Siempre has pensado así. Aunque yo te dijese lo contrario
Choi Kangwu y yo estamos sentados en una oficina que he alquilado para Asuntos Exteriores.
Miriam, que estaba con nosotros hasta hace nada, ha salido a dar un golpe con la Unidad de Seguridad.
En otras circunstancias es una persona fría y astuta, pero cuando se enreda con Rex Tamaki, la cosa cambia.
Tras haber sido pareja durante un año, y haber pasado otros dos como enemigos, está segura de que ese tipo le oculta información solo para molestarla.
No sé si será cierto o no. No es que Rex todavía sienta algo por Miriam; más bien disfruta al atormentar a quienes creían en él.
Quitando una mesa y cinco sillas, no hay nada en la sala. Desde la ventana se ve el mar y los árboles, como pasa con casi todas las ventanas de Patusan. La única diferencia es la altitud.
En cuanto a Choi Kangwu, tiene buen aspecto a pesar de haberse hecho una fractura en la muñeca al caerse la otra vez. Teniendo en cuenta lo que pasó, es normal que tenga esa cara de espanto y que no deje de agitar la pierna izquierda con nerviosismo.
—Aquella mariposa era real —suelta de repente.
—¿Cómo?
—Lo del diario y la colección de ese marinero polaco. Contacté a la policía por si acaso y me dijeron que estaban de verdad en el hotel. Mandé todo a la gente del museo. Si se solucionan los problemas legales, creo que las mariposas acabarán allí. O eso me han dicho.
Asiento sin darle demasiadas vueltas a eso.
Me da igual dónde acabe el ADN de una mariposa extinguida.
Lo que sí me impresiona es la diligencia de ese tipo, ya muerto.
Usar una colección real de lepidópteros solo para mentir por unos minutos.
Aunque ¿y si no todo era mentira? ¿Y si mientras pretendía ser Sekewael, un interés por las mariposas había terminado naciendo dentro de O’Shaughnessy?
¿Y si había algo más detrás de la relación entre estos dos hombres, unidos por dichos insectos?
La pierna izquierda de Choi Kangwu deja de temblar. Tras pasar un rato mirando sus manos, colocadas con comodidad sobre la mesa, de repente abre la boca:
—Esto... ¿De veras podría ir hasta el piso superior?
¿Cómo tengo que responder a eso? La verdad es que sí que tenía pensado enviarlo allí.
Pretendía presentarlo como alguien más útil y capaz de lo que parece, y seguirle el juego al Frente de Liberación.
Sin embargo, con O’Shaughnessy volviéndose loco y rebelándose, mi plan se ha ido al garete.
Choi Kangwu sigue siendo un activo importante para mí, pero cumplir la promesa que le hice es ya otro tema aparte.
No hay razón por la que no pueda hacerlo.
Desde allí se puede ver de cerca el cable y los spiders , así como sentirse más cerca del espacio, pero eso no significa que todo lo importante pase ahí arriba.
Lo que al final tiene más peso es el simbolismo en esas palabras y la altitud.
Tomando prestada una expresión coreana, todo es cuestión más bien del «ánimo» que tenga uno.
Podía inventarme infinidad de razones por las que mandar allí arriba en ascensor a un empleado de bajo rango como Choi Kangwu.
Lo valioso en sí es la isla. Al principio, las islas situadas en el ecuador no parecían importantes.
Bastaría con instalar una plataforma de apoyo en el fondo del mar en aguas internacionales y conectar los cables, sin necesidad de una toma de tierra.
Pero la ambición de LK Space era demasiado grande.
El presidente Han ansiaba el crecimiento del ascensor espacial.
Quería más cables y spiders , quería fábricas donde construirlos e infraestructuras de apoyo.
Necesitaba una isla, y justo dio la casualidad de que había un resort vacacional abandonado justo donde le hacía falta.
—Nuestra operación terminó —respondo con calma—.
No esperaba que lo hiciera de esta forma, pero así han sido las cosas.
Ahora mismo, no hay nada que un empleado como tú pueda hacer.
No obstante, ya que intentaron asesinarte, no puedo simplemente dejarte ir sin más.
Mientras tratamos de averiguar qué ha ocurrido, estarás bajo nuestra protección.
Ya hablaremos del tema del piso superior cuando esto se solucione, por supuesto.
Si realmente lo quieres, se puede hacer.
Hay hueco para ti. ¿Tantas ganas tienes de ir allí?
Él asiente.
—¿Incluso si no te hubiéramos animado a ello nosotros primero?
—El piso superior era mi objetivo desde un principio. Aunque usted no me hubiera ayudado, habría solicitado trabajo allí.
