Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 50
95%

Capítulo 50

D ORIAN

No consigo dormir. No bajé a cenar porque no sé cómo lidiar con los celos que siento cada vez que oigo a un idiota hablar de Abbi y de todo lo que quiere hacerle.

Y lo de Idelia me ha cabreado mucho. Lo peor es que no puedo decirle nada a Abbi porque siento que Idelia lo ha dicho para tenderme una trampa.

Hoy me he sentido más observado que nunca.

No he podido acercarme a Abbi para contarle la verdad.

Idelia está rara. Planea algo, pero como siempre.

No es algo nuevo. Busco el móvil y escribo a Abbi.

No responde y tampoco lo lee. Es raro porque suele dormirse mucho más tarde.

Dudo, pero al final le escribo que es mentira lo de Idelia, aunque temo que mi móvil esté pinchado; no sería la primera vez que mi abuelo lo hace:

Dorian: No creas nada..., no es real.

Doy vueltas en la cama y al final me visto para bajar a por algo de comer. Los pasillos están muy silenciosos. Al acudir a la zona de cafetería veo a algunas personas viendo la tele o estudiando. Casi todos son de segundo.

—¿Nueva putada? —dice uno de ellos y mira el móvil, donde Idelia sube lo que hacen en redes.

Miro y descubro que está en el bosque. Les quito el móvil y veo que hablan de una prueba. Pasar la noche en el bosque.

—¡¿A cuántos se los comerán los animales salvajes?! Esperemos que a ninguno. —Se ríe—. No hay.

—¿Por qué estás aquí? —me preguntan.

—Mi papel era vigilar que todos estuvieran allí.

Miento porque no es normal que, en una putada así, Idelia vaya por libre y me deje fuera.

Sospecha que tengo algo con Abbi, hoy me dijo que odiaba cómo la miraba.

Y tras decir eso espera que haga algo, lo que sea que le confirme que estoy de parte de Abbi e ir con el cuento a mi abuelo.

Si sabe que he roto la regla de no enamorarse de becados, va a hacer de mi vida un infierno y de la de Abbi más, mucho más.

No sé cómo mierda la miro porque me esfuerzo por que nadie note lo que siento, pero tal vez sí se note. Pero la verdad es que Abbi me importa mucho y a lo mejor eso no se puede ocultar. Por eso Eros quiso vivir a oscuras. Para que nadie supiera lo que sentía por Psique.

Salgo hacia donde están y al llegar Idelia me mira alzando una ceja.

—¿Se puede saber qué haces? —le digo frío.

—Una prueba sin interferencias por culpa de tu polla, que no sabes dejarla quieta.

—No sé de qué hablas.

—Sé que te acuestas con Abbi —dice fría—.

Anoche subí a la azotea a pensar en mi próximo juego, aunque todo el mundo odia este lugar y no suelen subir, y la vi bajando a tu cuarto.

Avisé a una de mis chicas para que estuviera pendiente y la vieron subir de tu cuarto entre la lluvia.

Así que deja de mentirme. Y sé que esto no es cosa de un día.

Tú no repites porque nadie te hace sentir nada.

La pienso destruir y ya he hablado con tu abuelo de esto. Mañana te recogerán para irte.

—Eres una zorra.

—Eres mío, Dorian, y no pienso dejar que me quites todo lo que me han prometido de niña por una cualquiera. Una cualquiera a la que, con suerte, esta noche le dará un puto infarto y se morirá sola en el bosque. Me han contado que odia la oscuridad.

—¿Quién?

—No voy a revelar mis fuentes.

Pienso en sus palabras, en que avisó a una de sus chicas y esta le dijo que Abbi salió de mi cuarto.

Siento que una de sus compañeras es una traidora.

Así es como Idelia consigue aliados. Les promete cosas para salvarlos de las putadas cuando tiene claro que no suponen una amenaza.

Y les hace firmar un contrato comprometiéndose a que su nota nunca sea superior a un notable.

Hermes y Edey aparecen y me miran.

—Te has enterado de todo su plan —dice Edey.

—Si vamos a ir unos contra otros no sabéis lo que se os viene encima —les digo, harto de todos.

—No os interesa ir unos contra otros. —El rector se acerca y se apoya en el coche de Idelia, su hija—. Y menos a ti, Dorian. ¿Quieres que todo lo que pasó esa noche salga a la luz? No te conviene y menos por una mujer a la que apenas conoces. Eres tan patético como tu padre.

—¡¿Qué pasó?! Si nos contarais la verdad no iríamos a ciegas.

—No os importa. Solo saber que no podemos dejar que nadie nos supere por si acaso fueran nietos de Uriel.

