Un nuevo empleado sospechoso
El lugar estaba lleno de nuevos técnicos venidos de Seúl y Jeonju.
Ya fueran hombres o mujeres, todos llevaban ropa similar y el rostro limpio.
Cada unidad ocupaba una mesa y comían del mismo menú, y hasta me dio la impresión de que movían los palillos y demás cubiertos al unísono.
Todos estaban encogidos, como temerosos de su nuevo entorno.
El motivo por el que me fijé en Choi Kangwu fue la evidente sombra de su barba.
Era el único coreano en la cafetería que no se había eliminado el vello facial.
Me pareció una especie de rebelión personal patética.
¿Qué otra razón habría para empeñarse en conservar una barba que ni siquiera se dejaba crecer, soportando la molestia de afeitarse cada día?
Tal vez no era más que una protesta ridícula para demostrar su hombría.
Me fijé también en el resto de sus facciones.
Como ya he dicho, Choi Kangwu era bastante apuesto.
Sin embargo, no tenía ese aspecto pulcro de los compañeros sentados a su lado.
Su rostro no era muy simétrico, tenía la piel seca, y su boca y enormes ojos le hacían parecer hambriento.
No tenía ese rostro que gusta en el LK. Era imposible que trabajase en atención al cliente.
Movido por la curiosidad, escaneé su cara y comprobé sus datos personales.
No tenía mucha experiencia. No había nada destacado en su historial académico, y sus notas eran mediocres.
Consiguió entrar en el LK al tercer intento, y, sorprendentemente, quedó segundo en el examen de ingreso.
Quizá a la compañía también le pareció raro, pues le pusieron a prueba con una entrevista de alta dificultad, pero también la pasó.
Me entraron ganas de saber más de su historia, pero tampoco tantas como para ponerme a investigar.
Solo dejé su información guardada en el worm y me olvidé del tema.
Y ahora, ocho meses después, de repente ese nombre aparece en el banco de memoria de los asesinos del Frente de Liberación de Patusan.
De regreso en el Hummingbird , me coloco en mi asiento, me ciño bien el cinturón de seguridad y reviso la información sobre Choi Kangwu que me llega desde el worm .
Estos datos habían sido compilados por alguien con las iniciales Z.
S., quien al parecer estaba escogiendo empleados del LK que reclutar.
La mayoría de los archivos son incoherentes y difíciles de entender.
Según uno de los documentos, Z. S. conoció a Choi Kangwu dos meses atrás, cerca de la desembocadura del río Gema.
Este se había quedado atascado en un lodazal, tras meterse para sacarle una foto a una cola de golondrina esmeralda posada sobre una lata de refresco tirada.
Fue Z. S. quien le sacó del barro, y después cenaron juntos.
Al día siguiente, Choi Kangwu estaba en la lista de objetivos.
¿La razón? Siguiendo la lógica simple y clara del informe, el hombre era un ecologista, a juzgar por su gusto por las mariposas, y todo ecologista está en contra de las grandes corporaciones.
Ignoró por completo el hecho de que los planes de construir el ascensor espacial de Patusan contasen con el apoyo de los ecologistas, o el hecho de que Choi Kangwu hubiese tardado tres años en conseguir entrar en el conglomerado del LK.
Esos temas eran cosa de los de arriba; para Z.
S., tener el nombre de ese empleado regular coreano en su lista era más importante.
Desde entonces, Z. S. ha estado manteniendo un contacto regular con él. A veces van de visita a sus instalaciones, donde le presenta a coleccionistas de mariposas de Patusan o a miembros de grupos ecologistas. Creo que no hace falta mencionar cuántos de ellos pertenecían al Frente de Liberación.
Los esfuerzos de captación continuaron durante un mes, antes de terminar en nada.
No es que esos tipos se rindieran a la hora de captar empleados, pero Choi Kangwu no era el objetivo que habían creído.
No es más que un trabajador modelo del LK, que se marcha enseguida al notar la más mínima controversia.
De acuerdo con el último documento, el Frente había quedado decepcionado no solo con su actitud, sino también con su puesto, solo ligeramente superior al de alguien en prácticas.
Tenían en mente a alguien con un cargo más alto, por supuesto.
Choi Kangwu les sacaba cinco años al resto de los nuevos empleados, y también se veía aún más mayor.
¿Y ahora qué? Podría aprovechar la relación entre Choi Kangwu y Z.
S. para infiltrarme en el Frente, pero ¿qué sentido tendría eso?
Con la información que tengo ahora, averiguar la identidad de ese misterioso personaje e indagar sobre sus superiores es pan comido.
Eso de introducir a un empleado sin formación para que se encargue de ello es algo sacado de las viejas novelas de espías.
Al final decido no hacer nada con Choi Kangwu. Todo esto no son más que datos inservibles, y no veo motivo para que estos salgan de Asuntos Exteriores. Si resulta sospechoso, se le hace otra entrevista y ya. Pero no tengo por qué dificultar aún más su ya accidentado futuro como nuevo empleado.