—¿No te basta con subir y visitar el lugar sin tener que trabajar?
—Solo eso no es suficiente. Allí suceden cosas increíbles.
Continúa con una alabanza sorprendentemente larga y fluida sobre el piso superior.
Una gran cantidad de términos técnicos bailan, saltan y corren.
Visiones tecnológicas, imágenes espléndidas dibujadas con palabras.
No entiendo la mitad de lo que dice, y tampoco me siento convencido, pero sí me impresionan su fervor y su elocuencia, especialmente porque no encajan para nada con la idea que me había hecho sobre él.
Su pasión por el ascensor espacial y el piso superior es diferente a la que siente por las mariposas, calmada y estable.
Esta otra es artificial, perfecta y obsesiva.
Y, sobre todo, utiliza un vocabulario muy rico.
En pocas palabras, este no es Choi Kangwu.
Sea lo que sea, es algo que no existía hace unos años.
Hay algo diferente y desconocido oculto en la mente de este amante de las mariposas que tengo sentado delante.
Ese algo que le llevó a entrar en LK Space.
Ese algo que los mismos que controlaban a Sekewael —u O’Shaughnessy— creían que se había metido en el worm de Choi Kangwu, aunque no fuera así.
Le invito de nuevo a comer algo, esta vez en dirección contraria.
Bajamos de la ciudad y nos dirigimos al barrio antiguo, donde el pueblo de los nativos se extiende en forma de luna creciente.
Es el mundo de la «comida de verdad», donde la nariz es asaltada por el olor a peces muertos, especias fuertes y sudor humano.
Arrancamos a mordiscos la carne enterrada entre las escamas del pescado medio quemado y bebemos cerveza.
Cuando dos polillas revolotean sobre la bombilla amarillenta, el entomólogo que Choi Kangwu lleva dentro vuelve a despertar.
Con total naturalidad, comienza a darme una lección sobre lepidópteros.
Es una persona completamente distinta al hombre exaltado de antes.
Tímido, lento, perezoso, lánguido y normalucho.
Es difícil justificar esta diferencia tan grande con la excusa de la cerveza casera calentando su sangre.
Salimos del restaurante, conmigo sujetando a este hombre derrotado por el alcohol. Pienso en pedir un taxi cápsula, pero decido que es mejor caminar.
Alzamos la vista y observamos la ciudad brillante sobre las ruinas abandonadas. Entre el mar teñido por el plancton luminoso y la perfecta luna llena, la escena que tenemos delante es demasiado hermosa, casi superficial.
Una melodía de clavecín resuena por los altavoces que hay en alguna parte del pueblo.
Todo lo importante en Patusan tiene un breve tema musical compuesto por Fátima Velasco.
Esas canciones, constantemente alteradas y desarrolladas por la IA, se extienden por la isla y alrededores como olas.
Cuando uno se acostumbra, puede saber lo que está pasando solo con la música que suena a través del worm o los altavoces.
De la misma forma que un entusiasta de la música con formación puede seguir la historia de una ópera de Wagner sin saber alemán.
La melodía que suena ahora resulta familiar incluso para los recién llegados a la isla.
Es el tema musical de los spiders . El mismo ascensor que cinco días atrás subía con los cuatro pasajeros del Holst , la nave con destino a Júpiter fabricada por la empresa de desarrollo espacial de Andréi Kostomárov, ALYSSA, ahora regresa cargado con muestras de asteroides.
Una estrella naranja y brillante, un spider , desciende parpadeando entre los dos rayos láser que salen de la cima de la montaña.
Contempla los resultados de quince años de trabajo.
Al principio, un robot del tamaño de una mochila tardaba unos veinticinco días en llegar al espacio, subiendo agarrado a uno de esos hilos de araña que bajaban de la estratosfera.
Y ahora basta con un par de días. Incluso sin tener todavía cosas como los motores lineales que se imaginaban los antiguos escritores de ciencia ficción.
Al tratar de seguir los objetivos propuestos por la gente del pasado, es normal que terminen surgiendo tecnologías más fáciles y cómodas.
A medida que los sistemas de IA empezaron a intervenir en los trabajos creativos, la velocidad y la variedad de estos cambios dio un salto exponencial.
Ya lo decía el presidente Han: en un futuro, el papel del ser humano no será más que el de un refuerzo para la civilización de las máquinas que vendrá.
En ese momento oigo a Choi Kangwu mascullar algo, trabándose con su pesada lengua.
—¿Qué has dicho? —pregunto.
Sonriendo con cara de tonto, me repite lo que acaba de decir:
—Siempre has pensado así. Aunque yo te dijese lo contrario.