Contraataque (Grant Hunter 3) Capítulo 31Grant
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Capítulo 31Grant

GRANT

Se volvieron hacia el anexo y se detuvieron. Vi cómo asimilaban lo que tenían delante: la puerta abierta y el guardia muerto boca abajo en la tierra. Objetivo Alfa se giró hacia los otros.

—¡Neto! —gritó—. Los rehenes, están…

Le disparé. Dos proyectiles al centro de masa. Valdez retrocedió tambaleándose y cayó al pie del acuario. Se miró el pecho y después alzó la vista hacia la oscuridad en la que yo estaba agazapado detrás del muro. Le metí un tercer proyectil en la cabeza.

Sus tiburones daban vueltas al otro lado del cristal, formas oscuras que pasaban por detrás de su cabeza, indiferentes a la muerte del hombre que había adoptado su nombre.

Objetivo Bravo se lanzó detrás del acuario, sorprendentemente rápido para un hombre tan grande.

Objetivo Charlie, al que Valdez había llamado Neto, gritó y disparó el revólver hacia nuestra posición.

El proyectil pasó a medio metro a la derecha de mi cabeza.

Volvió a disparar, también desviado. Después hizo otros cuatro disparos.

Todo pánico, nada de puntería. El revólver agotó sus seis recámaras y el percutor chasqueó en vacío.

Se quedó en mitad del patio descubierto intentando recargar, con las manos temblándole tanto que los cartuchos se le desparramaron por el suelo.

Uno a uno los recogió del polvo y los fue metiendo en el tambor.

Estaba tardando demasiado. Si le quedaba algún pensamiento racional en la cabeza, quizá estuviera replanteándose su elección de arma.

Antes de que pudiera impedírselo, Harry se levantó y pasó por encima del murete. Avanzó con el paso medido de un policía que había hecho aquello cien veces en las calles de Newark. Solo que esta vez no iba a leerle a nadie sus derechos Miranda.

Harry le disparó dos veces en la cabeza a Objetivo Charlie desde cinco metros. Neto se desplomó de golpe y el revólver cayó con estrépito y se deslizó hacia la oscuridad. Cumplido su trabajo, Harry retrocedió y volvió con nosotros detrás del muro.

Barrí el patio en busca del guardaespaldas.

—Spectre One-Five, ¿tienes contacto visual con Objetivo Bravo?

—Objetivo Bravo se desplazó hacia el este durante vuestro enfrentamiento. Está a vuestras diez, a veinte metros.

Me volví y vi su silueta enorme, con el AK del cargador de tambor apoyado en el hombro. Pero el cañón no me apuntaba a mí. Apuntaba a Tango Dos, la mujer desarmada que estaba detrás de él. Seguía a campo abierto, sin nada entre ella y la boca del fusil.

No sabía por qué le apuntaba. Puede que la culpara de haber perdido a los rehenes y que, con su jefe muerto en el suelo, su último acto de lealtad fuera castigar aquella traición.

Intenté encarar el fusil, pero el ángulo era malo. El tronco de una ceiba antigua bloqueaba mi línea de tiro. Tendría que saltar el muro, como había hecho Harry. Tardaría tres segundos en hacer el disparo. El grandullón dispararía en uno.

Sonó un único disparo. La cabeza del guardaespaldas se sacudió hacia un lado, y la sangre, el hueso y la masa encefálica mancharon la tierra a su alrededor. El fusil de asalto se le cayó de las manos, y casi noté temblar el suelo cuando su cuerpo golpeó la tierra.

Detrás de mí, Chase estaba de pie con la Beretta en posición de tiro. Había evaluado la amenaza, comprendido que yo no podía hacer el disparo y abierto fuego.

Un disparo. Un muerto. El objetivo correcto en el momento correcto.

Bajó el arma. Nuestras miradas se cruzaron. Acababa de matar a un hombre para salvar a una mujer cuyo nombre quizá ni siquiera conociera.

Tango Dos miró a Chase, le sostuvo la mirada un segundo y después echó a correr hacia el cadáver. Mientras la observábamos, recogió el fusil de asalto caído y sacó una radio del cinturón del muerto.

