Contrapeso Las débiles huellas de un fantasma
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Las débiles huellas de un fantasma

«Siempre has pensado así. Aunque yo te dijese lo contrario.»

Recuerdo esta frase. No porque tuviera un significado importante, sino todo lo contrario. Porque no lo tiene. O al menos, no que yo recuerde.

A día de hoy, sigo sin acordarme de en qué contexto salió.

Lo único que tengo en mi mente es el rostro del presidente Han Jeonghyeok, riéndose como un loco al ver mi expresión confusa.

Cuando le pregunté qué quería decir con eso, él solo repitió la misma frase y soltó otra carcajada, sin dar explicaciones.

Por más que me fastidiara ser el hazmerreír sin saber siquiera por qué, no estaba en posición de decirle nada al jefe del grupo LK.

Esto fue hace diez años. Por ese entonces, lo poco que había aprendido de coreano a través del worm era regular.

Cada vez que lo hablaba, notaba esa extraña sensación de una capa de mi personalidad despegándose de la superficie.

Me pasaba lo mismo con otros idiomas que aprendí con métodos distintos, pero estos efectos secundarios eran especialmente potentes para quienes aprendieron con el implante.

Otro problema de la función de enseñanza de idiomas del worm era que «creaba fantasmas».

Una presencia que aparecía de forma oscilante en el borde de la visión, cruzando las líneas divisorias entre varias lenguas y murmurando oraciones raras.

Tras el funeral del presidente Han, ese fantasma me empezó a hablar con su voz.

Y cuando Choi Kangwu dijo esa misma frase, la oí con la voz de ambos: la del tipo que tenía delante y la del espectro que se sobreponía al ritmo de la frase con precisión.

Pensé que quizá no había oído bien. Que solo había sido la voz del fantasma.

Pero no. La voz que había salido de la boca de Choi Kangwu no era otra que la suya propia.

Estaba recitando las mismas palabras del presidente Han.

Me pregunté si sería alguna especie de clave. No lo era. No parecía que estuviera pensando en el gran significado de lo que acababa de decir. Ahora que tenía la mente nublada por el alcohol, ese algo oculto en su cerebro aprovechaba para salir a la superficie.

Algo. Algo que contenía los recuerdos de Han Jeonghyeok.

Tras acompañarle hasta su apartamento, me ve observar sus fotos familiares y aquel huevo de madera lascivo como si tuviera la mente en blanco. Entonces se despide sin fuerzas y se dirige al baño. Veo cómo su figura se aleja antes de marcharme.

Montado en las escaleras mecánicas, me sumerjo en mis pensamientos.

Ordeno las piezas en mi cabeza y las encajo una a una.

Algo tuvo que ocurrir hace unos años para que un tipo vago como él, sin ningún otro interés ni afición aparte de las mariposas, se convirtiera en un fanático del ascensor espacial y entrase en LK Space en el segundo puesto del escalafón.

Y no solo aprobó el examen, sino también las entrevistas que tuvo que pasar por levantar sospechas.

La respuesta más sencilla y simple era que le habían implantado un worm con todas las memorias del presidente Han Jeonghyeok en su cabeza.

Aunque el único implante que tenía era el que le había dado la empresa, que no contenía nada especial.

Y es imposible que las memorias y la consciencia del difunto presidente, así como los muchos complots en los que se enredan, fueran tan fáciles de encontrar.

Pongamos que ese algo es más astuto de lo que esperamos y logró pasar revisión. Ya pensaré luego en el cómo.

¿Cómo pueden seguir por aquí los recuerdos del difunto presidente?

Hasta donde yo sé, en su cerebro había al menos cuatro implantes, dos de ellos usados como tratamiento para el alzhéimer.

Ya había otros métodos mucho más sencillos para tratar esa enfermedad, pero él veía el worm como un nuevo desafío tecnológico.

Para cuando falleció, su mente estaba mucho más extendida por la red que la de una persona normal.

Y no me refiero simplemente a poder elegir recuerdos y almacenarlos en la nube.

Tras su fallecimiento, a excepción de algunos datos seleccionados mientras seguía con vida, la mayoría de sus memorias se eliminaron de acuerdo con la política de privacidad.

O, al menos, eso creíamos. Él mismo fue quien dio la orden, y el Han Jeonghyeok que conocíamos nunca fue una persona que se echase atrás.

Sin embargo, nuestra confianza no era más que el abandono de toda lógica.

No nos interesaban los datos personales que el presidente hubiese dejado en el mundo.

