El cuadro de mariposas desaparecido
—¿Conoces la película Con la muerte en los talones ?
—Me suena el título. ¿Es vieja? —me responde Choi Kangwu.
—Claro, es una película del siglo XX , de Alfred Hitchcock.
Tampoco es raro que no la conozcas. En ella, el protagonista, Roger O.
Thornhill, es confundido en un hotel por otro hombre llamado George Kaplan y casi lo liquidan.
Más tarde le acusan de ser un asesino. Por eso Thornhill empieza a perseguir a Kaplan, y al final resulta que ese tipo no es más que un personaje falso, creado por el servicio de inteligencia estadounidense.
Con nombre y cargo, pero sin un cuerpo físico.
—¿Y qué tiene que ver?
—Pues que este tipo es nuestro propio George Kaplan.
Abro la puerta del apartamento.
Llevaba cuatro años vacío, pero con el robot de limpieza realizando su tarea dos veces por semana, está bastante limpio. La sala está desordenada lo justo, y en el aire flota un leve olor a hombre soltero gracias al ambientador creado por los científicos de la empresa.
Choi Kangwu me mira con expresión aburrida. No necesito recurrir al worm para confirmar que no es más que una fachada. Los músculos de su cara están tensos y le tiemblan los párpados. Un rostro que dice la verdad, incluso al mentir.
—El dueño de esta casa es Damon Chu. En papel, suena más real que yo.
Tiene nacionalidad y hasta un registro genético.
Pero no un cuerpo físico. Es alguien que puede autodestruirse en cualquier momento por el bien de la compañía y desaparecer.
Por supuesto, nadie puede entrar aquí. No debería haber ni una sola huella, aparte de las que deja de vez en cuando el robot de limpieza.
Pero ¿y si hubiese rastro de otra persona?
¿Cómo podría explicarse eso? Si ese alguien tiene conocimiento de la ubicación de este apartamento, de la contraseña de la puerta, y sabe burlar la red de seguridad de la empresa, sabría que no debe dejar huella alguna. Entonces, ¿por qué?
Cierro de nuevo la puerta y me dirijo al ascensor.
Choi Kangwu me sigue en silencio. Una vez fuera del apartamento, caminamos por a la orilla del río Brunel.
Tras caminar ochocientos metros, nos topamos con la empresa de almacenamiento H uno que obtiene sus poderes solo cuando está cerca de mariposas.
—¿Esas memorias empezaron a aparecer hace dos meses?
—No, hace ya un año. Seguro que ya sabe que pasé por una cirugía.
Pensé que me pillarían enseguida. Hasta yo pensé que mi experiencia era demasiado increíble.
Los tipos que me operaron fueron arrestados nada más aprobar yo el examen, y todos los que pasaron por sus manos fueron rechazados.
No había razón por la que yo fuese una excepción, pero nadie vino a buscarme.
Pensé que me eliminarían en la ronda de entrevistas, pero también las pasé.
—¿Por qué crees que fue eso?
—Bueno, hice bien la entrevista. Palabras que no podía ni imaginar salieron de mí con total fluidez.
Surgió en mí una confianza que normalmente no tenía.
Me salió muy bien, sí. Gracias al biorrobot que esos estafadores metieron en mi cabeza, claro.
Murió a las dos semanas y mi cuerpo absorbió sus restos, pero, mientras tanto, una parte de mi cerebro cambió.
Ahora realiza la misma función que el worm .
Hay algo dentro de mí que piensa por sí solo.
Pero ¿por qué yo? Estuve un tiempo dándole vueltas, y al final llegué a una conclusión: porque había aprobado el examen.
Era una prueba en la que escogían a una de entre trece personas, y ese fui yo.
Por eso pasé también la entrevista. Lo hice bien, pero había una influencia más allá de la opinión de los entrevistadores.
Había alguien que quería que yo entrase en la empresa LK Space.