Contrapeso Un hombre de existencia ambigua
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Un hombre de existencia ambigua

Damon Chu lleva siete años trabajando para la Unidad de Asuntos Exteriores de LK Space. De nacionalidad estadounidense, nacido en San Francisco de madre coreana y padre chino. Soltero, treinta y cinco años. Cuatro años trabajando en Bandar Seri Begawan.

El pequeño problema que se omite aquí es que, en realidad, Damon Chu no existe.

Esta frase no guarda ninguna ironía. Tampoco importa si existe de verdad por ahí algún Damon Chu.

Sea como sea, este tipo ha estado haciendo su trabajo a la perfección, al igual que el resto de los muchos teletrabajadores del grupo LK.

A veces es hasta más útil que otros compañeros que sí cuentan con un cuerpo físico.

No tiene ciertas opiniones, ni voluntad ni ambición que puedan entorpecer la labor de la empresa.

Puede ser enviado a donde sea y desechado cuando sea.

Si la situación política se pone fea, podemos incluso matarlo.

No sé qué pensarán los demás, pero, en mi humilde opinión, no tener que acabar con una persona real cuando hace falta que muera alguien está genial.

Total, ya hay como diecisiete de esos espantapájaros inútiles solo en LK Space, y seguro que hay muchos más en toda la compañía.

Damon Chu fue inventado por el anterior presidente Han Jeonghyeok y yo.

Me gusta pensar que es nuestro hijo. De hecho, mezclé un treinta por ciento de la apariencia del presidente y la mía a la hora de diseñar su aspecto.

Podría haberlo hecho mitad y mitad, pero me pareció un poco asqueroso.

Lo creamos como una solución rápida a cierto problema legal, simple pero molesto, y una vez terminó su tarea, lo dejamos deambular por las venas del grupo LK.

Desde entonces ha crecido hasta convertirse en una presencia importante, acumulando quince mil créditos internacionales, algunas propiedades inmobiliarias y la empresa de almacenamiento H solo he decidido empezar por ahí.

Aparecen los nombres de cinco personas que se han ido de vacaciones juntas.

Una de ellas es Choi Kangwu.

Busco el hotel donde se hospeda. No está ni a quinientos metros de H parece algo sacado de esos viejos dramas coreanos.

Siendo esto información pública, no obstante, es imposible que no lo supieran en Recursos Humanos.

Si hasta pasó por una entrevista extra de alta dificultad, un examen psicológico y un polígrafo.

También investigaron el repentino aumento en sus resultados.

La empresa debió de haberlo contratado aun sabiendo todo lo que yo sé, y más.

¿Y si es la compañía quien está armando un complot, y no el Frente de Liberación?

¿Y si todos estos datos personales tan sospechosos no son más que un señuelo?

¿Manipulados por la empresa como trampa para el Frente?

No puede ser. Es imposible que esa información no pasase por mí.

Pero ¿y si es verdad? ¿Y si hay una conspiración entre los de arriba de la que no me he enterado?

¿Y si no soy más que algo desechable, como Damon Chu?

¿Qué me diferencia entonces de uno de esos espantapájaros?

No tengo nacionalidad, ni amigos ni familia, y sí antecedentes criminales en tres países.

Para colmo, hace dos años falleció el presidente Han, mi red de seguridad, y son muchos quienes buscan quedarse con mi puesto.

Es muy probable que alguien dentro del grupo me vea como una mierda dejada por el antiguo presidente y quiera librarse de mí.

Después de dudar por un rato, salgo de mi apartamento.

Fuera, admiro la ciudad de Patusan, como una cascada brillante fluyendo montaña abajo.

El apartamento de Choi Kangwu queda a ciento cincuenta metros más arriba, y luego setecientos metros más allá.

Tomo la red de escaleras que conecta la ciudad entera y empiezo a subir.

Una vez allí, utilizo una llave maestra y entro.

El apartamento parece la habitación vacía de un hotel; solo hay una televisión acoplada a una pared, una cama, un sofá, una mesita baja, un escritorio, una silla y un armario empotrado.

Los únicos toques personales en ese espacio son una figura de cerámica de la Virgen y una foto de su familia sobre el escritorio.

En ella aparece Choi Kangwu de niño, y deduzco que las otras dos personas son su padre y su hermana.

A diferencia de él, atractivo pero con otras carencias, su hermana llevaba trazas de convertirse en una belleza tradicional de mayor.

Movido por la curiosidad, busco fotos más recientes; tengo razón.

Me siento en la silla y recorro el apartamento vacío con la mirada.

Cierro los ojos e imagino a Choi Kangwu durmiendo en este lugar, viendo la televisión y ocupándose de pequeñas tareas.

Después pego la nariz a las pocas prendas que quedan en el armario, en las que noto rastros de olor corporal.

Trato de comprender la existencia de este hombre que ha aparecido de repente en mi vida.

No puedo simplemente ignorarlo o dejar que se vaya de rositas. Tengo que descubrir qué está tramando como sea. Y rápido.