, fue como si surgiera entre mi ángel de la guarda y yo un canal por el que me inundó un torrente de emociones abrumadoras.

El ascensor no era ya una simple compilación de datos, sino el objeto de mi amor.

Amaba con locura esos finos cables que conectaban la Tierra con el espacio.

El mismo amor que Romeo sentía por Julieta, el que Dante sentía por Beatriz.

Comencé a soltar un largo monólogo sobre la estructura, y fue en el idioma del amor.

Tal vez lo llevé demasiado lejos. Lo que la empresa necesitaba era un técnico, no un pervertido con un fetiche por objetos.

Sin embargo, parece que mi discurso bastó para borrar las sospechas que tenían sobre mí.

Era difícil imaginarse que aquel parásito pudiera inyectar semejantes emociones en alguien.

»¡Estaba tan contento cuando aprobé los exámenes! En un estado de éxtasis, casi. Y no porque hubiese logrado mi objetivo de entrar en LK Space, sino porque me había dado cuenta de que amaba a alguien.

»Sí, he dicho “alguien”. Me fui dando cuenta poco a poco mientras salía del centro de pruebas.

Ese amor por el ascensor espacial no existía solo como tal.

Estaba vinculado a otro sentimiento amoroso hacia una entidad con personalidad que, a pesar de no ser humana, podía considerarse como un alguien.

Y el ascensor era el puente que me conectaba con ese alguien.

»Pero ¿quién? En mi mente era una existencia femenina. Alguien femenino, aunque no fuera una mujer real. Me resultaba difícil imaginarla de otra manera. Lo asocié al tipo de amor que sentía. Sentí que, si ese alguien fuese un hombre, dicho amor tendría otra textura y forma.

»Al principio traté de contentarme solo con disfrutar de esa emoción.

Eso me bastaba para ser feliz. Además, ahora estaba ocupado.

Era la primera vez en mi vida que vivía en el extranjero, gracias a mi nuevo trabajo, y también me preocupaba mucho entrar en el mundo laboral de los adultos por primera vez después de mi graduación.

»Mi trabajo era divertido y aburrido al mismo tiempo.

En primer lugar, me encantaba Patusan. Me encantaba el perfecto sistema arcológico creado por el grupo LK, y también las ruinas y las mariposas.

Y por encima de todo, el ascensor espacial.

Mi trabajo también era interesante. Tuve que moverme de un lado a otro por la isla para pasar el período de prueba, pero me gustaba todo lo que estuviese relacionado con el ascensor.

No obstante, no encajaba bien con la gente, y tampoco agradaba a mis compañeros.

Eso no ha cambiado. Todos piensan que soy un rarito engreído y con mala actitud, y que no trabajo bien en equipo.

También los hay que susurran que me contrataron por enchufe, aunque no hay nada que yo pueda hacer sobre esto.

Pero ¿qué sentido tenía la competencia justa en ese sitio?

Soy la persona más documentada acerca del ascensor, ¿importa tanto el cómo llegué a serlo?