Siento que tampoco sabe nada. Que solo saben lo de esa noche los que estaban allí.

—Deja de pensar con la polla y si quieres una puta con la que follar, te pagaré las mejores.

Todos hemos tenido amantes que nos calentasen la cama.

—Su forma de decirlo me hace arder y voy contra él, pero Edey y Hermes vienen a por mí y nos enzarzamos en una pelea.

No puedo hacer nada. Tengo las manos atadas.

Y cuando empiezan a regresar becados, mientras me limpio la herida del labio por el puñetazo de Hermes, me pregunto si Abbi superará esta prueba.

—A mí esa becada no me importa —digo porque no puedo revelar mis cartas o Abbi estará muy jodida—. Pero me jode que me dejéis fuera.

—A ver si es verdad —apunta Idelia y me mira como si esperara que saliese corriendo a por Abbi.

No hago nada porque no puedo; si quiero proteger a Abbi tengo que hacerles creer que no me importa. El rector levanta el móvil y sé que como me marche de aquí llamará a mi abuelo y tomará medidas. ¡Los odio a todos!

Me vibra el móvil y lo saco. Es un mensaje de Marvin:

Marvin: Este es el código del localizador de Abbi, se lo metí en el bolsillo. Mina la ha traicionado.

Miro entre las sombras y veo a Marvin. Pongo el localizador en el programa de rastreo y veo que Abbi está cerca del acantilado. Si anda a oscuras puede caerse.

Marvin: Me están vigilando para que no me mueva. Saben algo de mis padres... Si te importa, llega a ella. Porque Idelia la quiere muerta... en un accidente.

Marvin guarda el móvil y veo cómo otros del grupo lo vigilan. Ando por la zona sin que me dejen en paz. Veo a alguien acercarse y es Dafna. Voy hasta ella y no ven nada raro; eso debería alarmarme, pero ahora mismo solo quiero proteger a Abbi y no pienso de forma racional.

—Abbi está cerca del acantilado —le digo y me mira—. ¿Sabes llegar? —Mira tras de mí y asiente—. Te juro que te lo compensaré.

Toma aire y se interna de nuevo en el bosque.

Miro el móvil y veo que Abbi cada vez está más cerca del acantilado.

Estoy por mandarlo todo a la mierda cuando el punto del localizador se detiene y viene hacia donde estamos.

Dafna ha llegado hasta ella. Pero, por lo que sé de Dafna, no tiene buena orientación y es torpe.

Y ha encontrado a Abbi en tiempo récord.

Miro a todos y sé que aquí más de uno miente.

Marvin se acerca a Idelia y le dice algo. Era una trampa y he caído.

—Vaya, has mandado a alguien a salvarla. De verdad, Dorian, creía que no eras de los que se enamoran.

Marvin sonríe; es un puto traidor.

—Ella no es importante para mí. Solo era una becada más que follaba bien. —Por desgracia, estas palabras las oye Abbi.

La siento tras de mí y veo el dolor en sus aterrados ojos marrones. Dafna la abraza, pero no me fío de ella.

No hago nada. Pero Abbi espera que lo haga, que diga algo, que salga en su defensa. No puedo, me tienen cogido por los huevos. Tenso la mandíbula y me quedo quieto mientras Abbi regresa a su cuarto, pálida como la noche. No puedo defenderla porque mi abuelo irá contra mí y contra ella.

—Genial, Dorian, has antepuesto todo esto a esa zorra. —El rector se me acerca—. Te espera un coche en la puerta. Tu abuelo quiere hablar contigo.

—Tengo que recoger mis cosas.

—Ahora, Dorian.

Asiento y me marcho hasta la entrada. Saco el móvil cuando me vibra:

Psique: No te molestes en explicarme nada. Eres como Eros, que escondió a Psique porque no quería enfrentarse a su familia por ella... y vivir entre tinieblas era más fácil que tomar decisiones. Si te importara..., hubieses bajado a los infiernos por mí.

Voy a responder, pero el rector me coge el móvil y lo tira contra el suelo.

—Eres una puta vergüenza...

—Tú sí que lo eres. Y un día todo esto será mío y me encantará ver cómo odias cada instante —le digo. Abre la puerta del coche y entro, donde me espera uno de los guardaespaldas de mi abuelo.

No puedo irme. No estoy preso..., pero casi, nadie lleva la contraria a mi abuelo si no quiere pagarlo caro.

Y algo me dice que si hago algo no irán contra mí, sino contra Abbi. Aunque ella no lo entienda, la estoy protegiendo de la ira de todos porque hay una norma clara: «Nunca te enamores de una becada», y yo siento algo muy fuerte por una de ellas...