Por segunda vez aquella noche puse el punto de mira sobre ella, listo para abatirla si siquiera miraba en nuestra dirección.

No lo hizo. Se dio la vuelta y corrió hacia la verja principal.

La oí gritar por la radio, pero solo capté la palabra «pescadores» antes de que desapareciera entre el humo y el caos del perímetro.

—Spectre One-Five a Trident Actual. Novedad. Estoy siguiendo un convoy de vehículos que se acerca al complejo. Tres camionetas subiendo a toda velocidad por el acceso principal hacia la verja.

—Spectre One-Five, ¿puedes identificar a los nuevos participantes?

—Desconocidos. Pero parece una FRR. Se están coordinando con los defensores del CBA y atacan a los Jaguares por la espalda. Tu vieja conocida Tango Dos ya no es una no combatiente. Ha entrado en combate y dirige la lucha.

Lo pensé un segundo. Si lo estábamos interpretando bien, la mujer había recogido el fusil de un muerto y había convocado una fuerza de reacción rápida con la que no contaba nadie.

Ni mi equipo, ni desde luego los Jaguares.

Interesante, sin duda, pero lo que estuviera pasando en el complejo ya no formaba parte de mi operación.

—Trident Actual, el LJR está atrapado en un fuego cruzado y su asalto se está viniendo abajo. La nueva fuerza le ha cortado la vía de escape. —Tras una breve pausa, Andi añadió—: Esto se está convirtiendo en una desbandada. Está ganando el CBA.

Puede que yo hubiera empezado la guerra, pero su desenlace no me interesaba lo más mínimo. Los hombres que habían secuestrado a mi hijo estaban muertos, y hacía rato que nos tocaba marcharnos.

—Vámonos de aquí —dije.

Esta vez, Chase y Harry bajaron al cenote sin discutir. Eché una última mirada al patio y los seguí hacia la oscuridad.

Rafa estaba junto a la pared fracturada, colocando la carga de brecha. Dixon tenía a los rehenes agrupados a una distancia segura.

—Trident Three a Trident Actual y Trident Two. Alejad a los rehenes. ¡Detonación! —avisó.

—Rehenes despejados. Ejecuta —respondí, y confié en que la carga direccional abriera la línea de fractura de la pared sin que el techo de roca se nos viniera encima.

La detonación fue ensordecedora y lanzó una nube de polvo por toda la caverna. Cuando se posaron los escombros, había aparecido un hueco irregular en la pared, de metro y medio de ancho y casi dos metros de alto. Por el otro lado entró una corriente de aire fresco.

Rafa ya estaba al otro lado y barría la fisura con el foco en busca de obstrucciones. No encontró ninguna.

—Hay derrubios y uno o dos pasos estrechos, pero veo la salida al barranco. Podemos avanzar.

Fue en cabeza, mientras Dixon guiaba a los rehenes por el hueco de la pared. Como antes, Chase y Harry se quedaron atrás cubriéndonos la retaguardia, ninguno de los dos dispuesto a marcharse hasta que todos los demás estuvieran en movimiento.

—Spectre One-Five, aquí Trident Actual. Todos los elementos Trident más ocho están en el sistema de cuevas. Confirma que la ruta de salida está despejada.

—Confirmado, Trident Actual. Vuestro vehículo de extracción está en posición. No hay actividad hostil en la ruta. Tenéis vía libre hasta la instalación de EGA.

—Recibido. Nos movemos. Trident Actual, corto.

Chase me esperaba justo al otro lado del hueco. La barra de luz química que llevaba en la mano proyectaba sombras verdes sobre las paredes de caliza. Por delante de nosotros avanzaban los rehenes, una fila de personas agotadas que seguían la voz de Rafa a través de la roca.

—¿Estás bien? —pregunté, y supe al instante lo que venía.

Chase me dedicó una sonrisa enorme y, en su mejor imitación de Marsellus Wallace, me soltó una de nuestras frases favoritas de Pulp Fiction .

—Qué va, tío. Estoy muy lejos de estar bien, joder.