Los que eran cruciales ya habían sido transmitidos a la compañía por la IA.

Incluso ahora, el grupo LK marchaba impulsado por las ambiciones de un muerto.

Ni Ross Lee ni Han Suhyeon podían detenerlo.

Dicho esto, ¿para qué íbamos a preocuparnos de si esos hipotéticos recuerdos personales de Han Jeonghyeok existían o no?

¿Por qué deberíamos sospechar acerca de la posibilidad de que nunca hubieran desaparecido?

En fin, no sabemos nada del presidente. Su imagen es tan abrumadora que no podemos imaginarnos con naturalidad a un Han Jeonghyeok que se salga de ella.

Pero todos tenemos nuestros secretos. Cosas que solo uno puede saber.

Tal vez haya algo más que el presidente quiso dejar aquí, incluso después de morir.

Algo que a lo mejor es más importante de lo que pensamos y que podría estar en la cabeza de Choi Kangwu.

Y es posible que alguien al tanto de esto ande detrás de él.

Entonces, ¿habría sido una simple coincidencia que hubiese soltado esa misma frase que solo yo recuerdo? ¿Sería casualidad también que yo sea la única persona en la empresa con un interés personal por él? ¿O que le salvase la vida?

Me tomo un momento para pensar en mi posición actual.

Desde fuera, no soy más que un mercenario contratado por el propio presidente Han.

Es cierto que dejó cierto sistema de seguridad preparado para mí antes de morir, pero eso no va a durar mucho tampoco.

En cuanto alguien descubra mi nombre real, mi nacionalidad o mi rostro antes de la cirugía, se acabó el juego.

Y puede que Ross Lee no tenga mucho interés en mi identidad, pero Han Suhyeon es otro cantar.

Si lo que hay dentro del cerebro de Choi Kangwu es de veras una parte del presidente Han, podría convertirse en mi cuerda salvavidas.

Aunque este tipo es completamente ajeno a los planes oficiales de la empresa, podría suponer una herramienta muy útil para algún asunto importante, en el que tal vez se incluya proteger a la gente de Han Jeonghyeok.

Ya de vuelta en mi apartamento, reviso de nuevo la información sobre Choi Kangwu.

Miriam ya lo hizo una vez, y no encontró nada.

Pero eso fue antes de saber que debía centrarme en buscar algo en concreto.

Ahora sé con qué patrón y ruta tengo que dar.

Examino su trayectoria hasta ahora y vuelvo a sacar sus correos electrónicos y mensajes privados.

Al rato, la IA de seguimiento abre un mensaje spam, borrado hace dos años, con siete estrellas amarillas pegadas junto al título.

«¿Quiere entrar en el grupo LK, el grupo Chaeseong, Sistemas TG o Pinto Space? Protección garantizada, “casi” legal. ¡Supera tu propio destino por el mejor precio!»

Casi legal. Suelto una risa. Un cebo muy obvio, pero efectivo.

Lo sé porque yo mismo lo he usado antes.

Además, estoy casi seguro de que Choi Kangwu picó.

Hay rastro de que hizo clic en el enlace adjunto.

Es muy posible. Es una trampa en la que fácilmente caería un vago sin planes de futuro, que se apuntaba a LK Space por costumbre.

No tenía nada que perder de todas formas, así que ¿por qué no?

¿Habría caído alguien más en ese timo? Busco sobre el tema y veo que se trata de un caso ya resuelto, con dos detenidos.

Los estafadores eran más decentes de lo que pensaba.

En vez de largarse con el dinero, su plan era realizar prácticas ilegales, implantando biorrobots a sus clientes.

Fabricados por ellos mismos, estos podían vivir como parásitos en el cerebro durante dos semanas y no aparecían en los escáneres normales.

Ambos detenidos eran técnicos contratados y luego despedidos por LK Robótica, y tras decretarse la suspensión de su pena, volvieron a ser empleados por dicha empresa.

No es tan raro como podría uno pensar. De hecho, era frecuente que el grupo LK contratase a estos criminales para proteger la información confidencial de la compañía.

Ahora mismo, esos dos tipos estarán recibiendo un buen salario y divirtiéndose fabricando juguetitos en algún centro de investigación donde nadie los detenga.

Me dan envidia, aunque no sepa qué están haciendo.

Compruebo las fotos de las víctimas de estos estafadores. Son doce personas, todas de edades similares a la de Choi Kangwu. Hombres jóvenes, atractivos, con un aire de irresponsabilidad innata en su expresión y cara de no parecer muy listos.

Así es. Todos son hombres.